Ser visto únicamente como "enfermo" afecta la autoestima del paciente oncológico, limita su capacidad de expresarse y crea distancia emocional y sexual dentro de la relación. La sexualidad no desaparece con el diagnóstico de cáncer, sino que se transforma.

La comunicación de un diagnóstico de cáncer es un momento de transformación en la vida de cualquier persona, pero, sin embargo, sus efectos se extienden mucho más allá del ámbito estrictamente médico, alcanzando dimensiones emocionales, sociales y relacionales que con frecuencia son subestimadas.
Durante una reciente emisión de Telesalud: la clínica en casa, transmitida en vivo para toda la audiencia interesada en temas de salud y bienestar, el doctor Julián Carreño host principal del espacio en compañía de la licenciada Maudys Sánchez, psicóloga paliativista y especialista en sexualidad y terapia de pareja, abordaron esta compleja realidad que enfrentan numerosas familias cuando el cáncer irrumpe en la vida cotidiana y, particularmente, en la intimidad de la pareja.
Los especialistas hicieron hincapié en que la sexualidad no desaparece con el diagnóstico oncológico, sino que se transforma, y que entender estas transformaciones resulta fundamental para mantener la calidad de vida y el vínculo afectivo a lo largo de todo el proceso de la enfermedad.
El doctor Carreño compartió una observación clínica recurrente en su práctica profesional, basada en años de experiencia atendiendo pacientes oncológicos y sus familias, y explicó cómo muchas veces las suposiciones sobre quién desea mantener la intimidad pueden resultar completamente equivocadas cuando nos enfrentamos a la realidad de cada caso particular. En este sentido, señaló de manera contundente:
"Uno pensaría muchas veces que quien estaría dispuesto a detener la actividad sexual es quien está enfermo. Sin embargo, a mí me ha pasado que pacientes con cáncer, en etapas iniciales van a la consulta con su pareja y dicen: 'Doctor, ya mi marido no me quiere poner la mano porque a mí me dijeron que yo tengo cáncer, pero yo me siento normal todavía y yo tengo deseos todavía, pero él no me quiere poner la mano porque él cree que me va a hacer daño'".
Esta situación, que podría parecer contradicción a simple vista, deja en evidencia cómo el diagnóstico de cáncer puede generar barreras emocionales significativas incluso cuando el deseo sexual permanece intacto en el paciente, y cómo la falta de información y comunicación adecuadas puede llevar a malentendidos que terminan afectando gravemente la relación de pareja en un momento en que más se necesita el apoyo mutuo.
La situación inversa también se presenta con frecuencia en la consulta clínica, según continuó explicando el especialista, quien destacó que estas dinámicas no son exclusivas de ningún tipo particular de cáncer, sino que atraviesan diferentes patologías oncológicas y afectan a personas de todas las edades y condiciones.
Estas dinámicas reflejan cómo la preocupación legítima por el bienestar de la pareja puede convertirse paradójicamente en un obstáculo para la expresión afectiva y sexual, generando un distanciamiento emocional que ninguna de las partes desea realmente pero que parece imponerse como consecuencia inevitable del diagnóstico oncológico.
La licenciada Maudys Sánchez profundizó en las implicaciones psicológicas que tiene el diagnóstico de cáncer para la identidad del paciente y su relación de pareja.
Señaló que una de las principales dificultades que enfrentan los pacientes oncológicos, incluso por encima de los síntomas físicos o las limitaciones funcionales derivadas de los tratamientos, es el temor a ser vistos con lástima por sus seres queridos y, muy especialmente, por su pareja.
"En definitiva, es un caso que se evidencia mucho... dicen claro, ya después de un diagnóstico tú no me vas a ver como antes. Uno de los impedimentos o de las barreras que tiene un paciente para poder decir su diagnóstico es con el hecho de que no le vean con pena, que no lo vean con lástima, porque una vez que al paciente se le diagnostica una enfermedad como el cáncer, las personas comienzan a verlo con esos ojos de lástima y el paciente no quiere que lo vean así".
Este cambio en la mirada del otro, que pasa de ver a la persona con todas sus dimensiones, virtudes y defectos, a reducirla exclusivamente a su condición de enfermo de cáncer, tiene consecuencias graves en la autoestima y en la dinámica de pareja, tal como continuó explicando la psicóloga.
En este contexto, resulta fundamental comprender que la identidad de la persona no se reduce a su enfermedad, y que mantener una visión integral de la misma resulta terapéutico en sí mismo y esencial para preservar la relación.
La especialista añadió al respecto: "El paciente quiere que lo vean como él era, con su identidad, con su personalidad y entonces esto dificulta muchas veces al inicio que el paciente pueda abrirse de una manera clara".
La psicóloga explicó cómo esta situación genera un efecto dominó en la intimidad, afectando no solo los encuentros sexuales sino también la comunicación cotidiana y la expresión de afecto en sus formas más simples y significativas.
En sus propias palabras: "Entonces pasa que su pareja lo ve como, ay, que está muy enfermo, cómo yo le voy a decir que tengamos intimidad. Entonces reprimen ese deseo y eso crea distancia y dificulta la relación, dificulta el vínculo".