El cardiólogo intervencional Héctor Martínez destacó los avances del reemplazo percutáneo de válvula aórtica, una alternativa que ha permitido tratar pacientes con alto riesgo quirúrgico, reducir complicaciones y acortar la hospitalización.

El reemplazo percutáneo de válvula aórtica (TAVI) ha ampliado las posibilidades de tratamiento para pacientes con estenosis aórtica, especialmente aquellos que presentan comorbilidades que dificultan su acceso a una cirugía convencional. Así lo explicó el doctor Héctor Martínez, cardiólogo intervencional del Mayo West Medical Center y director del Departamento de Cardiología, al compartir la experiencia de su institución durante los últimos cinco años.
El especialista recordó que anteriormente aproximadamente el 40 % de los pacientes con esta condición no recibía tratamiento, situación que se asociaba con una elevada mortalidad al cabo de cinco años.
Con la incorporación de esta tecnología, su equipo ha podido ofrecer una alternativa a pacientes que anteriormente no eran considerados candidatos adecuados para una intervención quirúrgica debido a sus condiciones clínicas.
"En los últimos cinco años que llevamos haciendo esta terapia en el Mayo West Medical Center hemos podido ofrecer una herramienta donde podemos salvarle la vida al paciente; disminuimos la mortalidad aproximadamente un 30 %", afirmó Martínez.
Uno de los aspectos fundamentales para garantizar la seguridad del procedimiento es el acceso vascular. Martínez explicó que su equipo utiliza una técnica de micropunción, acompañada de guía ecográfica en tiempo real, para visualizar con precisión el lugar donde se introducen los instrumentos.
Posteriormente, emplean un dispositivo conocido como Perclose, que permite realizar el cierre percutáneo del acceso vascular.
Según el especialista, la aplicación organizada de estas etapas y la visualización durante la intervención permiten reducir a menos del 1 % el riesgo de sangrado relacionado con el acceso vascular.
Asimismo, explicó que algunos pacientes con enfermedad coronaria severa necesitan una revascularización percutánea mediante stents, especialmente cuando están comprometidas arterias importantes como la descendente anterior, la circunfleja proximal o la coronaria derecha proximal.
En cambio, cuando se trata de arterias pequeñas, con un diámetro inferior a dos milímetros, no necesariamente es preciso realizar este procedimiento.
El cardiólogo también señaló que determinadas características anatómicas de las arterias coronarias pueden aumentar el riesgo de obstrucción durante el implante de la válvula. Para estos casos, mencionó estrategias de protección como las técnicas de chimenea y la modificación de los velos de la válvula mediante herramientas de electrocauterio.
Otro de los avances destacados por Martínez es la planificación del procedimiento mediante tomografía computarizada (CT scan).
Esta tecnología permite identificar con mayor precisión el lugar donde debe implantarse la prótesis y evitar comprometer estructuras relacionadas con el sistema eléctrico del corazón, particularmente la zona del bloqueo de rama izquierda.
El especialista explicó que anteriormente entre el 15 % y el 20 % de los pacientes podía necesitar un marcapasos permanente después del procedimiento. Sin embargo, en su institución han conseguido reducir esta proporción a menos del 9 %.
En relación con los dispositivos de protección embólica cerebral, Martínez explicó que su centro no dispone actualmente de esta tecnología debido a su elevado costo y a que gran parte de sus procedimientos se realizan utilizando la arteria radial como segundo acceso.
Aunque estos dispositivos permiten recoger pequeños fragmentos de calcio y material vascular mediante canastillas ubicadas cerca de las arterias carótidas, indicó que los estudios más recientes no han demostrado un beneficio significativo en términos de seguridad, mortalidad o supervivencia a largo plazo.
La elección del tamaño adecuado de la válvula también representa un elemento importante para reducir complicaciones.
De acuerdo con el cardiólogo, mediante la tomografía se evalúan las dimensiones del anillo aórtico para seleccionar la prótesis correspondiente. Además, explicó que las válvulas utilizadas cuentan con una doble falda que contribuye a disminuir las fugas paravalvulares.
En pacientes con calcificaciones importantes, el equipo puede anticipar el riesgo de fuga y seleccionar un balón para realizar una dilatación posterior. Este procedimiento permite expandir la prótesis y mejorar su adaptación a las paredes de la aorta.
Martínez aclaró que las fugas paravalvulares leves no necesariamente se relacionan con un aumento de la mortalidad, mientras que las severas sí pueden asociarse con complicaciones y peores resultados.
En cuanto a la atención de emergencias, destacó que los procedimientos se realizan en una sala preparada para una eventual intervención quirúrgica, con el acompañamiento del cirujano doctor Fredy Madera.
Aunque han tenido que intervenir pacientes por complicaciones vasculares, aseguró que durante los cinco años de experiencia con esta terapia no han registrado casos que hayan requerido una cirugía de emergencia durante el mismo procedimiento.
Entre los beneficios que destacó el especialista se encuentran la reducción del tiempo de hospitalización y la posibilidad de que los pacientes retomen más rápidamente sus actividades cotidianas.
Según explicó, actualmente más del 90 % de los pacientes de su institución recibe el alta hospitalaria dentro de las primeras 24 horas, siempre que no presente alteraciones eléctricas, bloqueos, bradicardias, arritmias o complicaciones hemodinámicas.
Martínez recordó que, cuando comenzaron a realizar esta terapia, los pacientes permanecían entre dos y tres días hospitalizados. Sin embargo, la experiencia adquirida y la planificación previa han permitido mejorar los resultados y los tiempos de recuperación.
El médico también señaló que la durabilidad estimada de las válvulas se encuentra entre siete y diez años.
En caso de que un paciente presente problemas con la prótesis en el futuro, explicó que puede existir la posibilidad de implantar una nueva válvula dentro de la anterior. Esta alternativa dependerá de las características de la bioprótesis y de las condiciones particulares de cada paciente. Entre las opciones mencionó las válvulas expandibles por balón y las autoexpandibles.
Martínez explicó que la presión arterial sistémica es uno de los principales parámetros que vigila el equipo médico después del procedimiento.
Indicó que una presión cercana o inferior a 90/60 mmHg puede alertar sobre alguna complicación, como sangrado, isquemia o problemas relacionados con la válvula.
Ante esta situación, señaló que es necesario realizar rápidamente un ecocardiograma para evaluar el funcionamiento del corazón y de la prótesis, identificar el origen de la alteración y actuar oportunamente.
El especialista también destacó la importancia de la vigilancia en cuidados intensivos después de la intervención y mencionó que las nuevas guías de los CMS recomiendan que los pacientes sean observados en una unidad de cuidados intensivos cuando esté disponible.
Como mensaje final, el cardiólogo hizo un llamado a las personas que presentan fatiga, cansancio o pérdida del conocimiento, así como a quienes han recibido un diagnóstico de soplo cardíaco, para que busquen una valoración médica.
Martínez insistió en que tener un soplo no significa necesariamente que se trate de una condición normal o inofensiva. Por ello, recomendó realizar un ecocardiograma y acudir a un cardiólogo o internista para determinar si existe alguna alteración que requiera tratamiento.
También recordó que no todos los hospitales de Puerto Rico cuentan con la tecnología para realizar el reemplazo percutáneo de válvula aórtica, por lo que consideró fundamental que los pacientes conozcan los centros donde se ofrece esta alternativa y puedan ser referidos oportunamente.
Finalmente, señaló que el futuro de esta terapia está relacionado con ampliar el número de centros que realizan el procedimiento, identificar a los pacientes en etapas más tempranas y continuar reduciendo las complicaciones.
El especialista destacó que la recuperación rápida también tiene un impacto en la vida familiar, debido a que muchos pacientes son cuidadores de otras personas y necesitan regresar a sus hogares y actividades cotidianas en el menor tiempo posible.