Lo que comenzó como una oportunidad para conciliar su trabajo con la maternidad terminó convirtiéndose en una vocación. Hoy, Maribel Burgos, Presidenta de la Sociedad Puertorriqueña de Asistentes de Gastroenterología, entiende el cuidado de cada paciente como un ejercicio de empatía, seguridad y humanidad.

Hay caminos profesionales que se eligen y otros que, de alguna manera, parecen encontrar a la persona. Para Maribel Burgos, la gastroenterología llegó cuando su vida tomó un giro distinto al que había imaginado. Ella quería dedicarse a la sala de emergencias, pero el nacimiento de sus dos hijas la llevó a buscar una alternativa que le permitiera estar presente para ellas. Una oportunidad inesperada la acercó entonces a la gastroenterología y, con el tiempo, aquello que comenzó como un trabajo terminó convirtiéndose en una profesión que hoy ama.

Cuando comenzó su carrera como enfermera, Burgos tenía clara su pasión: la sala de emergencias. Sin embargo, la maternidad cambió sus prioridades. Después del nacimiento de sus dos hijas, decidió dejar ese trabajo para poder acompañarlas y, mientras cumplía con el tiempo que debía permanecer en el hospital, recibió una propuesta inesperada.
Un gastroenterólogo le preguntó si conocía a alguien que pudiera trabajar en su oficina. Su respuesta fue sencilla: ella misma.
Aquel reto terminó convirtiéndose en el comienzo de una trayectoria que la llevaría a conocer distintas técnicas, procedimientos y formas de trabajo junto a diferentes especialistas.
"Yo siempre digo que cada médico tiene su libro", expresó Burgos, quien encontró en cada experiencia una nueva oportunidad para aprender.

La historia de Maribel tampoco puede contarse sin hablar del deporte. Durante sus años universitarios fue atleta y llegó a integrar el equipo nacional de Puerto Rico para representar a la isla en unos Juegos Centroamericanos.
El deporte, cuenta, no solo fue una pasión: también hizo posible sus estudios y le enseñó buena parte de la disciplina que luego llevaría a su vida profesional.
Pero aquella etapa también le exigió tomar decisiones. Entrenaba dos horas por la mañana, trabajaba ocho horas de pie y volvía a entrenar otras dos horas por la tarde.
Por ese periodo tuvo que alejarse de la gastroenterología. Cuando terminó su compromiso deportivo, regresó a un campo que ya comenzaba a sentir suyo y, con cada experiencia, amplió sus conocimientos.
Así, casi sin planearlo, fue construyendo una carrera que la llevó hasta la presidencia de la Sociedad Puertorriqueña de Asistentes de Gastroenterología.
"Ha sido todo un camino con propósito", afirmó.

Pero si hay algo que define a Burgos más allá de sus cargos y años de experiencia, es la manera en que entiende su relación con los pacientes.
Para ella, atender a una persona no comienza cuando inicia un procedimiento. Comienza desde el momento en que el paciente entra a la unidad.
Una expresión en el rostro, un gesto o una mirada pueden decirle mucho sobre el miedo con el que alguien llega a una consulta o a un procedimiento.
"Lo que he aprendido es a tener la empatía, el humanismo, a ser parte, ser familia del paciente y ponerme en el lugar del paciente", explicó.
Burgos entiende que el miedo también forma parte de la experiencia de enfermar. Muchos pacientes llegan con dudas, preocupaciones e información que han encontrado en internet o que han escuchado de otras personas.
Por eso, antes de pensar únicamente en el procedimiento, considera esencial lograr que esa persona se sienta segura, tranquila y confiada.
"Muchas veces yo le digo al doctor: mire doctor, no es el sedante, lo que hay que darle al paciente es darle ese soporte emocional", relató.
Para ella, esa tranquilidad no es un detalle adicional: forma parte del cuidado.
Un paciente que se siente seguro puede cooperar mejor durante un procedimiento y permite que el equipo de salud alcance los objetivos diagnósticos o terapéuticos. Pero, sobre todo, detrás de esa seguridad hay una persona que necesita sentir que no está sola.

Después de tantos años, Burgos reconoce que son muchos los pacientes que han dejado una marca en su trayectoria.
Hay historias, sin embargo, que permanecen especialmente presentes.
En los últimos meses atendió a varios pacientes menores de 40 años diagnosticados con adenocarcinoma de colon. Eran personas jóvenes, productivas y, en algunos casos, padres de niños pequeños.
Uno de ellos llegó a la consulta en un momento particularmente significativo de su vida: ese mismo día, su esposa lo había llamado para contarle que el sonograma había revelado que tendrían un niño.
La noticia contrastaba con la realidad que la familia estaba enfrentando.
"Esas cosas te conmueven", expresó Burgos.
Es en momentos como ese cuando su trabajo deja de ser únicamente una función técnica y se convierte en una experiencia profundamente humana.
"Cada paciente tiene algo con lo que te identificas", dijo.
Y también hay momentos en los que, pese a toda la experiencia acumulada, siente que las herramientas profesionales no alcanzan para resolver lo que una persona está viviendo.
En esos casos, queda acompañar.
Burgos no concibe su profesión desde la distancia. Se define como una enfermera que aboga por sus pacientes, para ella, defender al paciente no es una confrontación: es parte de su responsabilidad.
"Yo soy una enfermera que abogo por el paciente y abogo por su necesidad", afirmó.
Esa mirada también le ha permitido identificar algunos de los obstáculos que enfrentan los pacientes con condiciones gastrointestinales en Puerto Rico, desde las dificultades para conseguir atención y las limitaciones de los planes médicos hasta las complejidades que pueden acompañar a una población adulta mayor, especialmente aquella que vive sola.
Son situaciones que, desde su posición, también requieren educación y acompañamiento.
Como presidenta de la sociedad, Burgos busca precisamente fortalecer ese conocimiento entre sus colegas para que pueda llegar a los consultorios, los pacientes y la comunidad.
Su apuesta es por una educación continua que no se quede en la teoría, sino que se traduzca en mejores cuidados.

Burgos nunca imaginó que la gastroenterología terminaría ocupando un lugar tan importante en su vida. Su verdadera pasión inicial, cuenta, estaba en otro campo: la cardiología.
Sin embargo, al mirar hacia atrás, interpreta cada giro de su historia como parte de un propósito.
"Yo en verdad te puedo decir que el Señor a mí me ha preparado todo el tiempo, me ha dado las herramientas, me ha dado la gente para yo estar donde estoy ahora mismo", expresó.
Hoy habla de su profesión con una palabra sencilla y contundente: amor.
"Esta profesión, yo la amo. Se siente algo especial porque me gusta lo que hago, me gusta tratar a los pacientes, me gusta ayudarlos".
Y quizás esa forma de entender su trabajo explique una de las frases que mejor resumen su manera de ejercer la enfermería: "Para mí, el "no" trato de que no exista".
No significa que todas las puertas puedan abrirse ni que todos los problemas tengan solución. Significa, más bien, que antes de aceptar un "no", Burgos intenta agotar todas las posibilidades que estén a su alcance.
Ahora, desde su posición de liderazgo, uno de sus principales objetivos es transmitir esa filosofía a las nuevas generaciones de asistentes de gastroenterología.
Para Burgos, la excelencia profesional no puede reducirse al dominio de las técnicas o a ser un buen enfermero endoscopista. También implica asumir un compromiso diario con la seguridad del paciente, la calidad del cuidado y, especialmente, la humanidad.
"Parte importante es el compromiso diario que tenemos con la seguridad del paciente, su calidad y el cuidado humanizado que le podemos dar al paciente", sostuvo.
Su mensaje para quienes comienzan es claro: que el paciente siga siendo el norte.
Que la preparación técnica nunca desplace la empatía. Que el conocimiento no haga olvidar que, detrás de cada procedimiento, existe una persona que puede estar asustada. Y que la profesión no se convierta únicamente en una búsqueda de lo lucrativo.
Porque para Maribel Burgos, después de todos los caminos que la llevaron hasta aquí, cuidar sigue siendo mucho más que realizar un procedimiento.
Es mirar al paciente, reconocer su miedo, acompañarlo y hacerle sentir que, al menos durante ese momento, no está solo.