Expertas utilizan arte y narrativa para explorar vivencias menstruales de jóvenes en Puerto Rico

Expertas en salud presentaron en el Ponce Health Sciences University los hallazgos de un estudio pionero que combina metodología cualitativa y expresión artística para visibilizar las vivencias menstruales de jóvenes en Puerto Rico.

Laura Guio

    Expertas utilizan arte y narrativa para explorar vivencias menstruales de jóvenes en Puerto Rico

    En el Ponce Health Sciences University, se dio el encuentro "Mami, ¡esto duele!": Experiencias sobre la menstruación de adolescentes puertorriqueñas, donde se presentaron los hallazgos de un estudio pionero sobre la salud menstrual en la Isla. 

    La Dra. Giselle Cordero, psicóloga clínica integrante del equipo investigador, destacó que la elección de una metodología cualitativa respondió directamente a la naturaleza del tema. Según explicó, el tabú y los condicionamientos sociales que rodean la menstruación hacen que los datos cuantitativos sean insuficientes para capturar la profundidad de estas experiencias.

    "En un tema como el que estamos trabajando, donde todavía está bastante permeado lo que es el tabú, aspectos sociales, donde pensamos que son temas más privados que no se comparten, pues es importante buscar estas técnicas que nos permitan no solamente traer el dato, sino profundizar y visibilizar", afirmó la doctora.

    El mosaico: Cuando el arte habla por las adolescentes

    El elemento más distintivo de la investigación fue la creación de lo que el equipo denominó mosaicos: composiciones artísticas elaboradas por las propias participantes con dibujos, pinturas e imágenes recortadas que representaban su experiencia con el ciclo menstrual.

    La Dra. Cordero explicó la carga simbólica detrás del nombre: "Tradicionalmente los mosaicos se componen de pedacitos de vidrios o artefactos como piedra. Nosotros queríamos que esto estuviera diseñado a partir de pedacitos de experiencias que son las emociones, las percepciones, los pensamientos que tienen estas adolescentes".

    Muchas jóvenes, además de elaborar su mosaico, compartieron verbalmente sus reflexiones con el equipo. "Era bien enriquecedor porque venía acompañado de una narrativa también verbal, cuando ellas reflexionaban: esto es lo que hice, así es como yo represento mi ciclo menstrual", describió Cordero.

    Un análisis que tomó cientos de horas de trabajo colectivo

    Una vez recopilados los mosaicos y las narrativas, el equipo aplicó el análisis temático de Braun y Clarke, un proceso que se desarrolló en seis fases y que exigió sesiones grupales de hasta tres horas continuas.

     El equipo, liderado por la Dra. Yaliis Flores e integrado también por María Martínez, revisó una y otra vez cada pieza artística para rescatar, interpretar y dar significado a la información.

    La investigadora subrayó además la importancia de la reflexividad en este tipo de trabajo: "Las investigaciones, no importa cuál, ahí estamos nosotras con nuestro posicionamiento. Muchas veces podemos tener nuestros propios ecos, nuestras propias experiencias influir en el proceso". Por esa razón, el equipo mantuvo registros de memos y notas que se discutían colectivamente, y realizó sesiones de debriefing al finalizar cada jornada de recopilación.

    La urgencia de una evidencia científica que proteja a las jóvenes

    Más allá de los hallazgos, la Dra. Cordero hizo un llamado a la necesidad de producir evidencia empírica sobre la salud menstrual como condición para mejorar los servicios de salud, la educación y las políticas públicas dirigidas a adolescentes.

    "Nosotros necesitamos esta evidencia para poder garantizar el bienestar de estas adolescentes, especialmente porque estas son unas primeras etapas que conllevan otra serie de transformaciones y cambios que, si no los hablamos, no los dialogamos, no atendemos dificultades que pueden suceder en el proceso, pues seguimos normalizando y llevando esos problemas a gran escala", advirtió.

    La presentación concluyó con el pase de palabra a la Dra. Barros, quien abordó el componente de salud mental de la investigación, un aspecto que, según el equipo, históricamente ha quedado relegado frente a la óptica biológica y médica en el abordaje de la menstruación.


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