¿Cómo contribuye el alcohol al desarrollo del cáncer? Estas son las razones que explica la ciencia

El consumo de bebidas alcohólicas no solo está relacionado con el cáncer de hígado. La evidencia científica ha identificado varios mecanismos por los cuales el alcohol puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer en diferentes órganos.

Redacción MSP

    ¿Cómo contribuye el alcohol al desarrollo del cáncer? Estas son las razones que explica la ciencia

    Durante años, la relación entre el consumo de alcohol y el cáncer de hígado ha sido ampliamente estudiada. Sin embargo, el vínculo entre ambas condiciones es mucho más amplio. La ciencia ha demostrado que las bebidas alcohólicas pueden aumentar el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer y que este efecto está relacionado tanto con la manera en que el organismo procesa el alcohol como con los cambios que este provoca en las células.

    Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, el alcohol está clasificado como carcinógeno del grupo 1, una categoría que reúne sustancias con evidencia suficiente de que pueden causar cáncer en seres humanos. La evidencia relaciona su consumo con cánceres de la cavidad oral, faringe, laringe, esófago, hígado, colon y recto y, en las mujeres, mama.

    El impacto va más allá del cáncer de hígado

    Investigadores del Sylvester Comprehensive Cancer Center, perteneciente a la Universidad de Miami, analizaron más de tres décadas de información del Global Burden of Disease Study para estudiar las muertes por cáncer atribuibles al consumo de alcohol entre 1990 y 2023.

    Los resultados muestran que las muertes anuales por cáncer atribuibles al alcohol pasaron de 11.361 en 1990 a 23.126 en 2023. Los hombres y las personas de 55 años o más concentraron la mayor carga de mortalidad, aunque el impacto se observó en distintos grupos de edad y tipos de cáncer.

    Estos datos refuerzan que la relación entre alcohol y cáncer no se limita al hígado. Entre los tipos de cáncer asociados al consumo de bebidas alcohólicas se encuentran los de cabeza y cuello, esófago, hígado, colon y recto y mama.

    El alcohol puede dañar el ADN

    Uno de los principales mecanismos comienza cuando el organismo descompone el etanol, el tipo de alcohol presente en las bebidas alcohólicas. Durante este proceso se produce acetaldehído, una sustancia tóxica que puede dañar el ADN y las proteínas de las células.

    Ese daño es importante porque el ADN contiene las instrucciones que regulan el funcionamiento y la reproducción de las células. Cuando se producen alteraciones que no son reparadas correctamente, pueden acumularse cambios que favorezcan el desarrollo de células cancerosas.

    El organismo también puede generar especies reactivas de oxígeno durante el metabolismo del alcohol. Estas moléculas pueden producir estrés oxidativo y dañar el ADN, las proteínas y los lípidos de las células.

    Alcohol y tabaco: una combinación especialmente peligrosa

    El alcohol puede facilitar que las células de la boca y la garganta absorban sustancias cancerígenas presentes en el humo del tabaco. De acuerdo con el NCI, las personas que consumen alcohol y además fuman presentan riesgos mucho mayores de desarrollar cánceres de la cavidad oral, faringe, laringe y esófago que quienes utilizan únicamente una de estas sustancias. En algunos de estos cánceres, los efectos combinados son mayores de lo que se esperaría al sumar los riesgos individuales.

    ¿Existe una cantidad de alcohol sin riesgo?

    La evidencia científica indica que el riesgo de cáncer aumenta con la cantidad de alcohol consumida y que, para algunos tipos de cáncer, incluso niveles bajos de consumo pueden incrementar el riesgo. Por eso, desde la perspectiva de prevención del cáncer, no puede establecerse una cantidad de alcohol completamente libre de riesgo.

    La evidencia, por tanto, apunta a un mensaje claro: el alcohol no es solamente un factor relacionado con las enfermedades del hígado. Su metabolismo puede provocar daños celulares, alterar procesos hormonales y facilitar otros mecanismos que contribuyen al desarrollo de cáncer. Reducir su consumo es una de las medidas que pueden ayudar a disminuir ese riesgo.

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