Especialistas explican que recibir un diagnóstico grave no extingue el deseo, no anula las emociones ni borra la necesidad de intimidad.

Hablar de sexualidad cuando se recibe un diagnóstico grave sigue siendo, para muchos pacientes y profesionales de la salud, un terreno incómodo, cargado de prejuicios y barreras no escritas.
Sin embargo, especialistas en medicina paliativa advierten que ignorar esta dimensión del ser humano equivale a dejar incompleta la atención integral que merece cualquier persona enferma.
En una nueva emisión "Telesalud: La clínica en casa" de la revista Medicina y Salud Pública (MSP), la Lcda. Maudys Sánchez, psicóloga paliativista y especialista en sexualidad y terapia de pareja, junto al Dr. Julián Carreño, médico especialista en medicina familiar y conductor del programa, pusieron sobre la mesa esta tema de conversación.
Uno de los primeros obstáculos para abordar el tema es, precisamente, la definición reducida que la sociedad tiene de la sexualidad. Según la Lcda. Sánchez, existe una confusión generalizada que limita el concepto a la actividad sexual, cuando en realidad abarca dimensiones mucho más amplias.
"La sexualidad es el acto, es ya la actividad para el coito, cuando es mucho más de ahí", explicó la especialista, quien describió cinco dimensiones fundamentales: la biológica, que incluye los aspectos hormonales y físicos; la psicológica, vinculada a las emociones, la autoestima y la imagen; la relacional o social, que refiere a cómo cada persona busca el vínculo y recibe afecto; la cultural, que define las normas que impone la sociedad sobre el deseo; y la espiritual, relacionada con el sentido que cada individuo le otorga al amor que recibe.
"Cuando vemos todo esto, vemos que realmente la sexualidad es el ser", sintetizó Sánchez. Sobres esto, el Dr. Carreño reforzó esta perspectiva recordando la postura de los organismos internacionales:
"Dice la Organización Mundial de la Salud que no puede haber salud sin salud sexual. La sexualidad no es el coito. La sexualidad no es la actividad sexual; eso implica la orientación, las relaciones, las emociones y muchísimas otras cosas".
Cuando se trata de pacientes con enfermedades crónicas avanzadas que han ingresado a cuidados paliativos, los mitos sobre la sexualidad no desaparecen, se agravan. La Lcda. Sánchez describió con detalle el tipo de creencias que bloquean incluso la posibilidad de hacer una pregunta.
"Cuando nos encontramos con un paciente que nos dice: 'No, porque yo entiendo que si pregunto sobre la sexualidad, la persona de atención en salud me va a ver como si fuera algo fuera de lo normal. ¿Cómo va a ser que una persona que esté en esta condición enferma va a estar preguntando por el área sexual?'", relató la especialista.
A eso se suma la creencia extendida de que los medicamentos anulan por completo el deseo sexual, lo cual, si bien tiene fundamento en algunos casos, no debe asumirse como una verdad absoluta ni irremediable. "Esto se sabe, hay medicamentos que afectan, pero para eso está la comunicación, para poder explorar y preguntar con el servicio que le está asistiendo", aclaró Sánchez.
La psicóloga paliativista citó una revisión de estudios realizada entre 2018 y 2024-2025 que identificó variables que se repiten de forma consistente en la atención de pacientes paliativos en relación con su sexualidad.
La primera es la falta de comunicación sobre el tema por parte del personal asistencial, tanto médicos como enfermeras. La segunda es la ausencia de espacios de intimidad en los centros de salud, no necesariamente sexual, sino de conexión y privacidad con la pareja. La tercera es la necesidad del paciente de saber qué ha ocurrido con su sexualidad y la falta de respuesta a esa inquietud en la consulta médica.
La Lcda. Sánchez fue cuidadosa al señalar que la omisión no es malicia: "No se evidencia no porque los médicos no quieran ni el servicio asistencial, sino más bien porque muchas veces no están capacitados y por el mismo estigma social también se cohíben. Porque, ¿cómo yo le voy a preguntar a este paciente que tiene dolor por su sexualidad? ¿Qué va a pensar de mí?"
El programa dejó en claro que integrar la salud sexual en los cuidados paliativos no es un lujo ni una excentricidad, sino una obligación ética y clínica. Mientras los mitos persistan y la formación de los profesionales de la salud en este campo siga siendo insuficiente, miles de pacientes seguirán enfrentando su enfermedad con una dimensión fundamental de su humanidad ignorada.
La conversación, lejos de cerrar el debate, lo abre. Y esa apertura, dicen los especialistas, ya es en sí misma un acto terapéutico.