La tromboembolia pulmonar puede tener una mortalidad a corto plazo de hasta un 30%, pero con diagnóstico y tratamiento oportuno la mortalidad puede reducirse al 2–8%.

Con el objetivo de mantener actualizados a los profesionales de la salud sobre los últimos avances en medicina cardiovascular, la Revista Medicina y Salud Pública realizó una importante cobertura científica.
El evento reunió a especialistas de distintas áreas para analizar a fondo las claves de la guía ACC/AHA 2026 para el manejo de la tromboembolia pulmonar, una actualización que llega después de una década sin cambios significativos, pues la anterior databa de 2016.
Para poner en contexto las nuevas directrices, la doctora Mariela Reyes, residente de primer año de cardiología del Hospital Plaza de la Salud, presentó un caso clínico que tituló "Diagnóstico temprano de salvavidas".
Durante su intervención, subrayó la alta mortalidad de esta patología, "Estimamos que un 30% a corto plazo. Y si se deja sin tratamiento, puede llegar a complicar más a los pacientes". No obstante, mencionó que "la aplicación del tratamiento temprano y adecuado reduce la mortalidad hasta un 2%".
El caso expuesto correspondía a un paciente masculino de 63 años con antecedentes de trombosis venosa profunda, quien acudió al servicio de emergencias por disnea, dolor en el miembro inferior izquierdo y edema.
Los exámenes de laboratorio revelaron datos críticos: un dímero D elevado, troponinas positivas, y un electrocardiograma con alteraciones características. La angiotomografía de tórax confirmó el diagnóstico al mostrar un tromboembolismo pulmonar central y periférico bilateral.
Lo que siguió fue una intervención oportuna. El paciente fue llevado a una tromboembolectomía endovascular por el departamento de cirugía vascular, y las imágenes post-procedimiento evidenciaron una permeabilidad completa de la arteria pulmonar.
Los ecocardiogramas de control, además, mostraron una normalización de la función cardíaca. El caso sirvió así como un ejemplo de que "un diagnóstico y una intervención oportuna disminuyen los desenlaces fatales de esta patología, la cual la mortalidad sigue siendo elevada, y muchas veces a la realidad de los síntomas, es infra-diagnosticable".
Luego vino el turno del doctor Joaquín Martínez, reconocido cardiólogo intensivista, quien tomó la palabra para desglosar los puntos principales de la esperada Guía de Tromboembolia Pulmonar del 2026.
"La mortalidad de la entidad es muy alta, sobre todo cuando no se hace el diagnóstico precoz. Si no sospechamos el tromboembolismo pulmonar, se produce la mortalidad de 25% a 30%... Sin embargo, cuando se hace una sospecha de diagnóstico y se hace el diagnóstico oportunamente, es decir, la mortalidad baja de un 2 a un 8%, y ahí la importancia de la sospecha de diagnóstico".
En relación con el abordaje diagnóstico, resaltó el papel del algoritmo YEARS y el dímero D: "Aquí está uno de los puntos luminosos de la última guía, es la escala YEARS, el algoritmo YEARS, es decir, cuando tengo un paciente con síntomas que me hacen sospechar tromboembolismo coronal, yo tengo que aplicar este algoritmo que se basa en tres preguntas. Si el paciente no tiene ninguna de las tres preguntas positivas, pero tiene el número de por debajo de mil, ese paciente no tiene tromboembolismo coronal y se excluye de la prueba diagnóstica".
Y finalmente, conversó sobre el ecocardiograma y el manejo de riesgo: "Esta guía dice que el ecocardiograma no debe utilizarse como elemento diagnóstico de tromboembolismo pulmonar ni para descartarlo. La única utilidad del ecocardiograma es para valorar y ratificar el riesgo del paciente con tromboembolismo pulmonar", puntualizó.
Ahora bien, la presentación no se limitó a informar sobre el contenido de la guía. También buscó fomentar un debate entre los especialistas presentes sobre su aplicación en el contexto local. Incluir las recomendaciones internacionales en acciones que mejoren la supervivencia y la calidad de vida de quienes padecen esta compleja enfermedad, fue el objetivo de este espacio.