El síndrome está relacionado con el estrés laboral crónico y puede manifestarse a través del agotamiento, el distanciamiento del trabajo y una sensación de menor eficacia profesional.

Llegar al final de la jornada sin energía, perder la motivación o comenzar a sentir rechazo por el trabajo son situaciones que muchas personas pueden experimentar en algún momento. Pero cuando estas señales se mantienen y están relacionadas con un estrés laboral que no ha sido manejado adecuadamente, los expertos hablan de burnout o agotamiento laboral.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluye el burnout en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), pero lo clasifica como un fenómeno ocupacional y no como una condición médica.
Su definición contempla tres dimensiones principales: agotamiento o pérdida de energía, mayor distancia mental respecto al trabajo, que puede expresarse como negativismo o cinismo, y una reducción de la eficacia profesional.
Una de las principales expertas en el estudio del burnout, la psicóloga Christina Maslach, profesora emérita de la Universidad de California, Berkeley, explica que el agotamiento por sí solo no basta para definir este fenómeno.
Una persona puede estar exhausta porque tiene demasiadas tareas o está atravesando una etapa laboral particularmente exigente y, aun así, mantener una percepción positiva de su trabajo y de su desempeño.
El burnout aparece cuando el agotamiento se combina con otros cambios, como una actitud cada vez más negativa o distante hacia el trabajo y la sensación de que ya no se está realizando bien la actividad profesional.
El agotamiento laboral no tiene una única causa. Una carga de trabajo excesiva, jornadas prolongadas, falta de control sobre las tareas, expectativas poco claras, conflictos laborales, falta de apoyo y dificultades para mantener un equilibrio entre la vida personal y el trabajo pueden aumentar el riesgo.
Por eso, abordar el burnout exclusivamente como un problema individual puede resultar insuficiente. Las condiciones del entorno laboral también forman parte de la ecuación.
Reconocer las señales es un primer paso, pero no siempre basta con descansar unos días. También puede ser necesario revisar la carga de trabajo, establecer límites, buscar apoyo y analizar las condiciones que están generando el estrés.
Mejorar los hábitos de sueño, realizar actividad física y utilizar estrategias para manejar el estrés pueden contribuir al bienestar. En algunos casos, también puede ser necesario hablar con un profesional de la salud o de la salud mental.
El burnout no es simplemente estar cansado de trabajar. Es un fenómeno relacionado con el estrés laboral crónico que puede afectar la forma en que una persona se siente, se relaciona con su trabajo y percibe su propio desempeño. Reconocer esa diferencia puede ser un primer paso para buscar apoyo y hacer cambios.