Osteoporosis: el hueso también regula otros órganos y cambia el enfoque del tratamiento

El hueso produce señales que influyen en otras funciones del organismo. La investigación terapéutica también avanza hacia tratamientos secuenciales para reducir el riesgo de fracturas.

Ernesto Corretjer

    Osteoporosis: el hueso también regula otros órganos y cambia el enfoque del tratamiento

    La atención de la osteoporosis está evolucionando hacia tratamientos seleccionados según el riesgo de fractura y planificados en secuencia: en algunos pacientes de alto riesgo, primero se estimula la formación de hueso y luego se busca conservar lo ganado. A la vez, la ciencia estudia el papel endocrino del esqueleto, que además de sostener el cuerpo produce señales capaces de influir en otros órganos.

    Un cambio regulatorio podría facilitar la investigación de futuros medicamentos. En diciembre de 2025, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) reconoció la densidad mineral ósea de la cadera total, medida por densitometría DXA, como criterio sustituto validado para apoyar ensayos de tratamientos experimentales en mujeres posmenopáusicas con osteoporosis y riesgo de fractura. La decisión podría ayudar a hacer más eficientes algunos ensayos clínicos; no equivale a la aprobación de un nuevo fármaco ni reemplaza la evaluación clínica de cada paciente. 

    El hueso también envía señales

    El tejido óseo se renueva de forma continua mediante el equilibrio entre células que forman hueso y células que lo reabsorben. También produce sustancias que participan en la comunicación con otros órganos.

    El factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF23), producido principalmente por células óseas, regula el fosfato y la vitamina D activa a través de su acción en los riñones. La osteocalcina también se investiga como posible mensajera entre el hueso y órganos relacionados con el metabolismo energético. Sin embargo, sus efectos fuera del esqueleto aún se estudian y no deben presentarse como una función clínica plenamente establecida. Esta evidencia fue revisada por Sundeep Khosla en un artículo de perspectiva publicado en 2023 en Current Opinion in Endocrine and Metabolic Research. 

    Tratamientos que se planifican en secuencia

    Los bisfosfonatos y denosumab reducen la pérdida de hueso y siguen siendo opciones importantes. Para algunas personas con riesgo muy alto de fractura, el médico puede considerar primero un tratamiento osteoformador —como teriparatida, abaloparatida o romosozumab— y luego un medicamento antirresortivo para mantener los beneficios.

    Un ensayo clínico que respalda este enfoque es ARCH, dirigido por Kenneth G. Saag y publicado en 2017 en The New England Journal of Medicine. En mujeres posmenopáusicas con osteoporosis y fracturas previas, el grupo que recibió romosozumab durante 12 meses y luego alendronato tuvo, a los 24 meses, un 48 % menos de riesgo de nuevas fracturas vertebrales que el grupo tratado con alendronato durante todo el periodo. El resultado apoya la secuencia estudiada en esa población; no significa que sea la pauta adecuada para todas las personas con osteoporosis. 

    Romosozumab bloquea la esclerostina, una proteína que limita la formación ósea, y tiene una acción dual: favorece la formación de hueso y reduce su resorción. Su uso requiere valorar los riesgos cardiovasculares. La información de prescripción de la FDA indica que no debe iniciarse en pacientes que hayan sufrido un infarto o un accidente cerebrovascular durante el año previo.

    Denosumab también requiere planificación: no se recomienda suspenderlo ni retrasar sus dosis sin que el profesional de salud determine cuál será el tratamiento posterior. Por eso, la decisión de iniciar, cambiar o terminar una terapia debe considerar el historial de fracturas, el riesgo individual y las características de cada medicamento.

    Detectar el riesgo sigue siendo clave

    La osteoporosis puede avanzar sin síntomas hasta que ocurre una fractura. La evaluación puede incluir antecedentes de fracturas, factores clínicos de riesgo y una densitometría cuando esté indicada.

    La nueva etapa terapéutica combina una evaluación individual del riesgo con medicamentos que actúan de distintas maneras sobre el remodelado óseo. La investigación sobre las funciones endocrinas del hueso amplía el conocimiento científico, pero no todas las señales identificadas se han convertido en tratamientos disponibles.

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