Un panel de expertos reunido con motivo del Día Mundial de Concienciación de la Leucemia Mieloide Aguda destacó los avances sin precedentes en terapias dirigidas, la importancia del apoyo psicológico y las barreras que aún enfrenta el sistema de salud en Puerto Rico.

Con motivo del Día Mundial de Concienciación de la Leucemia Mieloide Aguda (LMA), el Dr. Alexis Cruz Chacón, hematólogo oncólogo; la nurse practitioner Siulmary De Jesús; y el Dr. Gilberto Figueroa Correa, psicólogo clínico y sobreviviente de la enfermedad, se reunieron en un panel organizado por Revista MSP para discutir los avances clínicos, el impacto emocional y los retos humanos que rodean a esta condición.
Hace apenas una década, el panorama para los pacientes de LMA era significativamente más limitado. El Dr. Cruz Chacón explicó que cuando se formó como hematólogo oncólogo, el tratamiento se reducía esencialmente a quimioterapia intensiva, y para quienes no podían tolerarla, las alternativas eran escasas.
"El tratamiento que había disponible era una droga conocida como azacitidina o decitabina y la tasa de respuesta, la probabilidad de responder esa droga era cerca de un 20% y si respondías, la probabilidad de que esa respuesta durara más de un año era bien bajita", señaló el especialista.
Hoy, ese escenario ha cambiado radicalmente. En los últimos diez años se han aprobado más de diez medicamentos para la LMA, la mayoría de ellos terapias dirigidas que actúan directamente sobre las mutaciones genéticas asociadas a la enfermedad. Entre los avances más significativos se encuentran fármacos que, combinados con los tratamientos anteriores, han elevado las tasas de respuesta de forma notable.
"Combinando estas terapias dirigidas con ese mismo tratamiento que se usaba antes, estamos logrando ahora que esos pacientes respondan más de un 60%", afirmó el Dr. Cruz Chacón.
Además, muchos de estos nuevos medicamentos son de administración oral, lo que representa un cambio sustancial en la calidad de vida del paciente. "Estos medicamentos son orales.
Eso permite que el paciente continúe tomándoselo en la casa y eso te da opciones incluso de terapia de mantenimiento, de estrategias para evitar que la enfermedad vuelva", explicó el médico. En algunos casos, incluso se puede lograr que el paciente se mantenga libre de enfermedad por períodos prolongados sin necesidad de un trasplante.
El Dr. Figueroa Correa aportó al panel una perspectiva única: la de quien vivió el diagnóstico y el tratamiento desde adentro. Fue el tercer paciente en ingresar a un protocolo de investigación en una universidad de Texas, en el que se comparaba la inmunoterapia con la quimioterapia convencional. Aunque esperaba ser asignado al grupo de inmunoterapia por implicar menos tiempo de tratamiento, le correspondió la quimioterapia. "Eso para mí fue otro balde de agua fría", recordó.
Su experiencia ilustra también las complejidades emocionales del proceso. A diferencia de su primo, quien recibía tratamiento para un cáncer de mandíbula y podía regresar a su hogar entre sesiones, él debía permanecer hospitalizado. "Yo no podía decir, pues mira, doctor, yo me voy para mi casa y dame el tratamiento también ambulatorio. Eso no podía pasar y eso también para mí fue bien retante", relató.
La dimensión psicológica fue un eje central del panel. El Dr. Figueroa Correa describió una "carga emocional invisible que no aparece en los análisis, pero pesa igual o más que los síntomas físicos".
Entre los principales desafíos psicológicos identificó el miedo intenso a la muerte, la pérdida abrupta del sentido de control, la incertidumbre constante y el aislamiento derivado de las estadías hospitalarias prolongadas. A esto se suma, dijo, "una carga significativa de fatiga emocional, ya que el tratamiento es exigente e inmediato", lo que deja poco espacio para procesar lo que ocurre.
Por su parte, De Jesús subrayó que en su rol de nurse practitioner el acompañamiento continuo es parte fundamental del tratamiento. "Yo siempre les digo a ellos, tú hazme las preguntas que tú quieras, que yo te voy a contestar la misma pregunta con el mismo respeto que me la hiciste el primer día", afirmó.
A pesar de los avances científicos, los especialistas coincidieron en que existen obstáculos importantes fuera del ámbito biológico. La aprobación de medicamentos por parte de los planes médicos —especialmente en Puerto Rico, donde la mayoría de los pacientes dependen de seguros gubernamentales— representa uno de los mayores retos. "Hay veces que tú quisieras darle al paciente el tratamiento con esta droga nueva que está aprobada y salió, pero pues el plan no la aprueba", lamentó el Dr. Cruz Chacón.
El retraso en la autorización de fármacos orales puede tener consecuencias directas sobre la evolución de la enfermedad. "Ese tiempo que el paciente está esperando que le aprueben el medicamento, la enfermedad puede progresar y todo eso nos puede echar el progreso del paciente para atrás", advirtió el hematólogo oncólogo.
De cara a la próxima década, el panel coincidió en que la inteligencia artificial y la investigación clínica son los pilares sobre los que se construirá la esperanza. El Dr. Cruz Chacón mencionó que herramientas de IA ya han sido utilizadas para desarrollar sistemas de puntuación pronóstica, como el IPSS en el síndrome mielodisplásico —condición que puede preceder a la LMA—, integrando datos de mutaciones genéticas. No obstante, fue enfático: "La inteligencia artificial no va a sustituir al médico. Pero yo creo que nos facilita, nos da buenas herramientas para poder evaluar mejor ese paciente."
El Dr. Figueroa Correa cerró el panel con una reflexión que resumió el espíritu del encuentro: al haber participado en un protocolo de investigación, contribuyó a que una pregunta científica pudiera responderse. "Cuando salgan los resultados, él puede sentirse contento de que, mira, yo contribuí a que esta pregunta de los médicos se pudiera contestar", destacó Cruz Chacón sobre la experiencia del sobreviviente.
Los tres panelistas coincidieron en el mensaje final: hay esperanza, y esa esperanza se sostiene sobre la ciencia, el trabajo en equipo, la investigación activa y, sobre todo, el trato humano que ninguna tecnología podrá reemplazar.