Un estudio con casi 800.000 participantes concluye que el análisis de sangre puede prevenir entre una y dos muertes por cáncer de próstata por cada 1.000 hombres cribados, aunque los expertos advierten que no se trata de un aval al tamizaje universal.

El cáncer de próstata es uno de los tumores más frecuentes en hombres, pero la pregunta de si conviene detectarlo de forma sistemática ha dividido a la comunidad médica durante décadas.
Ahora, una actualización de la revisión Cochrane —la referencia más rigurosa en síntesis de evidencia clínica— aporta un dato que inclina, con matices, la balanza hacia el beneficio: el cribado mediante el antígeno prostático específico (PSA) sí reduce la mortalidad por esta enfermedad.
El equipo analizó seis ensayos clínicos con cerca de 800.000 participantes de Europa y Norteamérica. El resultado global indica que el cribado con PSA podría evitar la muerte por cáncer de próstata en 1 de cada 1.000 hombres.
Al centrarse en la evidencia más robusta —un gran ensayo con seguimiento de 162.241 hombres durante 23 años—, esa cifra asciende a 2 por cada 1.000, lo que equivale a ofrecer la prueba a unos 500 hombres para prevenir un fallecimiento.
Para Philipp Dahm, autor sénior del estudio e investigador de la Universidad de Minnesota, esto representa un punto de inflexión: "Podemos afirmar con certeza moderada que el cribado de PSA reduce la mortalidad en hombres con suficiente esperanza de vida".
El beneficio no llega sin costos. El cribado detectó alrededor de un 30% más de cánceres de próstata, principalmente en estadios tempranos, lo que se tradujo en unos 36 diagnósticos adicionales por cada 1.000 hombres cribados, para cada una o dos muertes evitadas. Muchos de esos tumores son de bajo grado y probablemente nunca habrían causado síntomas ni daño a lo largo de la vida del paciente.
El problema es que identificarlos activa una cadena de ansiedad, biopsias y tratamientos agresivos que pueden deteriorar seriamente la calidad de vida, con consecuencias como disfunción sexual y problemas urinarios.
Los autores son explícitos en que estos hallazgos no deben interpretarse como un respaldo al cribado poblacional indiscriminado. "La decisión debe tomarse de forma conjunta entre el paciente y su médico, con pleno conocimiento tanto de los posibles beneficios como de los riesgos reales del sobrediagnóstico y el tratamiento innecesario", subraya Juan Franco, investigador de la Universidad Heinrich-Heine de Düsseldorf y vinculado a la Red Cochrane Iberoamericana.
La revisión también examina una nueva generación de métodos que buscan hacer el proceso más preciso y menos dañino: la combinación del PSA con paneles de calicreínas y resonancia magnética permite reducir las biopsias innecesarias e identificar mejor qué tumores requieren tratamiento inmediato y cuáles pueden mantenerse bajo vigilancia activa.
"El panorama ha cambiado considerablemente desde nuestra revisión de 2013", reconoce Franco. "No solo contamos con evidencia más sólida a largo plazo, sino que también han mejorado las herramientas para reducir los daños del cribado".
Los primeros resultados de estos métodos más refinados son prometedores, aunque aún es pronto para saber si superan al PSA en solitario en términos de supervivencia.
Lo que sí queda claro es que, por primera vez en mucho tiempo, la conversación entre médico y paciente sobre el cribado de próstata tiene una base científica más firme sobre la que apoyarse.