Pantallas y cerebro infantil: científicos cuestionan si realmente dañan la salud mental

Aunque el tiempo frente a pantallas suele asociarse con depresión, problemas de conducta y alteraciones del sueño, investigadores señalan que la evidencia científica sigue siendo insuficiente para concluir que los dispositivos dañan el cerebro o la salud mental de niños y adolescentes.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Pantallas y cerebro infantil: científicos cuestionan si realmente dañan la salud mental

    El debate sobre los efectos de las pantallas en la infancia y la adolescencia continúa generando preocupación entre padres, educadores y expertos. Durante años, el uso de teléfonos inteligentes, tabletas, videojuegos y redes sociales ha sido señalado como una posible causa del aumento de problemas de salud mental en los jóvenes. Sin embargo, un creciente grupo de científicos sostiene que las pruebas disponibles no son tan concluyentes como suele creerse y que la relación entre las pantallas y el bienestar infantil es mucho más compleja.

    ¿Realmente las pantallas son tan perjudiciales?

    Pete Etchells, profesor de Psicología de la Bath Spa University, forma parte de los investigadores que cuestionan la solidez de las evidencias que vinculan el tiempo frente a pantallas con daños psicológicos.

    Tras analizar cientos de estudios sobre tiempo de pantalla y salud mental, Etchells concluye que las investigaciones disponibles ofrecen resultados mixtos y, en muchos casos, presentan limitaciones metodológicas.

    Según el académico, no existe evidencia científica sólida que respalde las afirmaciones más alarmistas sobre consecuencias graves derivadas del uso de pantallas.

    Una revisión publicada por la American Psychological Association en 2021 llegó a conclusiones similares. Tras analizar 33 estudios realizados entre 2015 y 2019, los investigadores encontraron que el uso de teléfonos inteligentes, redes sociales y videojuegos desempeñaba un papel pequeño en los problemas de salud mental reportados.

    El sueño y la luz azul también generan debate

    Otro de los argumentos frecuentes contra las pantallas es el impacto de la luz azul sobre el sueño, debido a su posible efecto sobre la producción de melatonina.

    No obstante, una revisión internacional publicada en 2024, que evaluó 11 estudios, no encontró evidencia general de que la exposición a la luz de las pantallas durante la hora previa a dormir dificultara el sueño de manera significativa.

    Las limitaciones de la evidencia científica

    Uno de los principales problemas identificados por los investigadores es que gran parte de los estudios sobre tiempo de pantalla se basan en datos autoinformados. Es decir, los propios jóvenes estiman cuánto tiempo utilizaron dispositivos y cómo se sintieron posteriormente.

    Etchells advierte que este tipo de metodología puede generar interpretaciones erróneas y que las correlaciones observadas no necesariamente implican una relación de causa y efecto.

    Como ejemplo, menciona investigaciones sobre depresión y ansiedad en jóvenes donde inicialmente parecía existir una relación con el uso de teléfonos móviles. Sin embargo, análisis posteriores mostraron que un factor adicional —el tiempo que los adolescentes pasaban solos— tenía un peso importante en los problemas de salud mental observados.

    Los resultados sugirieron que la soledad, más que el tiempo de pantalla por sí mismo, podría estar contribuyendo a esas dificultades emocionales.

    No todo el tiempo frente a pantallas es igual

    Los expertos también destacan que el concepto de "tiempo de pantalla" engloba actividades muy diferentes.

    No es lo mismo utilizar dispositivos para aprender, comunicarse con amigos o acceder a información útil que pasar horas consumiendo contenido negativo o realizando "doomscrolling", una práctica que consiste en desplazarse constantemente por noticias o publicaciones preocupantes.

    Cada una de estas experiencias puede generar efectos distintos sobre el bienestar de los usuarios.

    ¿Las pantallas cambian el cerebro infantil?

    Un estudio desarrollado por investigadores de Estados Unidos y Reino Unido analizó 11.500 escáneres cerebrales de niños entre 9 y 12 años, junto con evaluaciones de salud y datos sobre el uso de pantallas.

    Los investigadores observaron asociaciones entre determinados patrones de uso y cambios en la conectividad de algunas regiones cerebrales. Sin embargo, no encontraron evidencia de que el tiempo frente a pantallas estuviera relacionado con un peor bienestar mental ni con problemas cognitivos, incluso entre quienes utilizaban dispositivos durante varias horas al día.

    El trabajo fue supervisado por Andrew Przybylski, profesor de la Universidad de Oxford, cuyas investigaciones revisadas por pares han sugerido que tanto los videojuegos como las redes sociales pueden, en determinadas circunstancias, contribuir al bienestar.

    Para Etchells, si las pantallas estuvieran produciendo cambios cerebrales negativos consistentes y duraderos, esos efectos deberían ser visibles en grandes conjuntos de datos como este, algo que no ocurrió.

    Los riesgos digitales siguen siendo una preocupación

    A pesar de cuestionar la evidencia sobre daños generalizados, los investigadores reconocen que existen riesgos reales en internet.

    Entre ellos destacan el acoso, el contacto con personas malintencionadas y la exposición a contenidos explícitos o perjudiciales.

    Sin embargo, algunos expertos advierten que centrar el debate exclusivamente en limitar o prohibir dispositivos podría generar el efecto contrario, convirtiéndolos en un "fruto prohibido" más atractivo para los menores.

    Estudios que sí encuentran beneficios al reducir pantallas

    No todos los investigadores coinciden con esta visión.

    Jean Twenge, profesora de Psicología de la San Diego State University, sostiene que las redes sociales y los teléfonos inteligentes son el principal factor común detrás del aumento de la depresión entre adolescentes en Estados Unidos.

    La experta recomienda retrasar el acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales, argumentando que los jóvenes presentan una mayor madurez cerebral y social alrededor de los 16 años.

    Además, cita investigaciones recientes que apuntan en la dirección opuesta. Un estudio danés publicado en 2024, que incluyó a 181 niños de 89 familias, encontró que reducir el tiempo de pantalla y limitar el acceso a tabletas y teléfonos inteligentes durante dos semanas tuvo efectos positivos sobre síntomas psicológicos y favoreció conductas prosociales, aunque los autores señalaron la necesidad de realizar más investigaciones.

    Otro estudio realizado en Reino Unido observó que un mayor uso de redes sociales coincidía con mayores niveles reportados de depresión en niñas.

    La falta de consenso mantiene abierto el debate

    La discusión sigue lejos de resolverse. Organizaciones médicas como la American Academy of Pediatrics y el Royal College of Paediatrics and Child Health del Reino Unido no establecen límites específicos de tiempo de pantalla para los niños.

    Por su parte, la Organización Mundial de la Salud recomienda evitar completamente las pantallas en menores de un año y limitar su uso a un máximo de una hora diaria en niños menores de cuatro años, con el objetivo de priorizar la actividad física.

    Los expertos coinciden en que todavía no existe suficiente evidencia científica para emitir recomendaciones definitivas sobre los efectos de las pantallas en el desarrollo cerebral y la salud mental infantil.

    Mientras tanto, la rápida evolución tecnológica, la expansión de las redes sociales, la realidad virtual y el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial continúan transformando la forma en que niños y adolescentes interactúan con el mundo digital, manteniendo abierto uno de los debates más relevantes de la actualidad.

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