Hidradenitis supurativa: nódulos, abscesos y túneles que pueden revelar una enfermedad crónica

La hidradenitis supurativa (HS) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta los folículos pilosos, principalmente en zonas donde existen pliegues cutáneos, como las axilas, ingles, glúteos, áreas perianal, perineal y genital.

Andrea Bazurto Gutiérrez

    Hidradenitis supurativa: nódulos, abscesos y túneles que pueden revelar una enfermedad crónica

    La condición puede manifestarse mediante nódulos inflamatorios, abscesos estériles, fístulas y túneles purulentos, además de cicatrices y fibrosis. Estas lesiones pueden ser dolorosas e incómodas y generar un impacto importante en la salud física, emocional y en la calidad de vida de quienes la presentan.

    De acuerdo con especialistas del Departamento de Dermatología de Ponce Health Sciences University, la prevalencia de la HS se estima entre 0.05% y 4.1%. Su desarrollo es complejo y se relaciona con factores genéticos, hormonales, inmunológicos y ambientales.

    El diagnóstico puede tardar años

    Uno de los principales desafíos de la hidradenitis supurativa es identificarla correctamente. Debido a que sus manifestaciones pueden parecerse a las de otras enfermedades de la piel, el diagnóstico y tratamiento adecuados pueden retrasarse aproximadamente siete años.

    El diagnóstico es principalmente clínico y se realiza mediante una evaluación de las lesiones y de las zonas donde aparecen. Entre las características que pueden orientar hacia la enfermedad se encuentran los nódulos profundos, los túneles intercomunicantes y las cicatrices, especialmente cuando se presentan en axilas, ingles o genitales.

    Además, algunas personas pueden experimentar síntomas como ardor, dolor, picazón o hiperhidrosis entre 12 y 48 horas antes de que aparezcan las lesiones cutáneas.

    La hidradenitis supurativa no requiere necesariamente análisis de sangre ni estudios patológicos para confirmar el diagnóstico. Sin embargo, en situaciones complejas, las imágenes pueden ayudar a evaluar con mayor precisión la extensión de la enfermedad.

    Tres grados permiten determinar su severidad

    La clasificación de Hurley permite establecer la gravedad de la hidradenitis supurativa y orientar su manejo.

    Grado I: lesiones aisladas

    En la etapa leve, pueden aparecer forúnculos o nódulos aislados. Generalmente, todavía no existen túneles ni cicatrices importantes.

    Grado II: abscesos y túneles

    En la enfermedad moderada se observan múltiples lesiones inflamadas, abscesos y túneles interconectados. También pueden aparecer cicatrices y recurrencias frecuentes.

    Grado III: enfermedad extensa

    En los casos graves existen lesiones profundas y extensas que pueden comprometer varias áreas del cuerpo. Se presentan numerosos abscesos interconectados, fístulas y cicatrices extensas, que pueden producir dolor crónico y una discapacidad funcional significativa.

    ¿Qué ocurre en la piel?

    La HS tiene una patogénesis multifactorial en la que intervienen factores genéticos, ambientales e inflamatorios.

    Durante las primeras etapas existe inflamación alrededor de los folículos. Con la progresión de la enfermedad, la respuesta inflamatoria se vuelve crónica e involucra diferentes células del sistema inmunitario.

    También se ha observado una sobreexpresión de mediadores inflamatorios como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a) y diferentes interleucinas. Estos procesos pueden relacionarse con alteraciones en vías de señalización inmunológica que participan en el desarrollo de la enfermedad.

    Los factores genéticos también tienen un papel relevante. Aproximadamente 30 % de los pacientes tiene antecedentes familiares de HS y se han identificado mutaciones asociadas con formas más severas de la enfermedad.

    Una condición que puede estar acompañada de otras enfermedades

    La hidradenitis supurativa no afecta únicamente la piel. Puede asociarse con otras condiciones, entre ellas obesidad, enfermedad inflamatoria intestinal y síndrome metabólico.

    El tabaquismo también puede desempeñar un papel importante y se ha relacionado con una progresión más severa de la enfermedad.

    Además, existe una alta prevalencia de depresión entre las personas con HS. La ansiedad, el impacto social negativo y la depresión pueden estar directamente relacionados con la carga que representa la enfermedad.

    Por esta razón, la evaluación de las comorbilidades forma parte importante del abordaje. Los médicos primarios y pediatras pueden contribuir a la identificación temprana y realizar evaluaciones adicionales o referir al paciente a especialistas cuando sea necesario.

    Las complicaciones pueden ser graves

    Sin un manejo adecuado, la hidradenitis supurativa puede producir complicaciones tanto agudas como crónicas.

    Entre las complicaciones agudas se encuentran las sobreinfecciones por Staphylococcus aureus o Streptococcus pyogenes, además del aumento de tamaño de los ganglios linfáticos.

    En casos crónicos y severos pueden aparecer obstrucción linfática, linfedema y elefantiasis en las áreas genitales y anales. También pueden desarrollarse fístulas hacia estructuras como la uretra, vejiga, recto o peritoneo, situaciones en las que puede ser necesario descartar enfermedad de Crohn.

    Otra complicación particularmente importante es el carcinoma de células escamosas, que puede desarrollarse en lesiones crónicas, especialmente después de 10 a 30 años de evolución. Su aparición se asocia con un pronóstico desfavorable cuando no se diagnostica y trata oportunamente.

    La enfermedad también se ha relacionado con trastornos reumatológicos, como la espondiloartropatía y la artritis periférica. En casos graves pueden presentarse además complicaciones sistémicas como supuración crónica, anemia, hipoproteinemia y amiloidosis.

    El tratamiento depende de la gravedad

    El manejo de la HS debe individualizarse de acuerdo con la severidad, progresión, complicaciones, otras enfermedades inflamatorias presentes y las circunstancias del paciente y su familia.

    En casos moderados a graves, la inmunomodulación constituye una parte importante del tratamiento. Entre las alternativas sistémicas se encuentran medicamentos biológicos dirigidos contra diferentes mediadores inflamatorios.

    Los primeros tratamientos biológicos aprobados para esta condición fueron los inhibidores del TNF-a, como adalimumab e infliximab. Estudios han demostrado que ambos pueden mejorar la respuesta clínica, la gravedad de la enfermedad y la calidad de vida de pacientes con HS moderada a severa.

    Otros medicamentos que han sido estudiados incluyen ustekinumab, que inhibe la señalización de IL-12 e IL-23, y secukinumab, dirigido contra la IL-17A. Este último ha demostrado reducciones significativas de las lesiones en un porcentaje considerable de pacientes con enfermedad moderada o severa.

    En etapas avanzadas también puede ser necesario recurrir a procedimientos quirúrgicos para drenar abscesos grandes, retirar tejido cicatricial o realizar escisiones de lesiones extensas. Dependiendo del caso, pueden utilizarse procedimientos reconstructivos con injertos de piel y terapia con láser.

    El cuidado de la piel también forma parte del manejo

    El tratamiento no se limita a los medicamentos. Los especialistas recomiendan considerar factores que pueden favorecer la progresión de la enfermedad.

    La reducción de peso y el abandono del tabaquismo son aspectos importantes debido a la relación de ambos factores con formas más severas de HS.

    También se recomienda reducir el trauma sobre la piel evitando prendas ajustadas, productos de limpieza agresivos y vendajes adhesivos. En lesiones que presentan drenaje pueden utilizarse vendajes suaves con vaselina pura o materiales no oclusivos para disminuir la irritación.

    El impacto emocional tampoco debe pasarse por alto. El asesoramiento psicológico y los grupos de apoyo pueden incorporarse al plan terapéutico para atender las consecuencias psicosociales de la enfermedad.

    Controlar el dolor es parte esencial del tratamiento

    El dolor puede ser uno de los síntomas más incapacitantes de la hidradenitis supurativa y puede tener diferentes causas, desde la inflamación y los abscesos hasta las cicatrices y la artritis.

    Por ello, el dolor debe evaluarse mediante herramientas validadas, como la Escala Numérica Visual o la Escala Visual Analógica, y el tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada paciente.

    Para el dolor leve pueden utilizarse acetaminofén y antiinflamatorios no esteroideos tópicos. En casos de dolor persistente pueden considerarse antiinflamatorios no esteroideos orales o triamcinolona intralesional. Para el dolor agudo persistente también pueden utilizarse otros analgésicos bajo supervisión médica.

    Cuando el dolor se vuelve crónico, es necesario tratar tanto la enfermedad de base como las posibles comorbilidades psicológicas. Además de medicamentos, pueden considerarse estrategias no farmacológicas, como la terapia física, y la evaluación por un especialista en manejo del dolor cuando el cuadro persiste.

    Un abordaje multidisciplinario puede cambiar la evolución

    El manejo de la hidradenitis supurativa requiere la participación de diferentes profesionales de la salud, especialmente cuando la enfermedad alcanza etapas avanzadas.

    El dermatólogo lidera el tratamiento dirigido a controlar la inflamación. Los cirujanos pueden intervenir cuando se requieren procedimientos para eliminar lesiones extensas o tejido cicatricial. El médico primario puede coordinar la atención y brindar seguimiento continuo, mientras que el apoyo de profesionales de salud mental ayuda a atender el impacto emocional y social de la enfermedad.

    La detección temprana permite iniciar el tratamiento antes de que la enfermedad avance hacia formas más extensas y complicadas. Por ello, reconocer nódulos recurrentes, abscesos, túneles y cicatrices en zonas de pliegues cutáneos puede ser una señal para buscar evaluación médica.

    La hidradenitis supurativa continúa representando un desafío clínico, pero el diagnóstico oportuno, el tratamiento individualizado y el trabajo coordinado entre diferentes especialidades pueden contribuir a controlar la enfermedad, reducir sus complicaciones y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

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