La Dra. Kenira Thompson García, nueva presidenta de Ponce Health Sciences University, ha dedicado más de dos décadas a la investigación científica en Puerto Rico.

La Dra. Kenira J. Thompson García, neurocientífica y nueva presidenta de Ponce Health Sciences University (PHSU), ha construido durante más de dos décadas una trayectoria vinculada a la investigación, la educación en ciencias de la salud y el desarrollo científico en Puerto Rico. Desde que se incorporó a la institución en 2005, ha ocupado diferentes responsabilidades académicas y de liderazgo, entre ellas decana de Investigación, vicepresidenta de Investigación y presidenta del Ponce Research Institute.
Su formación combina la neurociencia conductual con la investigación biomédica y la gestión académica. Obtuvo su maestría y doctorado en Neurociencia Conductual en la University of Wisconsin-Milwaukee, realizó estudios posdoctorales en la University of Texas at San Antonio y posteriormente obtuvo un MBA de Judge Business School de la University of Cambridge. Actualmente mantiene rango de profesora en los departamentos de Ciencias Básicas, Psiquiatría y Psicología Clínica de PHSU.
Su recorrido científico también está estrechamente relacionado con el estudio del aprendizaje y la memoria, áreas que forman parte de las líneas de investigación que aparecen asociadas a su trayectoria en el Ponce Research Institute.
Hablar de memoria implica adentrarse en una de las funciones más complejas del cerebro. Recordar no consiste simplemente en almacenar una fotografía de lo ocurrido. Las experiencias son procesadas, asociadas a determinados contextos y pueden modificarse con el paso del tiempo.
En este entramado participa el hipocampo, una estructura cerebral fundamental para diferentes procesos de aprendizaje y memoria. La investigación científica ha mostrado, además, que determinados recuerdos relacionados con el miedo pueden estar asociados a contextos específicos y que su recuperación depende de circuitos cerebrales que pueden cambiar con el tiempo.
La trayectoria investigativa de Thompson incluye trabajos relacionados directamente con el hipocampo y los mecanismos celulares y moleculares involucrados en el aprendizaje. En una investigación publicada en Ethnicity & Disease, por ejemplo, participó en el estudio de la expresión de transportadores de glutamato en el hipocampo durante las primeras etapas de una tarea de aprendizaje espacial en modelos animales.
El trabajo utilizó el laberinto acuático de Morris para estudiar diferentes etapas del aprendizaje espacial y analizar cambios asociados a transportadores de glutamato. Estos mecanismos son relevantes porque el glutamato participa en la comunicación entre neuronas y en procesos relacionados con la plasticidad sináptica.
Su producción científica también ha abordado la relación entre mecanismos del hipocampo, plasticidad neuronal y memoria. En 2004, Thompson participó en una investigación sobre la potenciación a largo plazo —LTP, por sus siglas en inglés— en la vía de fibras musgosas-CA3 del hipocampo, un mecanismo ampliamente estudiado en relación con la plasticidad neuronal y el aprendizaje.
El miedo ofrece una ventana particularmente interesante para comprender cómo funciona la memoria.
Una experiencia asociada con una amenaza puede generar un aprendizaje que posteriormente hace que determinados estímulos, lugares o circunstancias activen una respuesta de temor. En la investigación neurocientífica, este proceso se estudia mediante paradigmas de condicionamiento del miedo, que permiten analizar cómo se adquieren, recuperan y modifican determinados recuerdos emocionales.
El hipocampo participa especialmente en la dimensión contextual de estos recuerdos. No se trata únicamente de recordar que algo ocurrió, sino también de reconocer dónde, cuándo o bajo qué circunstancias ocurrió.
Por eso, una experiencia puede adquirir un significado que trasciende el momento en que sucedió. Un lugar, un sonido, una imagen o incluso una situación determinada pueden convertirse posteriormente en señales capaces de recuperar una memoria asociada a una experiencia negativa.
La investigación financiada por el National Institute of Mental Health ha mostrado que los circuitos relacionados con la recuperación de recuerdos de miedo pueden cambiar con el tiempo. Estudios en animales han encontrado que una memoria antigua puede ser recuperada mediante circuitos diferentes de los utilizados cuando esa memoria era reciente.
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación sobre memoria emocional es el fenómeno conocido como extinción del miedo.
Cuando una persona se expone repetidamente a un estímulo que anteriormente provocaba miedo, pero esta vez sin que ocurra la consecuencia negativa esperada, la respuesta de temor puede disminuir.
Sin embargo, esto no necesariamente significa que el recuerdo original haya sido eliminado.
El NIMH señala que la evidencia experimental indica que la extinción puede implicar la formación de un nuevo aprendizaje que compite con la memoria original o la inhibe. Esto ayuda a explicar por qué una respuesta de miedo puede reaparecer posteriormente, un fenómeno conocido como recuperación espontánea.
Desde esta perspectiva, la memoria no funciona como un archivo inmutable. Cada recuperación puede interactuar con nueva información y con el contexto en el que el recuerdo vuelve a aparecer.
La ciencia contemporánea ha encontrado incluso evidencia de que determinadas poblaciones de neuronas vinculadas a la adquisición de una memoria de miedo pueden diferenciarse de aquellas asociadas con el aprendizaje de extinción. En estudios realizados en ratones, estos circuitos mostraron comportamientos distintos durante la formación, extinción y recuperación espontánea de la memoria de miedo.
La trayectoria de Kenira Thompson permite observar cómo estas preguntas científicas también han sido abordadas desde Puerto Rico.
En la Conferencia de Neurociencia de Puerto Rico de 2012, Thompson participó como coautora de un trabajo sobre el efecto crónico del BDNF —factor neurotrófico derivado del cerebro— en el aprendizaje espacial dependiente del hipocampo. El estudio fue presentado dentro del área de neuroquímica y neurobiología.
Su producción científica también incluye investigaciones sobre los cambios en la expresión genética del hipocampo después de la irradiación cerebral en modelos animales, un campo relacionado con los mecanismos que pueden afectar procesos cognitivos como el aprendizaje y la memoria.
En conjunto, estos trabajos muestran una línea de investigación que se ha acercado al cerebro desde diferentes niveles: desde la actividad neuronal y la plasticidad sináptica hasta los mecanismos moleculares relacionados con el aprendizaje y la memoria.
Pero comprender el miedo no implica solamente describir qué ocurre entre neuronas.
También significa preguntarse qué representa para una persona vivir con un recuerdo que continúa influyendo sobre su presente.
Aquí aparece la mirada de las Humanidades Médicas: el punto de encuentro entre la ciencia que estudia el organismo y las preguntas humanas sobre la experiencia, la memoria, el sufrimiento y la posibilidad de transformar aquello que nos ha marcado.
La neurociencia puede explicar circuitos, moléculas, estructuras cerebrales y mecanismos de aprendizaje. Pero la experiencia humana de recordar va más allá de una descripción biológica.
Un recuerdo puede modificar la manera en que una persona interpreta un lugar, establece una relación, enfrenta una situación o anticipa el futuro.
Desde esta perspectiva, comprender el cerebro también implica comprender al ser humano que habita ese cerebro.
La historia científica de Kenira Thompson se desarrolla precisamente en ese territorio donde el aprendizaje, la memoria y la experiencia se encuentran.
Su llegada a la presidencia de Ponce Health Sciences University en 2026 representa una nueva etapa de liderazgo después de 21 años vinculada a la institución. La universidad destaca su trayectoria en investigación, educación, mentoría y desarrollo de iniciativas orientadas a atender las disparidades de salud.
En ese recorrido, el cerebro aparece no solamente como un órgano que puede ser estudiado en el laboratorio, sino como el lugar donde las experiencias adquieren significado.
Porque recordar no significa simplemente conservar el pasado.
En cierta medida, significa permitir que una experiencia continúe dialogando con el presente.
Y cuando esa experiencia está acompañada por miedo, comprender cómo se construye, recupera y modifica la memoria puede abrir una puerta hacia una pregunta profundamente humana: ¿hasta qué punto aquello que vivimos determina lo que seguimos sintiendo?
La ciencia todavía continúa explorando esa respuesta. Pero cada avance en el estudio del hipocampo, la memoria y los circuitos del miedo permite comprender un poco mejor la compleja relación entre el cerebro, la experiencia y la identidad humana.