Puerto Rico concluyó la epidemia de influenza 2025–2026 con 63,680 casos, 2,852 hospitalizaciones y 186 muertes. Cerca del 49% afectó a menores de 20 años y la mayoría de fallecidos no estaba vacunada.

La epidemia de influenza correspondiente a la temporada 2025–2026 ha concluido oficialmente en Puerto Rico, de acuerdo con la información más reciente divulgada por el Departamento de Salud de Puerto Rico (DSPR). A pesar del cese de la fase epidémica, el paso del virus dejó un saldo sanitario considerable con un total acumulado de 63,680 casos confirmados, 2,852 hospitalizaciones y 186 fallecimientos asociados a complicaciones por la infección.
En el desglose epidemiológico de la semana número 14 —comprendida del 5 al 11 de abril de 2026— la isla registró 1,005 nuevos casos de influenza, alcanzando la cifra definitiva de la temporada. Uno de los hallazgos de mayor relevancia para las autoridades de salud pública radica en el impacto sobre la población infantil y juvenil: el 49.1% del total acumulado de contagios correspondió a menores de 0 a 19 años. Esta concentración de contagios en la población pediátrica llevó al Departamento de Salud a enfatizar la importancia de la prevención y la higiene respiratoria en los entornos comunitarios y la estructura escolar.
Aunque el informe epidemiológico más reciente confirma la ausencia de brotes escolares activos en las diversas regiones de salud de la isla, la evolución histórica de la temporada evidenció que los planteles escolares funcionaron como catalizadores de transmisión rápida en los momentos de mayor intensidad viral.
Durante el pico de la curva epidémica registrado en febrero de 2026, la detección de brotes en instituciones educativas se incrementó de manera acelerada. En la semana epidemiológica número 6 (del 8 al 14 de febrero de 2026), el sistema de vigilancia contabilizó un máximo de 23 brotes escolares, concentrados predominantemente en las regiones de Bayamón con ocho eventos, Arecibo con cuatro y Mayagüez con tres. Informes previos y posteriores registraron fluctuaciones de 20 y 12 brotes escolares respectivamente —afectando regiones como Fajardo, la zona Metropolitana, Bayamón y Mayagüez—, los cuales fueron intervenidos de manera conjunta entre las autoridades de salud regional y las comunidades escolares.
La transición progresiva hasta alcanzar cero brotes identificados en el reporte de cierre refleja el éxito del control epidemiológico y la efectividad de las intervenciones aplicadas en los centros educativos.
El impacto clínico de la temporada quedó reflejado en la trayectoria de la mortalidad confirmada. Al momento de la declaración de epidemia realizada por el secretario de Salud cuando el número de contagios superó el umbral de alerta, se contabilizaban 42,183 casos acumulados, 3,001 hospitalizaciones y 128 muertes, con un 46.4% de afectación en menores de edad. Con el transcurso de las semanas, las muertes confirmadas aumentaron de forma gradual: 139 al cierre de enero, 150 a principios de febrero, 162 en la semana 6, 166 en la semana 7 y 171 al anunciarse la fase final de la epidemia, culminando en 186 decesos en el informe oficial de abril.
El secretario de Salud, el Dr. Víctor Ramos Otero, subrayó un hallazgo determinante en la evaluación de la mortalidad: la gran mayoría de las personas que perdieron la vida a causa de la enfermedad no se encontraba vacunada contra la influenza. Este factor refuerza las advertencias de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y las autoridades locales sobre la vacunación como la barrera principal para evitar hospitalizaciones y desenlaces fatales.
A pesar de que el pico epidémico ha quedado atrás y no se detectan brotes activos en los colegios, las autoridades sanitarias recuerdan que el virus continúa circulando a niveles endémicos. El Departamento de Salud y los CDC reiteran que la experiencia de esta temporada debe servir para consolidar hábitos de prevención permanentes.
Se recomienda a la ciudadanía y a la comunidad escolar mantener la vacunación anual actualizada, el aislamiento domiciliario inmediato ante la presencia de fiebre o síntomas respiratorios, el lavado frecuente de manos, la ventilación adecuada de espacios cerrados y la desinfección metódica de superficies de alto contacto para prevenir futuros rebotes de contagio.