La falta de actividad física, una alimentación poco saludable, dormir mal y descuidar controles como la presión arterial pueden aumentar el riesgo cardiovascular durante años sin provocar síntomas evidentes.

Cuidar el corazón no suele depender de una sola decisión, sino de una suma de hábitos cotidianos que, repetidos durante años, pueden influir en la salud cardiovascular.
En Estados Unidos, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte. En 2023 estuvieron relacionadas con 915.973 fallecimientos, según las últimas estadísticas de la American Heart Association.
Entre los factores modificables se encuentran una alimentación con exceso de sodio y alimentos ultraprocesados, la inactividad física, el tabaquismo, el mal descanso y la falta de control de factores como la presión arterial, el colesterol y la glucosa.
Un estudio publicado en marzo de 2026 en European Journal of Preventive Cardiology analizó a 53.242 adultos del UK Biobank durante aproximadamente ocho años. Los investigadores evaluaron conjuntamente el sueño, la actividad física y la calidad de la alimentación.
Los participantes con una combinación más favorable de estos tres factores presentaron un 57 % menos de riesgo de sufrir eventos cardiovasculares mayores, que incluyeron infarto, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca, frente a quienes se encontraban en los niveles menos favorables.
Los investigadores también encontraron que cambios relativamente pequeños en los tres comportamientos se asociaban con una reducción del riesgo. Sin embargo, advierten que se trata de datos observacionales y que los resultados muestran una asociación, no una relación directa de causa y efecto.
La actividad física regular es uno de los pilares de la prevención cardiovascular. Las recomendaciones generales incluyen al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de ejercicios de fortalecimiento muscular dos o más días por semana.
Pero también importa cuánto tiempo se permanece sentado. Pasar largos períodos de inactividad forma parte de un patrón de vida sedentario que puede acompañarse de otros factores de riesgo cardiovascular.
Dormir poco se ha relacionado con un mayor riesgo de hipertensión, obesidad, diabetes y enfermedad cardiovascular. Para la mayoría de los adultos, Mayo Clinic recomienda intentar dormir al menos siete horas cada noche.
En la alimentación, reducir el exceso de sodio y limitar los alimentos altamente procesados puede ayudar a controlar la presión arterial y otros factores relacionados con la salud cardiovascular. Una dieta basada en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y grasas saludables forma parte de los patrones de alimentación recomendados para proteger el corazón.
La prevención cardiovascular, en definitiva, no exige transformar la vida de un día para otro. Moverse más, dormir mejor, mejorar progresivamente la alimentación y conocer factores como la presión arterial, el colesterol y la glucosa son decisiones cotidianas que pueden contribuir a proteger la salud del corazón a largo plazo.