Un análisis científico publicado en 2019 estimó que cerca de la mitad de los adultos de 30 a 69 años en Puerto Rico podría presentar algún grado de apnea obstructiva del sueño, aunque las cifras son estimaciones y no diagnósticos confirmados.

Los ronquidos fuertes y frecuentes no siempre son un simple hábito nocturno. Cuando se acompañan de pausas en la respiración, despertares con sensación de ahogo o cansancio persistente durante el día, pueden ser señales de apnea del sueño, un trastorno que requiere evaluación médica.
La apnea obstructiva del sueño ocurre cuando las vías respiratorias superiores se estrechan o bloquean repetidamente durante el descanso, lo que reduce o interrumpe temporalmente el flujo de aire. Según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos (NHLBI, por sus siglas en inglés), esta condición puede afectar la calidad del sueño y la oxigenación del organismo.
Un análisis publicado en 2019 en la revista The Lancet Respiratory Medicine estimó la carga mundial de la apnea obstructiva del sueño a partir de estudios epidemiológicos y modelos poblacionales. El trabajo incluyó cálculos para Puerto Rico entre las personas de 30 a 69 años.
Según las estimaciones del estudio, aproximadamente el 49,4 % de esa población podría presentar apnea obstructiva del sueño con un índice de apnea-hipopnea de al menos cinco eventos por hora. Para el umbral de 15 o más eventos por hora, utilizado para identificar cuadros de mayor gravedad, la estimación fue del 25,6 %.
Estas cifras deben interpretarse con cautela. Son estimaciones modeladas, no resultados de una encuesta clínica reciente ni un recuento de personas diagnosticadas en Puerto Rico. Tampoco permiten establecer cuántos residentes reciben tratamiento actualmente.
El análisis aporta una referencia epidemiológica más reciente que el estudio puertorriqueño publicado en 2019, pero no sustituye la necesidad de investigaciones locales actualizadas que permitan medir la situación con datos clínicos representativos.
Entre las principales señales figuran los ronquidos intensos y habituales, las pausas respiratorias observadas por otra persona y los jadeos durante la noche. También pueden presentarse somnolencia excesiva durante el día, cansancio al despertar, dificultad para concentrarse, problemas de memoria, resequedad en la boca y dolores de cabeza matutinos.
No todas las personas experimentan los mismos síntomas, y roncar por sí solo no confirma un diagnóstico. Por eso, cuando estas manifestaciones se repiten o interfieren con las actividades cotidianas, conviene consultar con un profesional de la salud.
La somnolencia también puede comprometer la seguridad vial. Las personas que experimentan sueño al volante deben detenerse en un lugar seguro y evitar conducir mientras persista esa condición.
El diagnóstico comienza con una evaluación clínica de los síntomas y los factores de riesgo. Cuando está indicado, el profesional de la salud puede solicitar un estudio del sueño para determinar si existe apnea, identificar su gravedad y orientar el tratamiento.
Entre las alternativas terapéuticas se encuentra la presión positiva continua en las vías respiratorias, conocida como CPAP, que ayuda a mantener abiertas las vías respiratorias durante el descanso. Según las características de cada paciente, también pueden considerarse dispositivos orales, cambios en los hábitos de vida y otras intervenciones indicadas por el especialista.
El NHLBI advierte que la apnea del sueño sin tratar puede asociarse con complicaciones cardiovasculares, como hipertensión arterial, enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. También puede afectar la concentración, la memoria y el desempeño durante el día.
Reconocer las señales y solicitar una evaluación médica puede facilitar el diagnóstico y el acceso al tratamiento adecuado. Las personas que presentan pausas respiratorias durante el sueño, despertares con sensación de ahogo o somnolencia diurna persistente deben consultar con un profesional de la salud.