Especialista explicó por qué esta enfermedad silenciosa es una de las principales causas de ceguera irreversible en el mundo, y cómo el diagnóstico temprano puede cambiar el curso de una vida.
El glaucoma es, en esencia, una trampa silenciosa. La mayoría de quienes lo padecen no lo saben. No duele, no produce ardor ni visión borrosa en sus etapas iniciales. Simplemente avanza.
La doctora Chahín lo explicó con claridad desde el comienzo: "El glaucoma se conoce como un proceso de daño neurodegenerativo del nervio óptico, el cable que conecta el ojo con el cerebro." En la mayoría de los casos, ese daño está impulsado por un aumento de la presión intraocular provocado por una falla en el sistema de drenaje del líquido que produce el ojo.
"Cuando hay una alteración en este equilibrio, ya sea por algo mecánico que esté obstruyendo, por algo funcional que no esté haciendo su trabajo, el drenaje, es cuando ese líquido se empieza a acumular dentro del ojo y por ende aumenta la presión intraocular", detalló la especialista.
La doctora Chahín describió las principales variantes de la enfermedad. La más extendida a nivel mundial es el glaucoma primario de ángulo abierto, en el que el sistema de drenaje funciona, pero de forma deficiente. "Este no causa ningún tipo de sintomatología. El paciente nunca va a tener ardor, picazón. Ni dolor de cabeza, nada. Suele ser un hallazgo casual en la consulta con el oftalmólogo."
En contraste, el glaucoma de ángulo cerrado, aunque menos frecuente, puede presentarse con síntomas severos. "El paciente puede incluso tener hasta náuseas, el ojo rojo, vómito, lo refiero como el peor dolor de su vida", señaló la especialista al describir una crisis aguda.
Existen además glaucomas secundarios a traumatismos o enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, y el llamado glaucoma de presión normal, vinculado a alteraciones vasculares que afectan el riego del nervio óptico.
La especialista fue enfática en que el glaucoma es una enfermedad multifactorial. Entre los factores de riesgo mencionó la edad —con mayor prevalencia a partir de los 40 años—, los antecedentes familiares de primer grado, y condiciones sistémicas como la hipertensión, la diabetes, la apnea obstructiva del sueño y la migraña.
"Si usted tiene antecedentes familiares de primer grado —mamá, papá, hermanos— son pacientes que tienen una predisposición mucho más aumentada a la población en general, de cuatro a diez veces más frecuente", advirtió.
También llamó a revisar hábitos: "El control estricto de alcohol y cigarrillo, porque estos sí son componentes que pueden empeorar la enfermedad."
Ante la pregunta más temida por los pacientes, la doctora Chahín fue directa pero esperanzadora: "El curso normal de la enfermedad es la ceguera de manera progresiva. ¿Dónde nosotros entramos en el juego los glaucomatólogos? Cualquier característica que se salga de lo común, cualquier hallazgo, poder detectarlo a tiempo para prevenir y cortar con ese avance."
Y añadió: "Mientras más temprano uno detecta el glaucoma, no tiene por qué quedarse ciego. Hay todo un escalón de tratamiento que nosotros podemos hacer uso. Mientras más temprano, más opciones hay."
El arsenal terapéutico actual incluye desde terapias láser —que mejoran el drenaje sin necesidad de medicamentos— hasta gotas oftálmicas y procedimientos mínimamente invasivos. Las cirugías más agresivas, como la trabeculectomía, quedan reservadas para casos avanzados o refractarios.
En cuanto a la inteligencia artificial, la doctora no dudó: "La inteligencia artificial, como digo yo, llegó para quedarse." Explicó que hoy existen dispositivos que analizan imágenes del nervio óptico en campañas de alto volumen, permitiendo identificar casos sospechosos incluso en poblaciones con difícil acceso a consultas especializadas.
Uno de los puntos más llamativos de la entrevista fue la mención del glaucoma congénito. "Ese va a ser un bebé que va a tener un ojo abultado, grande, se va a ver opaco... va a estar lagrimeando constantemente y es un bebé que siempre va a querer tener el ojito cerrado y le va a molestar mucho la luz", describió la especialista, subrayando que se trata de una emergencia médica.
También existen formas infantiles y juveniles de la enfermedad, que según Chahín "progresan abismalmente más rápidamente que en pacientes con edad avanzada", razón por la cual el tratamiento quirúrgico suele ser inmediato.