Hasta el 42% de pacientes reumáticos padece depresión: Dolor crónico y fatiga siguen siendo subestimados

El especialista ecuatoriano presentó ponencia sobre el manejo del dolor y la fatiga crónica en pacientes con enfermedades reumáticas, donde señaló que la depresión, la ansiedad y el entorno familiar son factores tan determinantes como los medicamentos.

Laura Guio

    Hasta el 42% de pacientes reumáticos padece depresión: Dolor crónico y fatiga siguen siendo subestimados

    En el marco del 28° Congreso Panamericano de Reumatología (PANLAR 2026), el Dr. Carlos Ríos Acosta, reumatólogo de Ecuador, ofreció una ponencia sobre el manejo del dolor y la fatiga crónica en pacientes reumáticos, en la que cuestionó el enfoque puramente farmacológico de la medicina especializada y llamó a los médicos a valorar a sus pacientes "desde el punto de vista humano". La conferencia fue cubierta de forma exclusiva por la revista Medicina y Salud Pública.

    Un reumatólogo que mira más allá de la inflamación

    Ríos Acosta se describió a sí mismo como "un reumatólogo atípico" cuya práctica se ha centrado en las patologías de mayor prevalencia real: fibromialgia, artrosis, osteoporosis y fracturas. 

    De las aproximadamente 5.500 atenciones anuales que realiza su centro, 5.000 corresponden a mujeres, lo que lo llevó, según sus propias palabras, a "tener que aprender cosas que no aprendí en la residencia".

    Esa experiencia clínica lo alejó de las vasculitis y los lupus que dominan los congresos académicos. "Nunca me inviten a hablar de vasculitis, ni de lupus, ni de esas cosas. Invítenme a hablar de fibromialgia, porque eso es lo que realmente veo en mis pacientes", afirmó ante el auditorio.

    Cansancio versus fatiga: una distinción que los médicos suelen ignorar

    Uno de los ejes centrales de la ponencia fue la diferencia entre cansancio y fatiga, que el especialista consideró ampliamente mal comprendida incluso dentro del gremio médico. Mientras que el cansancio se recupera con reposo, explicó, la fatiga crónica es "un agotamiento físico, mental o emocional que no mejora después del descanso y limita la capacidad de hacer actividades cotidianas".

    El doctor ilustró la diferencia con un ejemplo cotidiano: una persona que corre diez kilómetros se cansa, descansa y se recupera. En cambio, el paciente con fatiga se levanta por la mañana, camina de la cama al baño "y ya está, ya se acabó, está sin baterías".

    A nivel emocional, advirtió que la fatiga puede llevar a los pacientes a perder motivación y, en casos graves, a tener "la idea de que no estar acá en la tierra sería lo mejor", lo que conecta directamente con el mayor riesgo de suicidio que presentan estos enfermos: el doble que la población general.

    El dolor crónico: cuando el cerebro queda "sensibilizado"

    Ríos Acosta explicó que cuando el dolor persiste más de tres meses se considera crónico, y que en ese punto ocurre un fenómeno llamado sensibilización central por el cual "el cerebro interpreta estímulos normales como dolorosos" de forma permanente. Por eso insistió en la importancia de la intervención temprana: "Una vez que el dolor pasa de ser agudo a ser dolor crónico, el paciente queda sensibilizado y el dolor no se va."

    Citó datos que dimensionan el problema: entre el 10% y el 30% de los adultos en el mundo padece dolor crónico, cifra que sube al 30% en Ciudad de México y al 40% en Brasil. La fibromialgia, recordó, tiene una prevalencia del 8% en la población general, muy por encima del 1% de la artritis reumatoide o la frecuencia del lupus.

    "Si el paciente vive con un psicópata, no hay biológico que le funcione"

    Quizás el pasaje más contundente de la conferencia fue el que dedicó al entorno del paciente como variable terapéutica. Ríos Acosta fue categórico: "Si el paciente vive en un ambiente roto o le han roto el equilibrio, no hay medicamento que le funcione."

     Y fue más específico: "Si la señora vive en un ambiente con un psicópata que la maltrata, la insulta y le agrede permanentemente, no hay biológico que le funcione, no hay pregabalina que le funcione."

    Este enfoque lo lleva a aplicar en su consultorio cuestionarios estandarizados de depresión (PHQ-9) y ansiedad (GAD-7) a todos sus pacientes, práctica que consideró indispensable dado que entre el 30% y el 50% de los pacientes con enfermedades reumáticas presenta alguno de estos trastornos. 

    En su propio estudio realizado en Ecuador en 2017, el 42% de sus pacientes tenía depresión. "¿Y saben cuántos los han valorado para depresión? ¿Y cuántos han ido al psiquiatra?", preguntó al público, obteniendo un silencio elocuente.

    Vitamina D, sarcopenia y el papel del cuerpo

    El doctor también abordó la deficiencia de vitamina D como factor subestimado en la fatiga reumática. Presentó evidencia de un protocolo en el que la suplementación con 8.000 unidades diarias en pacientes con lupus redujo significativamente la fatiga y la actividad de la enfermedad. Sin embargo, advirtió contra la automedicación: "No compren vitamina D en Amazon, no le compren vitamina D a la vecina, porque cada uno requiere una dosis diferente."

    Vinculó además la deficiencia de esta vitamina con la sarcopenia, es decir, la pérdida de fuerza y masa muscular, que identificó como una causa frecuente de cansancio no diagnosticada. Su prueba clínica es simple: si la paciente necesita sujetarse de la silla para levantarse, ya hay indicios de pérdida de fuerza en piernas y glúteos.

    Mensaje final a los pacientes

    Ríos Acosta cerró su ponencia con un mensaje directo para quienes viven con estas enfermedades: "Tu dolor y tu fatiga son reales, no te los inventaste. Mereces una atención de calidad, una atención seria y con respeto." Agregó que las enfermedades reumáticas "no definen quién eres, son parte de tu vida, pero no toda tu vida."

    También anunció que la FDA aprobó recientemente la ciclobenzaprina sublingual para mejorar la calidad del sueño y el dolor en pacientes con fibromialgia, y expresó confianza en que vendrán más opciones terapéuticas. Pero dejó claro que ningún fármaco reemplaza el sueño reparador, la actividad física, la nutrición adecuada, la salud mental y, sobre todo, un entorno de vida que no destruya lo que los medicamentos intentan construir.


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