Refrescos, ultraprocesados y proteína: alertan sobre su impacto en la salud renal y la alimentación

Especialista advierte que los refrescos oscuros, el exceso de sodio y el consumo desmedido de proteína —incluidos suplementos y ultraprocesados— pueden afectar la salud renal. Recomienda personalizar la alimentación y priorizar la lectura de etiquetas nutricionales.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Refrescos, ultraprocesados y proteína: alertan sobre su impacto en la salud renal y la alimentación

    La alimentación cumple un papel determinante en la salud y el bienestar. Sin embargo, en la dieta cotidiana abundan productos procesados que, aunque de consumo frecuente, pueden tener efectos negativos cuando se mantienen como hábito.

    Así lo explicó la licenciada Roxana Tosca, Presidenta del Colegio de Nutricionistas y Dietistas de Puerto Rico, quien abordó en entrevista los principales riesgos asociados a bebidas, ultraprocesados y el consumo de proteína, especialmente en pacientes con enfermedad renal.

    La especialista explicó que los alimentos procesados y bebidas como los refrescos están ampliamente presentes en la dieta actual, pero no todos tienen el mismo impacto.

    En el caso de pacientes renales, recomendó evitar los refrescos oscuros, ya que son altos en fósforo, un mineral que debe controlarse estrictamente en este tipo de pacientes. En contraste, los refrescos claros son preferibles, aunque no dejan de tener azúcar.

    "En el caso de los pacientes renales... preferimos que sean refrescos claros", explicó.

    Aun así, enfatizó que lo ideal no es el tipo de gaseosa, sino la moderación en la cantidad.

    Cantidad y sustitutos: el equilibrio es clave

    La licenciada señaló que no es lo mismo consumir pequeñas porciones (4 a 6 onzas) que grandes cantidades de refresco.

    Sobre alternativas como bebidas gaseosas tipo "bretaña", indicó que pueden ser opción, pero siempre considerando la cantidad y el contexto del paciente, así como el uso de edulcorantes o endulzantes artificiales.

    "Hay que escoger las batallas y también los venenos", citó la especialista, resaltando la importancia del balance individualizado.

    Proteína: ni exceso ni moda

    En cuanto a la alimentación, aclaró que no existen alimentos "buenos o malos" en términos absolutos, sino que todo depende del estadio de la enfermedad renal.

    Uno de los puntos más importantes es el consumo de proteína, ya que el riñón es el encargado de filtrarla. Por eso, en estadios tempranos (1 y 2), se recomienda un consumo de 0.6 a 1 gramo de proteína por kilogramo de peso, mientras que en pacientes en diálisis puede aumentar entre 1 a 1.2 gramos por kilogramo de peso.

    También advirtió sobre la moda de los alimentos y suplementos "altos en proteína", señalando que su uso indiscriminado puede sobrecargar el riñón.

    Ultraprocesados y sodio: el riesgo silencioso

    La especialista advirtió que productos como embutidos (salchichas, jamón y otros ultraprocesados) contienen proteína, pero su principal problema es el alto contenido de sodio.

    En pacientes renales —y también en personas con hipertensión— es clave controlar este componente, ya que está presente en gran parte de los alimentos por su uso como saborizante y conservante.

    Según explicó, cuando una etiqueta supera ciertos niveles de sodio, se considera alta, y en pacientes renales se recomienda mantener el consumo diario por debajo de los límites establecidos.

    Etiquetas nutricionales: el truco de los ingredientes

    Leer etiquetas puede resultar confuso, incluso para profesionales, pero la experta compartió una guía sencilla:

    Los primeros tres ingredientes de un producto son los predominantes. Si en esa lista aparecen azúcar o sal, es un indicador de alto contenido de estos componentes.

    También mencionó que existe la creencia de que si un producto tiene más de cinco ingredientes no debería consumirse, aunque aclaró que lo importante es analizar la calidad de esos componentes.

    Alimentación personalizada y prevención

    La licenciada enfatizó que la alimentación debe ser individualizada, especialmente en pacientes renales que muchas veces también son diabéticos.

    La recomendación principal es acudir a un nutricionista dietista que pueda calcular requerimientos específicos según el estadio de la enfermedad, con el objetivo de evitar su progresión.

    Aunque la nutrición no revierte la enfermedad renal, sí puede ayudar a retrasar su avance y, en muchos casos, mantenerla en etapas tempranas por más tiempo.

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