La enfermedad renal crónica en pediatría está subdiagnosticada en todo el mundo. Especialistas advierten que los síntomas suelen aparecer cuando ya es demasiado tarde, y que herramientas simples y baratas podrían salvar vidas.

La enfermedad renal crónica en niños es considerada un problema de salud pública mundial que pasa desapercibido durante años. A diferencia de otras patologías, no presenta síntomas en sus etapas iniciales, lo que la convierte en una de las enfermedades más subdiagnosticadas en pediatría. Así lo explicó la Dra. Mavel Almonte, nefróloga pediátrica durante una ponencia cubierta por la revista Medicina y Salud Pública.
Las cifras son contundentes: un niño con enfermedad renal tiene una mortalidad que supera entre el 30 y el 50% a la de la población general. Y sin embargo, la mayoría de los diagnósticos llegan cuando el daño ya es irreversible.
"Es una enfermedad que no presenta síntomas, o sea, los niños —y los adultos también— van a presentar síntomas ya cuando estamos en etapas avanzadas o ya terminales", advierte la especialista. "Entonces aquí es donde debemos detenernos y hacer un diagnóstico temprano."
Mientras que en adultos la principal causa de enfermedad renal es la diabetes tipo 2, en los niños predominan las malformaciones congénitas y las anomalías de las vías urinarias. Le siguen las glomerulopatías —como el síndrome nefrótico—, las enfermedades hereditarias como la poliquistosis renal, y enfermedades sistémicas como el lupus.
Un factor que preocupa especialmente a los especialistas es el de los bebés prematuros o de bajo peso al nacer. Estos pacientes, que en muchos casos reciben medicamentos nefrotóxicos durante su hospitalización, quedan sin seguimiento posterior y desarrollan daño renal años más tarde sin que nadie lo relacione con sus antecedentes.
"A veces tenemos adolescentes o adultos que no encuentras la causa de la enfermedad renal. Y cuando tú preguntas a qué edad nació, te dicen: nació de 30 semanas y duró 25 días en la UCI. O sea, ese paciente debió tener seguimiento desde su alta de la unidad de cuidados intensivos."
Uno de los mensajes más urgentes de los especialistas es que los padres y médicos de primer contacto aprendan a reconocer señales tempranas que suelen atribuirse a otras causas.
“El retraso en el crecimiento es la manifestación más importante. Un niño que no gana peso ni talla de forma adecuada debe ser evaluado. A esto se suman la orina espumosa —que los padres raramente observan—, levantarse de noche a orinar después de haber dejado el pañal, anemia sin causa aparente, fatiga y bajo rendimiento escolar.”
La historia de un adolescente hospitalizado ilustra la situación: "Cuando fue al baño le dije: no bajes el inodoro. Y cuando veo, estaba lleno de espuma. ¿Cuánto tiempo tienes orinando así? Dos semanas, doctora. Pero como es una adolescente, los papás no van al baño a ver cómo orina, y para ellos eso era normal."
Los especialistas insisten en que el examen general de orina, una prueba económica y accesible, debería realizarse a todo niño al menos una vez al año. Como lo resumió uno de los maestros de la especialidad citado en la conferencia: "el examen de orina es la biopsia del pobre", porque ofrece datos valiosos sobre la función renal sin necesidad de procedimientos invasivos.
La presencia de proteínas en la orina, en particular, es una señal de alerta que exige derivación inmediata al especialista.
También se destaca la importancia de tomar la presión arterial en cada consulta pediátrica y de monitorear el crecimiento con curvas actualizadas. "No puede ser que un niño vaya a un pediatra y el pediatra no le tome la presión arterial", señala la médica.
Un caso reciente graficó los riesgos del uso indiscriminado de antiinflamatorios. Un joven que tomó diclofenaco por dolores musculares —relacionados con el ejercicio en el gimnasio— llegó al hospital con una creatinina de 15, en medio de una insuficiencia renal aguda grave. Fue tratado con diálisis y logró recuperarse, pero el episodio pone en evidencia un problema extendido.
"Un paracetamol puede causar lesión renal. Entonces hay que ser muy cuidadosos con lo que vamos a indicar, porque sí, vamos a curar un síntoma, pero tenemos que tener siempre pendiente el efecto secundario que puede tener ese medicamento."
Japón, señalado como ejemplo en la conferencia, realiza tamizaje universal de orina a todos los niños antes de ingresar a la escuela. Esta estrategia ha permitido detectar casos de glomerulonefritis en etapas tempranas, cuando aún es posible intervenir eficazmente.
Los especialistas insisten en que no se necesitan grandes recursos para avanzar en el diagnóstico precoz: identificar pacientes de alto riesgo, educar a las familias, solicitar un examen de orina de rutina y medir la presión en cada consulta son acciones al alcance de cualquier sistema de salud.