El Dr. José Pons analiza cómo el espectáculo del artista puertorriqueño en el medio tiempo del Super Bowl activó respuestas neurológicas y emocionales en 143 millones de espectadores, convirtiéndose en un fenómeno cultural sin precedentes.

La presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl del pasado domingo no solo rompió récords de audiencia con 143 millones de espectadores, sino que desató una ola de reacciones emocionales que trascendieron idiomas, culturas y generaciones.
Mientras algunos espectadores latinoamericanos lloraban de emoción, otros en China y Japón bailaban al ritmo del reggaetón sin entender una palabra de español. ¿Qué mecanismos cerebrales explican este fenómeno global?
En una entrevista exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública, el Dr. José Pons, especialista en psicología forense y clínica, desglosó desde una perspectiva científica el impacto neurológico y emocional que tuvo la presentación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl, un espectáculo que alcanzó a 143 millones de personas y que continúa generando reacciones a nivel mundial.
Según el Dr. Pons, el éxito de Bad Bunny no radica únicamente en su música, sino en su capacidad de crear narrativas que resuenan profundamente con la identidad cultural de su audiencia.
"Este artista ha encontrado con su equipo el modo de crear historias. Los conciertos de Bad Bunny son eventos que transportan a las personas junto con su música a una serie de memorias, trae valores culturales, valores sociales, tanta simbología y factores que son importantes en nuestra vida y en nuestra historia colectiva", explicó el especialista.
El experto enfatizó que lo presentado el domingo no fue simplemente un concierto tradicional: "Yo vi un espectáculo con unas raíces culturales y sociales tan profundas que despertó en el congresista [Andy Ogles] una amenaza de identidad social y psicológica".
El Dr. Pons detalló cómo el cerebro humano procesa y responde a estímulos musicales complejos como los presentados en el espectáculo de 13 minutos.
"El ser humano tiene un sistema de neurorreceptción que le permite recibir la información que nos viene del ambiente externo, interpretarle, sacarle el sentido y relacionarla con lo que estamos mirando. En este espectáculo, ese proceso de neurorreceptción se jugó perfectamente bien", señaló.
El especialista explicó que la combinación de elementos visuales —desde la representación del jíbaro y la casita de madera hasta la boda y los símbolos patrios— junto con los patrones rítmicos del reggaetón, creó una experiencia sensorial completa.
"Los patrones rítmicos crean una serie de sensaciones, a veces de expectativa. Es inevitable que uno no reaccione a una música que tiene un ritmo, que tiene una cadencia", añadió el Dr. Pons.
Uno de los aspectos más destacados del análisis fue cómo Bad Bunny utiliza su cuerpo y el espacio escénico para amplificar el impacto emocional.
"Bad Bunny no bailó mucho, pero cuando estaba encima de la casa, el paso preferido de él lo hacía y la gente se volvía loca. Lo único que él hacía era mantener el ritmo y con el pie derecho afirmar el downbeat. Él acentuaba el downbeat y eso magnificaba la configuración rítmica de la canción", detalló el Dr. Pons.
El experto destacó la inteligencia artística del cantante: "Él es muy genio en esas cosas. Él entiende intuitivamente el modo de utilizar su cuerpo y los ambientes que crea para generar en sus espectáculos las emociones, las sensaciones y las motivaciones que quiere crear".
Un fenómeno particularmente interesante que analizó el Dr. Pons fue cómo personas que no entienden español o que no están familiarizadas con el reggaetón experimentaron profundas reacciones emocionales.
"Estando yo en Estados Unidos salió la Macarena y los blancos bailaban Macarena. Así es que nuevamente yo me sostengo que esto es un asunto de identidad cultural y no es un asunto musical", afirmó.
El especialista comparó el impacto del reggaetón con otros movimientos musicales históricos: "Tienes el mismo efecto emocional que tuvo la bomba en una época, que tuvo el rock and roll en Estados Unidos, que tuvo el disco, la plena, la salsa, el merengue".
Respecto a las críticas del congresista republicano Andy Ogles, quien solicitó una investigación del Congreso por considerar el espectáculo "obsceno", el Dr. Pons ofreció una perspectiva psicológica reveladora.
"El show de Bad Bunny no fue verdaderamente intencional para hacer un escándalo cultural. Lo que pasó fue que se hizo una prueba psicológica colectiva y todo el mundo está proyectando su propia humanidad, sus prejuicios en contra de la cultura que se vio allí, que es una cultura que es parte de América", señaló.
El especialista comparó las críticas actuales con reacciones históricas a otros artistas: "Cualquier persona adulta vio a Elvis Presley moverse, vieron a Madonna tirarse al piso. Pero Elvis Presley era americano y Madonna británica, y son blancos. Ellos podían hacer eso y no salieron este tipo de críticas".
El análisis concluyó con una reflexión sobre el significado más amplio del evento para Puerto Rico y la cultura latina.
"Nosotros somos un país tan pequeño, pero nos hemos convertido a partir de ahora en una potencia cultural a nivel mundial", afirmó el conductor de la entrevista, a lo que el Dr. Pons respondió destacando el concepto de "capital social".
"Nosotros tenemos capital social. Tenemos la gente y tenemos los modos de elevar nuestra gente a través de la educación, a través de los medios. Es una cultura que no nos damos cuenta hasta que nos vamos a otros países y vemos las diferencias tan marcadas", concluyó el especialista.
El espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl no solo rompió récords de audiencia, sino que demostró cómo la música y la cultura pueden funcionar como puentes emocionales que trascienden idiomas, generaciones y fronteras geográficas, activando respuestas cerebrales universales mientras celebran identidades culturales específicas.