Especialista abordó la relación entre la alimentación y la evolución del cáncer, hacen parte del tratamiento integral del paciente.

En el marco del evento Nutrivida, celebrado en el Hospital Oncológico Isaac González Martínez, el nutricionista Omar Candelario explicó cómo la dieta puede convertirse en un aliado y no en un estresor más para los pacientes con cáncer.
Desde el inicio del evento, el nutricionista Candelario fue claro: la nutrición en pacientes oncológicos no es un complemento, sino una intervención terapéutica activa. "La alimentación no es opcional, sino que es parte del tratamiento que recibe el paciente", afirmó durante la transmisión de Nutrivida, Alimentación, Bienestar y Esperanza, producida por la revista Medicina y Salud Pública.
Entre las recomendaciones generales para este tipo de pacientes, el especialista destacó la importancia de distribuir la ingesta en seis comidas al día —desayuno, meriendas, almuerzo y cena—, priorizar alimentos altos en proteínas y calorías, y evitar los alimentos crudos o poco cocidos, que pueden representar un riesgo adicional para sistemas inmunológicos ya comprometidos.
"Hay que tener un poquito de hincapié en esa parte. Cuidado con las carnes que no cocinemos bien, con los mariscos, que a veces los comemos de manera natural."
Uno de los puntos más sensibles abordados fue la relación emocional con la comida durante el diagnóstico. Candelario reconoció que la palabra "cáncer" puede desencadenar una espiral de ansiedad que termina afectando los hábitos alimentarios:
"Cuando te dicen cáncer, ya uno tiene una palabra en la mente, ¿verdad? Y que no necesariamente tiene que ser de ese factor, sino que tal vez entonces es una batalla que vamos a pasar, pero tiene un proceso."
En ese contexto, subrayó que muchos pacientes recurren a comida rápida o ultraprocesada por el agotamiento y la presión del tratamiento. Por eso, insistió en que la planificación nutricional personalizada no es un lujo, sino una necesidad:
"Siempre es importante vayan a su médico y vayan a su nutricionista para que le puedan hacer un plan individualizado para el tratamiento específico del cáncer en el cual están pasando. Que la alimentación sea tu aliado en ese proceso, no que sea otro estresor más."
El nutricionista también abordó el papel del especialista en nutrición dentro del equipo clínico. Lejos de ser un rol periférico, explicó que el nutricionista dietista trabaja de forma integrada con médicos, trabajadores sociales y terapistas, tomando en cuenta el historial médico completo, los laboratorios, el tipo de tratamiento y —un detalle que subrayó con énfasis— los gustos y preferencias del paciente.
"Uno le puede dar la recomendación, pero si al paciente no le gusta, no lo come, no tiene acceso, entonces también hay que buscar ese ente holístico para poder ayudar", señaló. En esa búsqueda de soluciones reales y accesibles, el nutricionista ve en la creatividad culinaria un recurso terapéutico adicional:
"Es momento dentro del proceso que el paciente se vuelve un poco creativo en la medida que tenga ese ánimo, porque así uno lo desenfoca de su proceso."
Al consultarle sobre si ciertos alimentos pueden favorecer la progresión de la enfermedad, Candelario fue cauto pero directo.
Citó la evidencia científica en construcción sobre el consumo excesivo de azúcar refinada, alimentos ultraprocesados y frituras, sin caer en prohibiciones absolutas: "Lo mucho, en exceso, es dañino. La palabra prohibir, en mi caso, no me gusta utilizarla. Si no, es poder tener un consono, un respaldo de cuando vamos a consumir alimentos, vamos a tener un poquito de cautela."
El especialista también mencionó los cambios en el paladar que suelen acompañar ciertos tratamientos oncológicos —como una sensación metálica o amarga—, lo que requiere adaptar recetas y sabores de forma continua y creativa.