Especialista explica desde el Simposio de Alergia e Inmunología en Ponce los primeros signos de la marcha alérgica, los cuidados esenciales de la piel y cuándo acudir al médico.

La piel áspera de un bebé puede parecer un detalle menor, pero para la doctora Vilma Velázquez, alergóloga e inmunóloga, es la primera señal de un proceso que conviene atender cuanto antes. Así lo explicó durante el Simposio de Alergia e Inmunología para el Médico de Atención Primaria, celebrado en Ponce bajo la organización de la APMA, en una conversación exclusiva con la revista Medicina y Salud Pública.
La especialista describe un patrón clínico conocido como la marcha alérgica, que sigue una secuencia predecible en los primeros meses de vida: comienza con la alergia a la proteína de la leche, continúa con la dermatitis atópica, luego la rinitis alérgica y, más adelante, el asma.
"La marcha alérgica comienza con alergia a la proteína de la leche y el segundo paso es la dermatitis atópica. Así que dermatitis atópica la vamos viendo de los 2, 3, 4 meses, esos son los primeros signos. Y vamos a ver la piel del bebé que se vuelve un poquito áspera."
La herencia también juega un papel clave. Si alguno de los padres padece rinitis alérgica u otras manifestaciones alérgicas, la probabilidad de que el hijo desarrolle dermatitis atópica es significativamente mayor.
Uno de los principales obstáculos es el retraso en la consulta médica. Muchos padres, al notar la piel del bebé más áspera o con rojeces, cambian jabones o aplican cremas por cuenta propia sin identificar la causa subyacente.
"Muchos pacientes se tardan mucho en llegar al médico, porque no lo identifican. Si han tenido otros niños que lo tienen, pues es más fácil. Pero un padre primerizo, es la primera vez con un bebé, no van a pensar que directamente es la leche."
El cuidado de la piel es un eje central del tratamiento. Velázquez advierte que los jabones comerciales de bebé, aunque populares por su fragancia, pueden ser contraproducentes.
"Los jabones de bebé de las marcas comerciales huelen bien ricos. Y la gente dice, ¡ay, huele a bebé! Eso es lo que le hace daño a ellos."
La recomendación es usar productos hipoalergénicos, sin fragancia ni alcohol. Sobre la frecuencia del baño existe un debate: dermatólogos sugieren bañar al bebé lo menos posible para evitar resecar la piel, mientras que desde la alergología se acepta el baño frecuente siempre que se aplique crema humectante inmediatamente después.
Un síntoma que suele pasarse por alto es la dificultad para dormir. La especialista aclara que el bebé no se despierta por el alimento, sino por el picor constante. Al carecer de la motricidad para rascarse, se mueve de manera continua tanto en brazos como en la cuna.
"Cuando tú tienes un bebé chiquitito, no se sabe rascar. No tiene destreza para rascarse. Así que tú ves el bebé, tú te lo pones aquí [...] y empieza a moverse, a moverse, a moverse, porque se está rascando la cara."
Velázquez describe un abordaje escalonado. El primer nivel incluye medidas ambientales: eliminar fuentes de polvo en el hogar, prohibir el cigarrillo y usar los productos adecuados para la piel. Si esto no es suficiente, se introducen cremas con esteroides tópicos de menor potencia, en ciclos cortos con descansos. En los casos más severos que no responden a ninguna de estas opciones, la especialista recurre a tratamientos biológicos.
"Yo tengo unos súper severos que no funcionan con nada de lo que hay ahí. Y entonces hay que usar otras cosas más que son diferentes, que son biológicas."
La conclusión de la especialista es directa: ante los primeros signos, consultar con un médico alergista a tiempo puede marcar la diferencia entre un manejo sencillo y uno complejo.