Un rostro asimétrico, la pérdida repentina de fuerza o una dificultad inesperada para hablar pueden ser señales de un accidente cerebrovascular. Identificarlas y acudir de inmediato a urgencias puede evitar daños irreversibles en el cerebro.

El accidente cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica en la que el tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación favorable y una discapacidad permanente. Aunque muchas personas asocian esta condición únicamente con la parálisis de un lado del cuerpo, existen otros síntomas menos conocidos que también requieren atención inmediata, como la visión borrosa, la pérdida del equilibrio o la dificultad para expresarse.
Cuando el flujo de sangre hacia el cerebro se interrumpe, las células nerviosas dejan de recibir oxígeno y nutrientes. Esta situación puede producirse porque una arteria se obstruye con un coágulo —lo que se conoce como ACV isquémico— o porque un vaso sanguíneo se rompe y provoca una hemorragia cerebral.
En ambos casos, el tejido cerebral empieza a lesionarse rápidamente, por lo que retrasar la consulta médica disminuye las posibilidades de recibir tratamientos efectivos.
Para facilitar el reconocimiento de un posible ACV existe una regla sencilla: CORRE, una palabra que resume los principales síntomas de alarma.
Cara: un lado del rostro se cae o la sonrisa se ve desigual.
Ojos: aparece pérdida súbita de la visión o visión borrosa.
Rápida debilidad: un brazo, una pierna o un lado del cuerpo pierde fuerza o sensibilidad de forma inesperada.
Raro al hablar: la persona comienza a hablar enredado, no logra pronunciar palabras o tiene dificultad para comprender.
Emergencias: ante cualquiera de estos signos se debe buscar atención médica inmediata, sin esperar a que desaparezcan.
También es importante prestar atención a una pérdida brusca del equilibrio o de la coordinación, ya que puede formar parte del cuadro clínico.
Los especialistas disponen de un periodo aproximado de 4,5 horas desde el inicio de los síntomas para aplicar tratamientos que, dependiendo del tipo de ACV, pueden restablecer el flujo sanguíneo o controlar la hemorragia.
Actuar durante este intervalo puede reducir considerablemente el daño cerebral y disminuir el riesgo de secuelas permanentes.
La mayoría de los accidentes cerebrovasculares están relacionados con factores que pueden identificarse y tratarse. La hipertensión arterial, la fibrilación auricular, la diabetes mellitus, la obesidad y el sedentarismo figuran entre los principales.
Para disminuir el riesgo, las recomendaciones incluyen mantener la presión arterial controlada, realizar actividad física de forma regular, seguir una alimentación saludable —como la dieta mediterránea—, abandonar el tabaquismo y tratar oportunamente las enfermedades cardiovasculares.
No recibir atención dentro de las primeras horas puede traducirse en complicaciones graves, como parálisis, alteraciones del lenguaje, pérdida de sensibilidad, deterioro cognitivo o incluso la muerte.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el accidente cerebrovascular representa más del 10% de las muertes registradas cada año en el mundo, una cifra que refuerza la importancia de reconocer sus síntomas y actuar con rapidez ante cualquier sospecha.