Expertos alertan que la exposición acumulativa a la luz azul emitida por dispositivos electrónicos podría aumentar el riesgo de cáncer de piel cuando se suma a otros factores.

Los diagnósticos de cáncer de piel continúan en ascenso a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), solo en 2022 se registraron aproximadamente 1,5 millones de nuevos casos, una cifra que refleja la importancia de identificar y controlar todos los factores de riesgo asociados a esta enfermedad.
Tradicionalmente, el cáncer de piel se ha vinculado con la exposición a rayos ultravioleta. Sin embargo, el Dr. José Aguilera, académico de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), advierte sobre otro elemento: la luz azul, que representa aproximadamente el 30% de la radiación solar en su punto máximo.
Lo preocupante es que esta radiación no proviene únicamente del sol. Los fluorescentes emiten 37% de luz azul, las luces LED blancas alrededor del 35%, y las pantallas de dispositivos móviles, tabletas y televisores pueden alcanzar hasta el 40%. "Todo es acumulativo", enfatiza Aguilera.
Una investigación de la farmacéutica japonesa Daiichi Sankyo expuso a ratones durante un año a diferentes tipos de luz. Los resultados revelaron que aquellos sometidos a luz azul desarrollaron NETosis, un proceso de muerte celular que puede derivar en cáncer de piel.
Sin embargo, los investigadores aclaran que estos hallazgos no significan que el uso cotidiano de celulares cause cáncer por sí solo, ya que los niveles de exposición en el experimento fueron extremadamente altos e ininterrumpidos. El riesgo real radicaría en la suma de factores.
Evitar completamente la luz azul resulta poco práctico en la era digital. Los expertos recomiendan adoptar hábitos preventivos como:
Limitar el tiempo frente a pantallas cuando sea posible
Usar protector solar de amplio espectro diariamente
Aplicar productos con antioxidantes que fortalezcan la barrera cutánea
Incorporar tratamientos dermatológicos que protejan contra radiación visible
Ningún producto garantiza prevención absoluta, pero su uso constante junto con control de la exposición puede minimizar los efectos acumulativos y reducir riesgos a largo plazo.