Durante casi cuatro décadas de práctica, el fisiatra William Micheo ha acompañado a pacientes en procesos de dolor y rehabilitación. Pero, más allá de los tratamientos, asegura que son ellos quienes le han enseñado algunas de las lecciones más importantes de su carrera: escuchar, comprender sus necesidades y reconocer que cada proceso de recuperación tiene su propio ritmo.

Hay un William Micheo que existe lejos del consultorio, de las aulas y de los escenarios deportivos. Es esposo, padre de dos hijos y un hombre que mantiene entre sus intereses el ejercicio y el deporte. Su esposa, Vanessa Marcial, es radioncóloga, y sus hijos, Javier y Francisco, son abogados. Para él, atender a su familia y mantenerse vinculado al deporte también forman parte de su vida fuera de la medicina.
Pero hay otra dimensión de su historia que se ha construido durante décadas junto a pacientes que han enfrentado dolor, lesiones y pérdida de funciones. Micheo, fisiatra especialista en Medicina Deportiva y Manejo del Dolor, comenzó su camino hacia la medicina motivado desde joven por su interés en la ciencia, el ejercicio y el deporte, además de la influencia de un tío médico a quien recuerda como una persona especialmente dedicada a sus pacientes.

Ingresó a la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico en 1978. Durante su formación tuvo contacto con la Medicina Física y Rehabilitación y encontró una especialidad que reunía varios de sus intereses: la salud, el ejercicio y la recuperación de la función.
Después realizó su especialidad en Temple University, en Filadelfia, entre 1982 y 1986. Durante su residencia tuvo además la oportunidad de acercarse a la Medicina Deportiva y al manejo de lesiones musculoesqueléticas. En 1986 regresó a Puerto Rico y comenzó una trayectoria que combinaría la práctica clínica, la docencia, la investigación y el deporte.
Desde entonces, su carrera ha estado estrechamente ligada a la formación de nuevos profesionales y al cuidado de personas con diferentes condiciones que afectan su funcionalidad. También ha trabajado durante décadas en el Albergue Olímpico de Puerto Rico, donde continúa como director de la Clínica de Lesiones Atléticas y la Unidad de Rehabilitación de Lesiones Atléticas. En la Universidad de Puerto Rico, además, ha sido catedrático y director del Departamento de Medicina Física, Rehabilitación y Salud Deportiva.

Sin embargo, cuando se le pregunta qué ha aprendido de tantos años atendiendo a personas que viven con dolor, Micheo no comienza hablando de procedimientos ni tecnologías. Habla de escuchar.
Para él, los pacientes necesitan sentir que alguien se preocupa por sus problemas, les ofrece soluciones basadas en la mejor evidencia disponible y les explica con claridad qué pueden esperar de su tratamiento. También considera fundamental que las alternativas propuestas sean accesibles para las posibilidades de cada persona.
Esa relación, dice, es una de las partes que más valora de su profesión. Algunos pacientes llevan más de 30 años junto a él y, en ciertos casos, ha llegado a atender a distintas generaciones de una misma familia.
Esa permanencia también lo ha obligado a mantenerse aprendiendo. Su relación con los pacientes, explica, lo impulsa a continuar actualizado para poder ofrecerles un mejor servicio.
En 2009, cuando presidió la Academia Americana de Medicina Física y Rehabilitación, escogió para su mensaje presidencial una pregunta que resume buena parte de su filosofía profesional: ¿qué podemos aprender de nuestros pacientes?
Micheo recuerda que muchos pacientes enfrentan situaciones que no tienen una solución sencilla, pero continúan luchando por alcanzar los mejores resultados posibles. Esa capacidad de insistir, adaptarse y buscar mejorar se convirtió, según cuenta, en una de las grandes enseñanzas que ha recibido de ellos.
Recuperar una función también transforma al médico
En rehabilitación, los avances pueden representar algo aparentemente cotidiano: volver a caminar, regresar al trabajo, jugar con los hijos, practicar un deporte o recuperar la capacidad de realizar una actividad que antes parecía sencilla.
Cuando un paciente alcanza uno de esos objetivos, Micheo lo describe como una satisfacción personal y una alegría. Pero también como un motivo para renovar el compromiso con otros pacientes.
Su experiencia también le ha enseñado que no todos los procesos terminan como se esperaba. La medicina tiene límites y, en ocasiones, las expectativas del paciente pueden superar lo que realmente permite su condición.
En esos momentos, considera que el médico debe tener la empatía necesaria para explicar la situación, aclarar qué puede esperarse y trabajar junto al paciente y a otros profesionales de la salud para alcanzar el máximo nivel posible de función.

Para Micheo, la rehabilitación debe desarrollarse por etapas. En una primera fase, el objetivo puede ser reducir el dolor, proteger el tejido lesionado, mejorar la función a corto plazo y preparar el cuerpo para volver a activarse.
Luego llega una etapa más prolongada enfocada en recuperar fuerza, flexibilidad, balance y capacidad para realizar actividades cotidianas, laborales o deportivas.
Finalmente, está la fase funcional: aquella en la que las metas se relacionan directamente con la vida que el paciente quiere recuperar. Para alguien puede significar volver al trabajo; para otro, caminar, trabajar en el jardín, pintar, regresar al gimnasio o competir nuevamente en un deporte.
Por eso, para él, establecer metas concretas es una forma de hacer que el paciente entienda dónde está y hacia dónde puede avanzar.
Después de tantos años de profesión, Micheo asegura que todavía hay muchas cosas que despiertan su curiosidad.
La tecnología y la inteligencia artificial son parte de ese interés, pero también lo es la capacidad del cuerpo humano para recuperar funciones que antes parecían imposibles. Al mismo tiempo, ha encontrado una pregunta que considera cada vez más importante: cuánto puede influir el propio individuo en su proceso de recuperación.
Su interés por seguir aprendiendo también está relacionado con un desafío actual: la enorme cantidad de información disponible para los pacientes en internet y mediante herramientas de inteligencia artificial.
Por eso considera importante poder identificar qué información es apropiada y validada, y comunicar directamente al paciente información confiable. Para él, mantenerse actualizado no es solamente una exigencia profesional, sino una manera de acompañar mejor a quienes depositan su confianza en él.
Cuando se le pregunta qué quisiera que las personas recordaran de él, Micheo vuelve al mismo punto que aparece a lo largo de toda la conversación: escuchar.
Quisiera ser recordado como un médico dispuesto a escuchar, a intentar resolver aquello que afecta al paciente y a considerar sus opiniones, necesidades y metas. También como un profesional que utiliza la mejor evidencia científica posible para ofrecer un tratamiento de vanguardia, siempre teniendo en cuenta la severidad de la condición y las posibilidades reales de mejoría.
Después de décadas dedicadas a la medicina, quizá esa sea una de las ideas que mejor resume su historia: detrás del especialista que estudia el dolor, la rehabilitación y el deporte existe también un médico que entendió que tratar a una persona no consiste únicamente en recuperar una función, sino en escuchar qué significa esa función para su vida.