Los puertorriqueños tienen la mortalidad más alta por cáncer de próstata en el mundo: ¿Cómo prevenirlo?

Un panel de cinco expertos abordó desde la biología del tumor hasta el apoyo emocional que necesitan los pacientes, en el marco del MSP Uro Tour.

Laura Guio

    Los puertorriqueños tienen la mortalidad más alta por cáncer de próstata en el mundo: ¿Cómo prevenirlo?

    En Puerto Rico, el cáncer de próstata no es solo una estadística: es la enfermedad oncológica que más vidas cobra entre los hombres de la isla, con una mortalidad que supera incluso a la de los afroamericanos en Estados Unidos, históricamente el grupo de mayor riesgo. 

    A pesar de eso, miles de hombres siguen sin realizarse las pruebas básicas de detección, muchas veces por desconocimiento, por miedo o por el peso de una cultura que aún hace difícil hablar de salud en voz alta.

    La Revista de Medicina y Salud Pública conversó con el Dr. Gilberto Ruiz Deyá, director de la Residencia de Urología del Centro Médico Episcopal San Lucas (CMESL); el Dr. Rafael Brito, residente de Urología; el Dr. Miguel Serpa, especialista en Medicina Nuclear; el Dr. Rafael Espinet, médico internista; y la Dra. Josy Cabán, psicóloga clínica, para ofrecer un recorrido educativo y multidisciplinario sobre el manejo integral del cáncer de próstata en Puerto Rico.

    Una enfermedad que avanza en silencio

    El cáncer de próstata es, según los especialistas, una condición que con frecuencia no genera síntomas hasta etapas avanzadas. El Dr. Ruiz Deyá explicó que se trata de un crecimiento desordenado de células en la próstata, un órgano del tamaño de una nuez ubicado entre el recto, la vejiga y la uretra. 

    "Cuando empieza a ocurrir un crecimiento anormal de esas células, que esas células empiezan a crecer desordenadamente más rápido de lo normal, pues entonces eso se considera cáncer de próstata", explicó.

    En cuanto a sus causas, el especialista señaló que intervienen factores genéticos, epigenéticos y ambientales. Mencionó como ejemplo la exposición al agente naranja, la obesidad y el daño por radicales libres de oxígeno como elementos que comprometen el sistema de reparación del ADN. 

    Sin embargo, destacó un dato alarmante sobre la población local: "Los puertorriqueños tienen la mortalidad más grande de cáncer de próstata que ninguna otra raza", superando incluso a los afroamericanos, grupo históricamente identificado como el de mayor riesgo en Estados Unidos.

    Síntomas que aparecen tarde

    El Dr. Brito subrayó que la ausencia de síntomas es justamente uno de los mayores peligros de esta enfermedad. "La mayoría de los pacientes que diagnosticamos con cáncer de próstata no tienen un síntoma asociado", afirmó.

     Cuando los síntomas sí aparecen, pueden incluir dificultad al orinar, sangre en la orina o en el semen, y en etapas más avanzadas, dolor óseo, pérdida de peso y fatiga inexplicable.

    Por esa razón, la herramienta más importante sigue siendo el tamizaje proactivo. El Dr. Brito enfatizó que el PSA —prueba de laboratorio que mide el antígeno prostático específico— junto al tacto rectal, son los pilares del diagnóstico temprano. 

    A partir de una sospecha, se procede a la biopsia de próstata, que es la única manera de confirmar y clasificar la malignidad.

    La tecnología que cambia el panorama diagnóstico

    El Dr. Serpa explicó que en los últimos cinco años Puerto Rico ha incorporado herramientas de diagnóstico por imagen de vanguardia. El PET-CT con PSMA —por sus siglas en inglés, Prostate Specific Membrane Antigen— permite identificar con precisión si el cáncer está confinado a la próstata o si ha hecho metástasis a huesos, ganglios linfáticos u otros órganos.

     "El tejido de próstata tiene unos receptores en la superficie que se expresa en los tumores mil veces más que en el tejido normal", indicó, lo que convierte a esta prueba en un recurso altamente sensible y específico.

    El especialista aclaró que el estudio no requiere preparación especial, no usa yodo, no afecta la función renal y no genera reacciones alérgicas. "Es un estudio inocuo", dijo, con una duración aproximada de veinte minutos. Además del PET-CT, el MRI pélvico se ha consolidado como una herramienta clave para el monitoreo y la toma de decisiones quirúrgicas.

    Tres grandes caminos de tratamiento

    Cuando se confirma una malignidad confinada a la próstata, el Dr. Brito detalló que existen principalmente tres opciones: vigilancia activa para tumores de bajo riesgo, cirugía mediante prostatectomía radical, y radioterapia dirigida. La elección depende del estadio de la enfermedad y de las preferencias del paciente.

    El Dr. Ruiz Deyá resaltó que la robótica y la laparoscopía han transformado radicalmente la experiencia quirúrgica. "Estas tecnologías de una cirugía que la mayoría de los pacientes se transfundían, estaban dos o tres días en el hospital, hoy en día más de noventa por ciento de los pacientes se van en veinticuatro horas o antes a la casa", señaló. La sonda uretral, que antes generaba temor en los pacientes, ahora se retira en aproximadamente una semana.

    Cuando la enfermedad ha salido de la próstata, entra en juego la terapia hormonal, que actúa reduciendo los niveles de testosterona o bloqueando su efecto sobre las células tumorales. 

    Y para los casos más avanzados que no respondieron a otros tratamientos, el Dr. Serpa explicó que existe la radioterapia con radiofármacos: el radio-223 (Sofigo) para metástasis exclusivamente óseas, y el lutecio-177 PSMA (Pluvicto) para cuando hay compromiso de huesos y vísceras.

    El rol central del médico primario

    El Dr. Espinet destacó que las comorbilidades como la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardíacas tienen un impacto directo en la evolución del cáncer de próstata y en la capacidad del paciente para adherirse al tratamiento.

     Ante eso, el médico internista cumple una función articuladora indispensable. "Es como el director de la orquesta", describió. "El que está dirigiendo al paciente. Mirando esos efectos secundarios, mirando las condiciones que no se descompensen para que pueda seguir un tratamiento."

    También advirtió sobre la importancia del seguimiento óseo en pacientes bajo terapia hormonal, ya que una fractura puede complicar significativamente el curso del tratamiento.

    Romper el silencio también es parte del tratamiento

    La Dra. Cabán abordó la dimensión emocional del diagnóstico, con frecuencia ignorada en el contexto de una cultura donde hablar de salud sigue siendo un desafío para muchos hombres.

    Las señales como el nerviosismo excesivo, el deseo de evitar las citas médicas, el aislamiento o la falta de motivación para las actividades cotidianas son indicadores de que el paciente necesita apoyo psicológico. "Su salud es primero, su bienestar es primero, y su pareja es para brindarle apoyo", afirmó.

    El Dr. Ruiz Deyá, por su parte, desmitificó la idea de que el problema es el machismo. A su juicio, el verdadero obstáculo es la falta de educación: "Cuando están educados, acceden al panorama y cambia completamente." En comunidades donde se han realizado charlas educativas y tamizajes, la respuesta de los hombres ha sido positiva.

    ¿A qué edad hacerse la prueba?

    La recomendación del panel es clara: todo hombre debe realizarse al menos un PSA y un tacto rectal a partir de los 45 años. Quienes tengan historial familiar de cáncer de próstata —padres, hermanos, tíos o abuelos— deben comenzar a los 40. "A tiempo las cosas tienen solución", resumió el Dr. Ruiz Deyá, haciendo eco del mensaje central de toda la jornada.

    El Dr. Serpa cerró con una afirmación contundente sobre la capacidad instalada en la isla: "En la actualidad no tenemos nada que envidiarle a ningún sistema. Poseemos todas las herramientas terapéuticas y diagnósticas para estar a la par con los mejores centros de Estados Unidos."


    Más noticias de Urología