Un raro teratoma ovárico monodérmico fue interpretado como un tumor epitelial benigno en imágenes preoperatorias. El diagnóstico definitivo de struma ovarii se confirmó por histopatología tras cirugía conservadora, evidenciando las limitaciones de la imagen.

Una mujer de 30 años, nulípara, que consultó por un mes de sensación de plenitud abdominal y masa palpable en pelvis. No presentaba síntomas urinarios, gastrointestinales ni antecedentes personales o familiares de enfermedad tiroidea. El examen físico reveló una masa no móvil en el abdomen inferior izquierdo.
Los marcadores tumorales, incluyendo CA-125, inhibina, CEA, LDH y beta-hCG, se encontraban dentro de rangos normales. La ecografía pélvica evidenció una lesión ovárica izquierda multiloculada de gran tamaño, con septaciones gruesas, nódulos murales y vascularización interna, lo que elevó la sospecha de neoplasia.
La resonancia magnética confirmó una masa quística compleja sin características francas de malignidad, clasificándola como O-RADS 3. El diagnóstico presuntivo fue cistadenoma mucinoso, una de las entidades benignas más comunes con apariencia similar.
Dado el tamaño de la lesión y el riesgo de ruptura, se realizó una cistectomía mediante laparotomía, con enfoque conservador para preservar la fertilidad. Se obtuvieron lavados peritoneales para análisis citológico, los cuales resultaron negativos para malignidad.
El estudio macroscópico mostró un quiste multiloculado de superficie lisa. A nivel microscópico, más del 90% del tumor estaba compuesto por folículos tiroideos llenos de coloide, sin atipia citológica. La inmunohistoquímica fue positiva para TTF-1, confirmando la diferenciación tiroidea.
Estos hallazgos establecieron el diagnóstico definitivo de struma ovarii benigno, descartando transformación maligna y evitando tratamientos más agresivos.
La paciente tuvo una recuperación postoperatoria sin complicaciones y fue dada de alta al día siguiente. A los cinco meses de seguimiento, permanecía asintomática, con estudios de imagen normales y sin evidencia de recurrencia. Los niveles de CA-125, perfil tiroideo y hormona antimülleriana se mantuvieron dentro de parámetros normales.
Este caso pone en evidencia las limitaciones de las técnicas de imagen convencionales para diferenciar el struma ovarii de tumores epiteliales benignos. Incluso herramientas estandarizadas como O-RADS pueden clasificar erróneamente estas lesiones como de bajo riesgo.
La integración de tecnologías emergentes, como el análisis de imágenes asistido por inteligencia artificial, podría mejorar la caracterización preoperatoria de masas anexiales, reduciendo cirugías innecesarias y favoreciendo estrategias conservadoras.
El abordaje quirúrgico en pacientes jóvenes con deseo reproductivo debe equilibrar la seguridad oncológica con la preservación de la fertilidad. Este caso respalda el uso de técnicas conservadoras en lesiones con bajo riesgo aparente, siempre acompañado de una evaluación integral y confirmación histopatológica.
En conclusión, según Rizwana Anjum et al., el struma ovarii continúa siendo un diagnóstico desafiante que exige un enfoque multidisciplinario y una alta sospecha clínica para evitar sobretratamientos y optimizar los resultados en salud reproductiva.