Un ensayo clínico con más de 400 sobrevivientes de cáncer encontró que un programa de yoga de cuatro semanas ayudó a disminuir la ansiedad, la fatiga y los trastornos del sueño, frente a quienes recibieron solo atención estándar.

Para muchos sobrevivientes de cáncer, el final del tratamiento no significa el fin de los efectos secundarios. Meses o incluso años después, pueden persistir problemas físicos y emocionales como insomnio, fatiga y alteraciones del estado de ánimo.
Un nuevo ensayo clínico, financiado por el National Cancer Institute y publicado en el Journal of Clinical Oncology, analizó el impacto de una intervención de yoga en estos pacientes y encontró beneficios significativos frente a la atención habitual.
La investigación comparó a 204 sobrevivientes de cáncer que recibían atención estándar con 206 sobrevivientes que, además, participaron en el programa Yoga for Cancer Survivors (YOCAS). La mayoría de los participantes eran sobrevivientes de cáncer de mama.
El programa tuvo una duración de cuatro semanas e incluyó dos tipos de yoga: hatha (más activo) y restaurativo (más pasivo), combinando movimientos suaves, ejercicios de respiración y mindfulness.
Los participantes practicaron yoga aproximadamente 180 minutos por semana, distribuidos en tres sesiones.
Al finalizar el estudio, quienes participaron en el programa de yoga reportaron mejoras en el estado de ánimo, la ansiedad y la fatiga, mientras que el grupo de atención estándar no mostró cambios similares.
Los investigadores destacaron además que la mejoría del insomnio podría estar relacionada con los cambios en el estado de ánimo y la fatiga.
En el estudio se señala que estos síntomas son "dos de los efectos secundarios más generalizados y preocupantes que experimentan los sobrevivientes de cáncer durante años después de completar los tratamientos adyuvantes", según el estudio publicado en el Journal of Clinical Oncology
La doctora Fumiko Chino, investigadora en cáncer del MD Anderson Cancer Center, destacó el valor del hallazgo:
"Es un avance importante porque ofrece a los sobrevivientes, que probablemente ya están manejando múltiples medicamentos, una solución no farmacológica para reducir cuatro efectos secundarios diferentes a la vez".
Timothy Pearman, Ph.D. del Robert H. Lurie Comprehensive Cancer Center, señaló que los resultados no fueron sorprendentes "El yoga es una de las intervenciones más estudiadas y validadas para el manejo de la fatiga relacionada con el cáncer, la alteración del estado de ánimo y la salud física en general".
También resaltó que el yoga es adaptable a distintos niveles físicos, "Las prácticas pueden modificarse para que cualquier persona pueda participar, incluso quienes tienen limitaciones físicas importantes".
Además, destacó su bajo costo y accesibilidad: "Todo lo que necesitas es una esterilla y alguien que te enseñe cómo hacerlo".
La trabajadora social clínica Shari Botwin, sobreviviente de cáncer de tiroides, aseguró que el yoga ha sido una herramienta transformadora en su proceso de recuperación.
También explicó que muchos pacientes enfrentan depresión y culpa del sobreviviente, y que la práctica puede ayudarles a construir un entorno de apoyo y autocompasión.
"Nos ayuda a movernos hacia un lugar de autocompasión en lugar de vergüenza y autoodio", afirmó.
Los investigadores concluyen que el yoga puede ser una herramienta efectiva para mejorar simultáneamente varios síntomas comunes en sobrevivientes de cáncer, especialmente insomnio, fatiga y alteraciones del estado de ánimo, ofreciendo una alternativa complementaria a los tratamientos médicos tradicionales.