Nunca es demasiado tarde para empezar a hacer ejercicio: cómo adaptar la actividad a cada edad

Comenzar a ejercitarse después de la adultez o incluso durante la tercera edad puede aportar beneficios funcionales. El Dr. William Micheo, fisiatra, explica que la clave está en adaptar la intensidad, frecuencia, duración y tipo de ejercicio a la condición de cada persona.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Nunca es demasiado tarde para empezar a hacer ejercicio: cómo adaptar la actividad a cada edad

    Pensar que comenzar a hacer ejercicio después de cierta edad ya no vale la pena es, según el fisiatra especialista en Medicina Deportiva y Manejo del Dolor William Micheo, una idea equivocada. La actividad física puede iniciarse en diferentes etapas de la vida, siempre que las metas y el tipo de ejercicio se adapten a las condiciones de cada persona.

    El ejercicio puede comenzar a cualquier edad

    Micheo explica que en las personas mayores la mejoría puede producirse de manera más lenta, pero eso no significa que no puedan obtener beneficios. La clave está en ajustar cuatro elementos: intensidad, frecuencia, duración y tipo de ejercicio.

    De acuerdo con su experiencia, una persona puede comenzar con diferentes modalidades dependiendo de sus capacidades. Entre las alternativas que menciona están los ejercicios en silla, actividades en el agua, ejercicios pedestres de baja intensidad y ejercicios de fortalecimiento.

    La elección debe considerar la condición médica y musculoesquelética de cada individuo, de manera que las metas sean realistas y puedan progresar de acuerdo con sus capacidades.

    Más que hacer ejercicio, recuperar funciones

    Uno de los aspectos que Micheo destaca es que los beneficios del ejercicio también pueden observarse en actividades que forman parte de la vida cotidiana.

    El fortalecimiento puede contribuir a mejorar la capacidad funcional de los músculos, mientras que el entrenamiento puede ayudar a mejorar la velocidad al caminar y facilitar acciones como levantarse de una silla o subir y bajar escaleras. También puede favorecer la capacidad de desplazarse con mayor autonomía en entornos cotidianos.

    Por eso, comenzar a ejercitarse no tiene que significar necesariamente entrenar para una competencia. Para algunas personas, el objetivo puede ser conservar o recuperar la independencia para realizar actividades diarias.

    Los beneficios también alcanzan la salud integral

    El especialista señala que el deporte se ha asociado con beneficios relacionados con la salud física, la fortaleza muscular, la tolerancia cardiorrespiratoria, el balance y la función neuromuscular.

    También menciona posibles beneficios sobre la función cognitiva, el bienestar y la autoestima. En el caso de los deportes de conjunto, destaca además la socialización y la integración de la persona tanto con su grupo deportivo como con la comunidad.

    Micheo considera que el deporte puede representar una inversión para el individuo y para la sociedad, siempre que se practique de manera apropiada y con la supervisión necesaria según la edad y las características de cada persona.

    La edad no elimina la posibilidad de mejorar

    El especialista también llama la atención sobre quienes creen que los beneficios del ejercicio solo se obtienen si se empieza desde joven.

    En su experiencia, una persona que comienza a ejercitarse durante la adultez puede obtener beneficios importantes. Incluso plantea que mantener la actividad física a lo largo de los años puede resultar más beneficioso para la salud que haber realizado ejercicio durante la juventud y posteriormente abandonarlo.

    Esto no significa que todas las personas deban realizar el mismo entrenamiento. Por el contrario, las metas deben ajustarse a la edad, la condición médica y el estado del sistema musculoesquelético.

    En niños y adultos también hay que evitar los excesos

    Aunque destaca los beneficios del deporte, Micheo advierte que su práctica debe hacerse de manera organizada y ordenada.

    En el caso de los niños y jóvenes, señala que algunos comienzan a competir a edades muy tempranas y durante todo el año, una situación que puede no ser apropiada en determinados escenarios. También menciona la presión excesiva de los padres y el estrés psicológico que pueden experimentar algunos atletas jóvenes.

    Por eso considera importante que los niños cuenten con supervisión de adultos preparados y que los atletas competitivos tengan un equipo de manejo de salud que conozca sus necesidades.

    La misma lógica aplica a las personas mayores que practican deporte competitivo o realizan ejercicio recreativo: sus necesidades fisiológicas deben ser consideradas para que puedan mantenerse activas y mejorar su salud a lo largo de la vida.

    El objetivo es mantenerse funcional

    Para Micheo, el ejercicio no debe entenderse únicamente como una herramienta para mejorar el rendimiento deportivo. También puede ser una forma de preservar la capacidad de una persona para desenvolverse en su vida cotidiana.

    Caminar con mayor facilidad, levantarse de una silla, subir escaleras o conservar la autonomía son objetivos que pueden tener un impacto directo en la calidad de vida.

    Por eso, empezar tarde no significa empezar sin beneficios. La clave está en reconocer las capacidades de cada persona, establecer metas acordes con su condición y adaptar el ejercicio para que pueda convertirse en una actividad sostenible a lo largo de la vida.

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