Dra. Marta Valcárcel: la pionera que transformó el cuidado neonatal en Puerto Rico

La especialista impulsó el desarrollo de la atención intensiva neonatal en Puerto Rico y defendió una filosofía institucional basada en no rechazar pacientes. Su trayectoria también estuvo marcada por la formación de nuevas generaciones de médicos y su intervención durante la evacuación del Hospital Pediátrico en 1987.

Jorge Mario Murillo González

    Dra. Marta Valcárcel: la pionera que transformó el cuidado neonatal en Puerto Rico

    La historia de la medicina neonatal en Puerto Rico está vinculada a profesionales que contribuyeron a transformar la atención de los recién nacidos, particularmente aquellos que enfrentaban complicaciones desde sus primeras horas de vida. Entre esas figuras se encuentra la Dra. Marta Valcárcel, quien impulsó el desarrollo de servicios especializados para atender a bebés que necesitaban vigilancia continua, asistencia respiratoria y cuidados médicos de alta complejidad.

    Su trayectoria fue recordada durante un conversatorio conmemorativo por los 50 años de historia académica del Departamento de Pediatría, celebrado como parte de un Grand Round del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Durante el encuentro, los participantes destacaron su aportación al desarrollo de la primera Unidad de Cuidado Intensivo Neonatal (NICU, por sus siglas en inglés) del Hospital Pediátrico, su rigor profesional y una filosofía de servicio que defendía la responsabilidad de atender a todos los pacientes que llegaban a la institución.

    El reconocimiento permitió recuperar no solamente los acontecimientos que marcaron su carrera, sino también el contexto médico e institucional en el que se desarrolló la neonatología puertorriqueña.

    Un hito en el desarrollo de la neonatología puertorriqueña

    Valcárcel se certificó en 1975 en el primer board de la subespecialidad de medicina neonatal-perinatal. Ese año representó un momento importante para la consolidación de la neonatología como campo especializado de la pediatría en Estados Unidos y sus territorios.

    La medicina neonatal-perinatal se concentra en la atención del recién nacido, especialmente cuando existen condiciones que comprometen su adaptación a la vida fuera del útero. Entre los problemas que atienden estos especialistas se encuentran la prematuridad, el bajo peso al nacer, las dificultades respiratorias, las infecciones, las alteraciones metabólicas y las complicaciones neurológicas.

    En aquella época, la atención de los bebés prematuros y de alto riesgo representaba uno de los mayores desafíos de la medicina pediátrica. La supervivencia de estos pacientes dependía de la capacidad de ofrecer soporte respiratorio, controlar la temperatura corporal, mantener una nutrición adecuada y vigilar continuamente sus funciones vitales.

    La década de 1970 fue particularmente importante para esta especialidad. Durante esos años comenzaron a desarrollarse y perfeccionarse métodos de ventilación mecánica neonatal y estrategias de presión positiva continua en las vías respiratorias, conocidas como CPAP. Estas herramientas permitieron mejorar el manejo de recién nacidos con dificultades para respirar.

    La evolución tecnológica también exigió profesionales con preparación específica para interpretar los cambios clínicos de pacientes extremadamente vulnerables y tomar decisiones oportunas.

    Tras regresar a Puerto Rico, Valcárcel promovió el desarrollo de la unidad neonatal mediante fondos federales. La iniciativa permitió fortalecer la capacidad del Hospital Pediátrico para recibir recién nacidos que necesitaban atención especializada y establecer un espacio dedicado a su cuidado intensivo, ubicado en el sexto piso de la institución.

    La creación y consolidación de este servicio representó un paso importante para el sistema hospitalario público, pues amplió las posibilidades de atender a bebés que requerían intervenciones que no podían ofrecerse mediante los servicios pediátricos convencionales.

    La importancia de contar con una unidad de cuidado intensivo neonatal

    Una NICU no es simplemente un área hospitalaria con incubadoras. Se trata de un entorno clínico especializado en el que cada intervención debe responder a las necesidades particulares del recién nacido.

    Los bebés prematuros, por ejemplo, pueden presentar inmadurez pulmonar, dificultades para regular su temperatura, problemas para alimentarse y mayor vulnerabilidad ante las infecciones. Algunos necesitan asistencia respiratoria mediante ventiladores, administración de oxígeno, nutrición intravenosa y vigilancia permanente.

    En los casos más complejos, el tratamiento requiere la participación coordinada de neonatólogos, enfermeras especializadas, terapeutas respiratorios, nutricionistas y otros profesionales de la salud.

    Durante las décadas de 1970 y 1980, el desarrollo de estas unidades permitió concentrar recursos humanos y tecnológicos para responder a condiciones que anteriormente representaban un desafío considerable para los hospitales.

    Uno de los avances que transformó posteriormente el tratamiento de los bebés prematuros fue la introducción de la terapia de reemplazo con surfactante pulmonar, durante la década de 1980. Esta sustancia ayuda a mantener abiertos los alvéolos pulmonares y facilita la respiración. Su utilización representó un avance significativo para el manejo del síndrome de dificultad respiratoria neonatal.

    Este contexto permite comprender la relevancia del trabajo de Valcárcel: impulsar una unidad especializada significaba desarrollar una capacidad institucional para atender condiciones médicas que exigían conocimientos, equipos y personal específicamente preparados para cuidar a los recién nacidos.

    La premisa de no rechazar a ningún paciente

    Más allá de la infraestructura y los avances médicos, uno de los aspectos más recordados de Valcárcel fue su filosofía de servicio.

    Durante el conversatorio, los panelistas evocaron una de las pautas que defendía en el funcionamiento de la unidad: «Paciente que se consulta, paciente que se acepta (...) nunca se rechaza a un paciente».

    El principio reflejaba una posición firme sobre la responsabilidad de una institución hospitalaria que ofrece servicios especializados a la población. Para Valcárcel, la atención de un recién nacido no debía depender únicamente de la disponibilidad inmediata de recursos o de la procedencia del referido.

    Esta orientación adquiría especial importancia en el caso de los bebés prematuros y de alto riesgo, cuyas condiciones pueden deteriorarse rápidamente y requieren intervenciones oportunas.

    La recepción de pacientes también implica una responsabilidad institucional que va más allá de aceptar un referido. Supone evaluar la condición clínica, identificar los recursos necesarios, coordinar al personal y establecer las medidas que permitan ofrecer continuidad al tratamiento.

    Durante el encuentro, los participantes destacaron el rigor con el que Valcárcel dirigía el área de recién nacidos. Su liderazgo combinaba exigencia clínica, responsabilidad administrativa y compromiso con el servicio público.

    La filosofía de no rechazar pacientes quedó como uno de los elementos más representativos de su legado, al vincular la excelencia médica con el acceso a la atención.

    La evacuación de 1987: una emergencia que puso a prueba la capacidad de respuesta

    Uno de los episodios más significativos recordados durante el conversatorio fue la evacuación del Hospital Pediátrico en 1987, luego de producirse un incendio.

    La emergencia representó un desafío particular para el personal de la unidad neonatal, debido a que entre los pacientes había recién nacidos que dependían de ventilación mecánica y otros equipos para mantener sus funciones vitales.

    Valcárcel colaboró en las labores de traslado y resguardo de estos bebés, procurando que recibieran la atención necesaria durante la evacuación.

    El movimiento de un recién nacido conectado a un ventilador requiere una coordinación clínica cuidadosa. Es necesario mantener el soporte respiratorio, vigilar la oxigenación y evitar interrupciones que puedan comprometer su estabilidad.

    A diferencia de otros pacientes, los recién nacidos en cuidado intensivo pueden necesitar equipos especializados incluso durante los desplazamientos. Por eso, una evacuación hospitalaria de esta naturaleza exige organización, personal preparado y capacidad para tomar decisiones bajo presión.

    Según los recuerdos compartidos por los panelistas, el operativo permitió proteger a los recién nacidos que necesitaban ventilación sin que se registrara ninguna fatalidad entre ellos.

    El episodio destacó otra dimensión del liderazgo de Valcárcel: su compromiso con la protección de los pacientes incluso en circunstancias extraordinarias, cuando la continuidad del cuidado dependía de la capacidad de respuesta de todo el equipo hospitalario.

    Un legado que también se construyó desde la educación médica

    La trayectoria de Valcárcel estuvo estrechamente vinculada a la formación de médicos especializados en la atención de recién nacidos.

    El desarrollo de la neonatología en Puerto Rico no dependía únicamente de establecer unidades hospitalarias. También requería preparar profesionales capaces de atender las condiciones particulares de los pacientes prematuros y críticamente enfermos.

    De acuerdo con la reseña histórica de Medicina Neonatal-Perinatal publicada por la Administración de Servicios Médicos de Puerto Rico (ASEM), el adiestramiento de neonatólogos en la isla comenzó a desarrollarse entre 1974 y 1989.

    Posteriormente, el 1 de julio de 1992, el Programa de Entrenamiento de Medicina Neonatal-Perinatal afiliado al Departamento de Pediatría de la Universidad de Puerto Rico recibió la acreditación del Consejo de Acreditación de Educación Médica Graduada (ACGME, por sus siglas en inglés).

    La acreditación representó un paso importante para consolidar la preparación de especialistas en la isla y fortalecer la capacidad de ofrecer atención neonatal de alta complejidad.

    La reseña institucional de ASEM informa que el programa ha graduado 22 neonatólogos, de los cuales 20 trabajan en Puerto Rico, según las cifras publicadas por la institución.

    La formación de estos profesionales ha permitido desarrollar una red de especialistas con conocimientos en el tratamiento de condiciones respiratorias, neurológicas, infecciosas y metabólicas que afectan a los recién nacidos.

    La educación médica también tiene un efecto que trasciende el hospital. Los especialistas participan en la preparación de residentes, la actualización de prácticas clínicas y el desarrollo de protocolos que contribuyen a mejorar la atención materno-infantil.

    En ese sentido, el legado de Valcárcel no se limita a la creación de un servicio, sino que también se relaciona con la preparación de profesionales que continuarían esa labor.

    La atención neonatal y los desafíos que permanecen

    Aunque la neonatología ha experimentado avances importantes desde la década de 1970, la atención de los recién nacidos prematuros y de alto riesgo continúa siendo un desafío para los sistemas de salud.

    La supervivencia de estos bebés depende de múltiples factores, entre ellos la edad gestacional, el peso al nacer, la presencia de enfermedades congénitas y la disponibilidad de servicios especializados.

    Las mejoras en ventilación, monitoreo, nutrición, prevención de infecciones y tratamiento de complicaciones han transformado el pronóstico de muchos pacientes. Sin embargo, sobrevivir a una condición neonatal grave no siempre significa que las necesidades médicas hayan terminado.

    Algunos bebés requieren seguimiento después del alta para evaluar su crecimiento, desarrollo neurológico, audición, visión y capacidad motora.

    Por esta razón, la atención neonatal moderna contempla tanto la estabilización durante la hospitalización como el seguimiento posterior, especialmente en pacientes que nacieron prematuramente o necesitaron intervenciones intensivas.

    Esta visión integral permite entender por qué el desarrollo de unidades especializadas y la formación de profesionales en esta área tienen una importancia que se extiende durante toda la infancia.

    Cincuenta años de historia académica y un principio que permanece

    La conmemoración de los 50 años de historia académica del Departamento de Pediatría permitió reconocer a profesionales que contribuyeron a establecer las bases de los servicios pediátricos y de las distintas subespecialidades en Puerto Rico.

    La trayectoria de Marta Valcárcel representa una parte importante de esa historia. Su trabajo estuvo vinculado al desarrollo de la atención intensiva neonatal, la dirección de servicios hospitalarios, la formación de especialistas y la defensa de una filosofía institucional centrada en recibir a quienes necesitaban atención.

    Los testimonios compartidos durante el conversatorio también permitieron recordar episodios que reflejaron su compromiso con los pacientes, desde la dirección cotidiana de la unidad hasta la respuesta ante una emergencia que obligó a trasladar a recién nacidos dependientes de equipos de soporte vital.

    Su legado puede observarse desde dos dimensiones complementarias: el desarrollo de la capacidad médica para atender a los bebés más vulnerables y la responsabilidad humana de garantizar que esos pacientes reciban atención.

    En una especialidad donde las primeras horas de vida pueden determinar el pronóstico de un recién nacido, contar con profesionales preparados y servicios hospitalarios especializados resulta fundamental.

    La premisa recordada durante el encuentro —no rechazar a ningún paciente— resume una filosofía de servicio que trasciende los equipos, las instalaciones y los avances tecnológicos. Es también un recordatorio de que, en la medicina neonatal, cada bebé representa una vida que merece cuidado, atención y oportunidades.

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