El abordaje moderno de la osteoartritis en Puerto Rico combina movimiento progresivo, fortalecimiento muscular y control de peso. El ejercicio adaptado y las terapias tópicas constituyen la estrategia principal para reducir el dolor y prevenir la discapacidad.

La osteoartritis —conocida comúnmente como artrosis— representa una de las principales causas de dolor articular, rigidez y discapacidad funcional en la población adulta. A diferencia de paradigmas pasados que prescribían reposo prolongado ante el desgaste articular, la medicina basada en la evidencia ha transformado el enfoque terapéutico: el movimiento inteligente y estructurado es la intervención no farmacológica de mayor impacto para frenar la progresión sintomática de la condición.
Por Andrea Perozo Pardo
En Puerto Rico, las condiciones climáticas y la disponibilidad de espacios al aire libre brindan un entorno propicio para la integración de actividades físicas de bajo impacto. Sin embargo, los patrones epidemiológicos locales reflejan un reto significativo en términos de adherencia al ejercicio.
De acuerdo con datos publicados en el Puerto Rico Health Sciences Journal, la prevalencia de actividad física en la población adulta puertorriqueña ha mostrado un descenso preocupante: como por ejemplo el reporte del 2020, que mostró que apenas un 20% de los adultos cumplía con las recomendaciones combinadas de actividad física, en comparación con el 34% registrado en 2015.
Este marcado sedentarismo incide directamente en el deterioro musculoesquelético de los pacientes con osteoartritis. La falta de movimiento incrementa la rigidez articular, induce atrofia por desuso de la musculatura de soporte y exacerba la percepción del dolor.
Consensos clínicos avalados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y directrices recopiladas por Medscape coinciden en que la actividad física adecuadamente dosificada no acelera el desgaste articular; por el contrario, mejora la lubricación sinovial, fortalece los tejidos periarticulares y retrasa la discapacidad.
El tratamiento efectivo de la osteoartritis se fundamenta en un modelo de tres pilares interconectados que combinan la biomecánica, el control metabólico y la terapia sintomática:
Ejercicio aeróbico y de fuerza (Pilar de Movimiento)
Prescripción: Al menos 150 minutos semanales de actividad de bajo impacto (caminata progresiva, natación, ciclismo o Tai Chi) más dos días de fortalecimiento muscular.
Enfoque clave: Fortalecimiento del cuádriceps para estabilizar la articulación de la rodilla y reducir la fricción articular.
Control ponderal sistémico (Pilar Biomecánico)
Relación de carga: Por cada libra de peso reducida, se liberan cuatro libras de presión directa sobre las rodillas.
Meta clínica: Lograr una reducción inicial del 5% al 10% del peso corporal para disminuir el dolor, la rigidez y el estado inflamatorio.
Terapéutica farmacológica específica (Pilar Analgésico)
Primera línea: Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) tópicos por su acción analgésica local y bajo riesgo sistémico.
Segunda línea: AINEs orales bajo estricta supervisión médica (evaluando riesgo cardiovascular, renal y digestivo) e infiltraciones intraarticulares puntuales para crisis de dolor.
El abordaje moderno de la osteoartritis en Puerto Rico exige transformar la inactividad en movimiento adaptado. Mantener rutinas de bajo impacto, fortalecer la musculatura y controlar el peso corporal son decisiones clave para aliviar el dolor y preservar la autonomía. Integrar estas medidas junto a un acompañamiento médico oportuno evitará la discapacidad y garantizará una mejor calidad de vida a largo plazo.