Puerto Rico encabeza los reportes de leptospirosis bacteriana en EE. UU. y territorios

Puerto Rico encabeza los casos de leptospirosis en Estados Unidos y sus territorios. Transmitida por agua o suelo contaminado con orina de roedores tras lluvias, la infección suele confundirse con dengue y exige diagnóstico oportuno.

Andrea Perozo Pardo

    Puerto Rico encabeza los reportes de leptospirosis bacteriana en EE. UU. y territorios

    La isla se posiciona a la cabeza en el número de casos de leptospirosis reportados a nivel nacional dentro de la jurisdicción de los Estados Unidos y sus territorios. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la isla registra la mayor proporción de contagios del país —seguida por el estado de Hawái—, acumulando más casos que cualquier otra jurisdicción individual en los registros provisionales correspondientes al año 2026.

    Las cifras oficiales más recientes de los CDC, con corte a la semana epidemiológica que finalizó a mediados del presente año, contabilizaban 106 casos acumulados en Puerto Rico, en contraste con un único caso reportado en las Islas Vírgenes Estadounidenses durante el mismo periodo. En ese mismo informe, la isla acumulaba 87 casos en el transcurso de las 52 semanas previas y 8 casos confirmados durante la semana analizada. La agencia federal enfatiza que los datos epidemiológicos de 2025 y 2026 mantienen carácter provisional y están sujetos a revisiones o ajustes por retrasos en los sistemas de notificación.

    Factores de riesgo socioambientales y transmisión en clima tropical

    La prevalencia de la leptospirosis fuera del territorio continental de los Estados Unidos responde a determinantes ecológicos e hidrometeorológicos particulares. La enfermedad es una zoonosis de origen bacteriano transmitida por la bacteria del género Leptospira, la cual se propaga mediante el contacto directo o indirecto de mucosas y laceraciones en la piel con agua, lodo o suelos contaminados por la orina de animales infectados, fundamentalmente roedores.

    En un ecosistema tropical como el de Puerto Rico, caracterizado por períodos de alta pluviosidad, las inundaciones, el estancamiento de agua y la exposición ocupacional o recreativa en ambientes húmedos elevan drásticamente el riesgo de infección. Los CDC advierten que los brotes epidemiológicos suelen registrar un repunte significativo tras el paso de ciclones tropicales, lluvias intensas y desastres naturales que alteran la infraestructura sanitaria.

    Desafío diagnóstico: el mimetismo clínico con el dengue

    Uno de los principales obstáculos en la gestión clínica de la leptospirosis es su mimetismo sintomático con otras arbovirosis y enfermedades febriles endémicas. La presentación clínica inicial suele caracterizarse por fiebre alta, cefalea intensa, mialgias severas —principalmente en pantorrillas y zona lumbar—, náuseas, vómitos, diarrea, ictericia, manifestaciones hemorrágicas e insuficiencia renal aguda.

    Publicaciones científicas en el Puerto Rico Health Sciences Journal han documentado de forma constante la presencia de leptospirosis en pacientes abordados inicialmente con sospecha clínica de dengue o influenza. Dado que los síntomas tempranos son inespecíficos, tanto la literatura médica como las guías de los CDC y Medscape sostienen que el diagnóstico oportuno depende de un alto índice de sospecha clínica respaldado por pruebas de laboratorio. Las estadísticas oficiales de los CDC diferencian entre pruebas serológicas o moleculares que respaldan casos probables y aquellas que permiten la clasificación final de casos confirmados.

    Medidas de prevención y recomendaciones de la CDC

    Frente al panorama epidemiológico de la isla, las autoridades de salud pública instan a la comunidad y a los profesionales de la salud a reforzar las medidas de contención e identificación temprana:

    Evitar  riesgos: Abstenerse de nadar, caminar o entrar en contacto con agua estancada, charcos o lodo potencialmente contaminado, especialmente en las semanas posteriores a eventos de inundación.

    Protección ocupacional: Utilizar equipo de protección individual adecuado —como botas de goma impermeables, guantes y ropa protectora— en labores de limpieza, agricultura, mantenimiento de alcantarillado o actividades acuáticas de alto riesgo.

    Control de vectores: Implementar medidas efectivas para el control de roedores en áreas residenciales y comerciales, evitando su acceso a fuentes de alimentos y depósitos de agua potable.

    Evaluación médica oportuna: Acudir de inmediato a un centro de salud ante la aparición de fiebre acompañada de ictericia (coloración amarillenta en piel u ojos), dolor muscular incapacitante, orina oscura, sangrado inusual, dificultad respiratoria o disminución en el volumen urinario.

    Historial de exposición: Informar al médico tratante sobre cualquier antecedente de contacto reciente con aguas de inundación, ríos, lodo, animales o realización de trabajos al aire libre para orientar el manejo terapéutico y la notificación epidemiológica.

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