La mujer ingresó con dolor abdominal intenso y signos de obstrucción. Los estudios confirmaron una invaginación intestinal (intususcepción ileocecal). Aunque respondió al manejo conservador y fue dada de alta, meses después regresó con dolor abdominal recurrente, náuseas, vómitos y estreñimiento.

Una paciente de 32 años, sin antecedentes médicos ni quirúrgicos importantes, llegó a un hospital con dolor abdominal intenso y signos de obstrucción intestinal. Le hicieron una tomografía computarizada con contraste y una resonancia magnética.
Las imágenes mostraron que tenía una intususcepción ileocecal, es decir, una parte del intestino delgado se había metido dentro del intestino grueso. Además, vieron engrosamiento de la pared del ciego y del apéndice. La ingresaron, le dieron tratamiento conservador (sin cirugía), mejoró, recuperó la función intestinal y la dieron de alta.
7 meses después, la misma paciente acudió a otra institución. Llevaba un mes con dolor abdominal intermitente en el cuadrante inferior derecho. El dolor comenzaba cerca del ombligo y luego se desplazaba a la parte inferior derecha. También tenía náuseas, vómitos y estreñimiento.
No tenía fiebre, no había perdido peso, no sangraba por el recto y su apetito estaba normal. En la exploración física estaba estable y su abdomen no mostraba hallazgos anormales.
Le hicieron una nueva tomografía computarizada con contraste de abdomen y pelvis. Esa tomografía mostró un engrosamiento excéntrico en la pared inferior del ciego: medía 6 mm de grosor y 2 cm de largo.
No había signos de que la intususcepción hubiera regresado, no había obstrucción, no había líquido libre en el abdomen ni ganglios inflamados. El apéndice se veía normal. Como hallazgo incidental, vieron una lesión hipodensa en el anexo derecho que interpretaron como un quiste ovárico funcional (benigno y sin relación con el dolor intestinal).
Luego le hicieron una colonoscopia. En ese estudio encontraron una lesión polipoide multilobulada de aproximadamente 10 mm justo en el orificio apendicular. La superficie de la lesión parecía benigna.
Como tenía aspecto mucinoso y parecía venir de una capa más profunda de la pared intestinal, tomaron biopsias de la mucosa que rodeaba la lesión. El resultado de la biopsia mostró mucosa colónica normal: no había displasia, no había granulomas, no había infección y no había cáncer.
A pesar de que las biopsias eran normales, los médicos decidieron operar. ¿Por qué? Porque la paciente ya había tenido una intususcepción antes, y en los adultos una intususcepción casi siempre tiene una lesión que la origina.
Además, la paciente seguía con síntomas y no podían descartar completamente que esa lesión fuera maligna. Le hicieron una cecectomía laparoscópica (extirparon una parte del ciego) y la cirugía transcurrió sin complicaciones.
Cuando los patólogos examinaron la pieza quirúrgica a simple vista, encontraron una lesión quística submucosa multiloculada de 1.5 cm de largo por 0.5 cm de ancho dentro de la pared del ciego.
Esa lesión contenía un material mucinoso. Luego la examinaron al microscopio y confirmaron el diagnóstico: era un linfangioma cecal. El apéndice no tenía alteraciones. Los bordes de la cirugía estaban libres de tumor.
Se encontraron cinco ganglios linfáticos que estaban reactivos (inflamados por la respuesta del cuerpo) pero sin cáncer. El mesoapéndice (tejido que sostiene al apéndice) era grasa y tejido fibroso benigno.
La paciente se recuperó sin problemas. La dieron de alta al segundo día después de la cirugía. En los controles posteriores no tuvieron complicaciones.