La alteración de las rutinas durante el verano puede afectar el descanso, favorecer el aumento de peso y elevar el tiempo frente a pantallas. Un especialista recomienda mantener horarios, promover actividades y recuperar gradualmente la rutina antes del regreso a clases.

Las vacaciones escolares suelen traer consigo cambios en los horarios de sueño, alimentación y ocio de niños y adolescentes. Aunque el descanso de la rutina académica es necesario, los especialistas advierten que la falta de límites durante este periodo puede tener efectos negativos en la salud física y emocional de los menores, especialmente por el aumento del tiempo frente a pantallas y la pérdida de hábitos saludables.
El pediatra Julio Álvarez Pitti, coordinador del Comité de Promoción de la Salud de la Asociación Española de Pediatría (AEP), aseguró que uno de los errores más frecuentes durante el verano es permitir que los adolescentes gestionen por sí solos sus horarios de descanso.
"Cuando dejamos a los adolescentes autogestionar su sueño en verano, eso acaba en fracaso", afirmó el especialista, quien explicó que, aunque es normal retrasar ligeramente la hora de acostarse debido a que anochece más tarde, es importante mantener una rutina relativamente estable.
Según el experto, los niños deberían dormir entre ocho y diez horas por noche, mientras que los adolescentes no deberían descansar menos de siete horas. Además, advirtió que la calidad del sueño no depende únicamente de la cantidad de horas dormidas, sino también del momento en que se duerme.
"Si me acuesto a las tres de la mañana y me levanto a la una de la tarde, no es lo mismo que si me acuesto a las diez de la noche y me levanto a las ocho de la mañana", señaló.
El especialista destacó que los dispositivos electrónicos se han convertido en uno de los mayores factores que alteran el sueño en la infancia y la adolescencia.
Por ello, recomendó evitar el uso de celulares, tabletas, computadores y televisores al menos una hora antes de acostarse. Asimismo, sugirió que estos dispositivos no permanezcan en las habitaciones durante la noche.
La falta de sueño suficiente puede traducirse en irritabilidad, menor tolerancia a la frustración, cansancio persistente, apatía y una reducción significativa de la actividad física diaria.
Álvarez Pitti indicó que las vacaciones deben planificarse para evitar que los menores pasen gran parte del día conectados a pantallas, videojuegos o redes sociales.
Entre las alternativas recomendadas se encuentran los campamentos de verano, la práctica deportiva, las excursiones, las actividades culturales y los proyectos familiares. También consideró importante asignar responsabilidades domésticas acordes a la edad de cada niño o adolescente.
Además, recordó las recomendaciones del Plan Familiar Digital de la AEP, que incluyen limitar el tiempo de uso de pantallas, evitar su presencia en dormitorios y baños, y restringir su utilización durante las comidas familiares.
El pediatra reconoció que durante el verano suelen modificarse los horarios de las comidas debido a actividades como viajes, paseos, playa o piscina. Sin embargo, insistió en que esto no debe significar el abandono de una alimentación equilibrada.
Según explicó, diversos estudios observacionales sobre obesidad han mostrado que los menores pueden aumentar entre dos y tres kilogramos durante las vacaciones de verano.
Por ello, recomendó mantener hábitos alimentarios similares a los del resto del año y moderar el consumo de productos como helados y alimentos ultraprocesados. Como alternativa, propuso preparar helados caseros a base de frutas.
Más allá de los cambios en las rutinas, el especialista recordó que las vacaciones también incrementan la exposición a accidentes.
Entre las principales recomendaciones están la supervisión permanente de los menores en piscinas y playas, el uso frecuente de protector solar, la protección frente a las altas temperaturas y la utilización de elementos de seguridad, como el casco al montar bicicleta.
"En pediatría de urgencias, en verano, dejamos de ver catarros para ver traumatismos y ahogamientos", advirtió.
De cara al inicio del nuevo curso escolar, Álvarez Pitti aconsejó recuperar gradualmente los horarios habituales al menos dos semanas antes del regreso a las aulas.
Según explicó, esta adaptación progresiva puede facilitar la vuelta a la rutina académica y evitar dificultades relacionadas con el sueño, el cansancio y la concentración durante los primeros días de clase.