La investigación científica estudia si algunas vacunas, especialmente la del herpes zóster, podrían tener un efecto adicional sobre el riesgo de desarrollar demencia.

Hablar de una "vacuna contra la demencia" puede resultar atractivo, pero la evidencia científica todavía no permite utilizar ese concepto como una realidad médica. Lo que existe son resultados que han despertado el interés de los investigadores y que buscan determinar si algunas vacunas podrían tener efectos sobre la salud cerebral más allá de prevenir las enfermedades para las que fueron desarrolladas.
No existe actualmente una vacuna aprobada específicamente para prevenir o tratar la demencia. Sin embargo, diferentes investigaciones han encontrado una posible asociación entre la vacunación contra el herpes zóster y un menor riesgo de desarrollar demencia, una línea de investigación que en 2026 llevó a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos a dedicar un taller específico al tema.
Una vacuna conocida que abrió una nueva pregunta
El interés se ha concentrado especialmente en la vacuna contra el herpes zóster, una infección causada por la reactivación del virus varicela-zóster que permanece en el organismo después de la varicela. Durante un seguimiento de siete años, quienes recibieron la vacuna presentaron una reducción relativa del 20 % en el riesgo de recibir un nuevo diagnóstico de demencia, equivalente a una reducción absoluta de 3,5 puntos porcentuales.
Uno de los hallazgos más relevantes provino de un estudio realizado en Gales. Los investigadores aprovecharon un cambio en los criterios de elegibilidad para la vacunación según la fecha exacta de nacimiento y compararon personas que quedaron justo a ambos lados del límite establecido. El resultado no demuestra por sí solo que la vacuna prevenga la demencia, pero sí aportó una señal que ha impulsado nuevas investigaciones.
El hallazgo fue recogido por el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento (NIA), que señaló que investigaciones adicionales en Estados Unidos habían encontrado una asociación similar en distintos grupos de edad y raza o etnia. Sin embargo, se trata de evidencia observacional. Por eso, una asociación estadística no equivale a demostrar que la vacuna sea la causa directa de la menor frecuencia de demencia.
El estudio incluyó a 65.800 personas que recibieron dos dosis de la vacuna recombinante contra el herpes zóster y 263.200 personas no vacunadas. Los investigadores encontraron que la vacunación estaba asociada con un 51 % menos de riesgo de demencia. La asociación se mantuvo después de realizar análisis destinados a considerar posibles diferencias entre las personas vacunadas y las no vacunadas.
La importancia de estos resultados llevó a los Institutos Nacionales de Salud (NIH), a través del NIA, el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) y el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), a organizar en junio de 2026 el taller "Zoster Vaccine and Dementia Risk Reduction: Evidence and Mechanisms".
El encuentro tuvo como objetivo revisar la evidencia epidemiológica disponible, analizar posibles mecanismos biológicos y definir qué preguntas deberían responder futuras investigaciones, incluidos estudios que permitan evaluar la eficacia clínica de la vacunación para reducir el riesgo de demencia.
Entre las hipótesis que se investigan está la posibilidad de que la vacunación produzca efectos sobre el sistema inmunitario que vayan más allá de la protección específica frente al herpes zóster. También se estudia si la prevención de infecciones y determinados procesos inflamatorios podrían tener alguna relación con la salud cerebral.
Los CDC recomiendan la vacuna recombinante contra el herpes zóster para prevenir el herpes zóster y sus complicaciones en determinados grupos de adultos, no como una estrategia aprobada para prevenir la demencia. Por eso, una persona no debe interpretar los resultados de estos estudios como una indicación para vacunarse específicamente con el objetivo de evitar el Alzheimer u otra forma de demencia.
La evidencia disponible apunta a una posible relación que todavía necesita ser explicada y confirmada mediante investigaciones adicionales. La pregunta ahora no es si ya existe esa vacuna, sino si una vacuna desarrollada para prevenir una infección podría tener también un efecto protector sobre el cerebro. Esa respuesta todavía está en construcción.