La psoriasis puede manifestarse con placas rojizas y descamativas en la piel, acompañadas de picazón y ardor. Este caso muestra cómo el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado permitieron controlar una enfermedad crónica que impactaba tanto la salud física como el bienestar emocional de una paciente joven.

La psoriasis es una enfermedad inflamatoria crónica, inmunomediada y de curso recurrente que afecta la piel, las uñas y, en algunos pacientes, las articulaciones. Se caracteriza por la aparición de placas eritematosas cubiertas por escamas blanquecinas o plateadas, capaces de generar síntomas físicos y repercusiones psicológicas significativas.
Paciente femenina de 28 años que acude a consulta dermatológica por presentar lesiones cutáneas descamativas de aproximadamente dos años de evolución. Refiere que inicialmente aparecieron pequeñas áreas de descamación detrás de ambas orejas, las cuales progresaron lentamente hacia el cuero cabelludo y la región lateral del rostro. Durante los últimos seis meses observó aumento del tamaño de las lesiones, acompañadas de prurito intenso, sensación de ardor y descamación visible que afectaba su vida social y laboral. La paciente refiere episodios de empeoramiento asociados a estrés emocional y falta de sueño. Niega fiebre, pérdida de peso o enfermedades infecciosas recientes.
Como antecedentes personales refiere episodios ocasionales de dermatitis durante la adolescencia. Niega diabetes mellitus, hipertensión arterial y otras enfermedades sistémicas. Entre los antecedentes familiares destaca que su madre presenta psoriasis en placas desde la adultez temprana.
Al examen dermatológico se observan múltiples placas eritemato-descamativas bien delimitadas localizadas en región retroauricular bilateral, pabellones auriculares, línea de implantación del cabello, cuello y áreas laterales de la cara. Las lesiones presentan escamas blanquecinas adherentes y signos de inflamación crónica. Se evidencia además descamación en cuero cabelludo y pequeñas placas en dorso de las manos. El resto del examen físico no muestra alteraciones significativas.
Se solicitaron hemograma completo, perfil metabólico, velocidad de sedimentación globular y proteína C reactiva, sin hallazgos relevantes. La biopsia cutánea mostró hiperqueratosis, paraqueratosis, acantosis epidérmica y microabscesos de neutrófilos compatibles con psoriasis. Los hallazgos clínicos e histopatológicos confirmaron el diagnóstico.
Psoriasis crónica en placas con compromiso facial, retroauricular y del cuero cabelludo.
Se inició tratamiento con corticosteroides tópicos de potencia adecuada para las áreas afectadas, análogos de vitamina D, emolientes de uso diario y medidas de cuidado de la piel. Debido a la extensión y recurrencia de las lesiones, se valoró terapia sistémica y seguimiento periódico por dermatología. Asimismo, se ofreció orientación sobre control del estrés y adherencia terapéutica.
Tras doce semanas de tratamiento se observó disminución importante del eritema, reducción de la descamación y mejoría notable del prurito. La paciente reportó mejor calidad de vida, recuperación de la confianza personal y disminución de la ansiedad relacionada con la apariencia de las lesiones.
Este caso destaca la importancia del diagnóstico temprano de la psoriasis y del abordaje integral de sus manifestaciones físicas y emocionales. La identificación de factores desencadenantes, el tratamiento oportuno y el seguimiento continuo son fundamentales para lograr el control de la enfermedad y prevenir complicaciones a largo plazo.