Aunque los casos de rabia humana son poco frecuentes en Puerto Rico, el Departamento de Salud advierte que la enfermedad es letal una vez aparecen los síntomas, pero también prevenible si se recibe atención médica y tratamiento oportuno tras una mordedura, rasguño o contacto de saliva con heridas abiertas.

En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Zoonosis, el Dr. Juan José De Jesús Oquendo, epidemiólogo del Departamento de Salud de Puerto Rico y coordinador del Sistema de Vigilancia de Mordeduras de Animales y Posible Exposición al Virus de la Rabia, destacó la importancia de la prevención y la educación para reducir el riesgo de enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de los animales a los seres humanos.
Durante una entrevista para la Revista Medicina y Salud Pública, el especialista explicó que en Puerto Rico existen diversas enfermedades zoonóticas de importancia para la salud pública, entre ellas el dengue, la leptospirosis y la rabia, esta última una enfermedad que calificó como "100 % letal, pero prevenible".
El epidemiólogo explicó que la rabia afecta a todos los mamíferos, incluidos perros, gatos, caballos, vacas y ovejas, y puede transmitirse mediante mordeduras, rasguños o contacto de saliva de un animal infectado.
Sin embargo, aclaró que existe una percepción errónea sobre el papel de los perros en la transmisión de la enfermedad.
"Muchas veces minimizamos los eventos de mordeduras y rasguños de otros tipos de animales asociando que el perro es el transmisor principal", señaló.
Según explicó, en Puerto Rico no existe la variante canina de la rabia. El principal reservorio del virus en la isla es la mangosta, conocida popularmente como "ardilla". Estos animales pueden transmitir el virus a perros y gatos no vacunados, que posteriormente podrían representar un riesgo para las personas.
De acuerdo con el especialista, Puerto Rico ha registrado únicamente tres casos de rabia humana en los últimos 50 años de vigilancia epidemiológica.
Dos de esos casos estuvieron relacionados con mordeduras de perros callejeros, mientras que el más reciente ocurrió en 2015 en Salinas tras una mordedura de mangosta.
El Dr. De Jesús Oquendo relató que la persona afectada no acudió a recibir atención médica luego del incidente porque minimizó el evento. Meses después desarrolló síntomas asociados a la enfermedad y falleció.
"Se pudo haber prevenido", enfatizó.
El especialista reiteró que la rabia puede prevenirse completamente si el tratamiento se administra antes de la aparición de síntomas.
Por ello, hizo un llamado a la población a no ignorar ninguna mordedura, rasguño o exposición a saliva de animales sobre heridas abiertas.
"no minimice el evento. Acuda a su hospital o proveedor de salud más cercano", recomendó.
Además de evaluar el riesgo de exposición al virus de la rabia, la atención médica permite realizar la limpieza adecuada de la herida y prevenir otras infecciones bacterianas.
El epidemiólogo recordó que la vacunación de perros y gatos constituye una de las principales medidas de prevención contra la rabia.
Asimismo, aclaró que no se trata de una vacuna que se administra una sola vez en la vida de la mascota.
"Anualmente hay que hacer ese refuerzo", sostuvo.
En el caso de los seres humanos, explicó que algunas exposiciones son consideradas de alto riesgo, particularmente aquellas relacionadas con mangostas, murciélagos o animales callejeros cuando las mordeduras ocurren en el rostro.
En estos casos puede ser necesario administrar profilaxis antirrábica, que incluye vacunas e inmunoglobulina durante las primeras horas posteriores a la exposición.
Aunque no todas las mordeduras representan exposición al virus de la rabia, el Departamento de Salud realiza una evaluación individual de cada incidente.
Según indicó el especialista, el sistema de vigilancia registra anualmente entre 9,000 y 10,000 mordeduras de animales en Puerto Rico.
Tras la evaluación epidemiológica correspondiente, durante el año pasado cerca de 560 personas recibieron vacunación preventiva al determinarse que habían estado expuestas a un riesgo elevado de contagio.
Más allá de la rabia, el Dr. De Jesús Oquendo recordó que existen otras enfermedades zoonóticas asociadas al contacto con animales.
Entre ellas mencionó la salmonelosis, que puede relacionarse con reptiles y aves, y la leptospirosis, una enfermedad que suele aumentar tras eventos de lluvias intensas e inundaciones.
Explicó que los roedores pueden eliminar la bacteria responsable de la leptospirosis a través de la orina, contaminando superficies y cuerpos de agua. Cuando una persona entra en contacto con esas aguas a través de heridas abiertas, puede contraer la infección.
Ante el creciente vínculo entre las personas y sus mascotas, el epidemiólogo insistió en que los animales no deben verse como enemigos, sino que es necesario mantener un equilibrio entre la salud humana, animal y ambiental.
Indicó que los propietarios deben actuar con responsabilidad, mantener a sus mascotas vacunadas y adoptar medidas adecuadas cuando las lleven a espacios públicos.
Finalmente, destacó que la educación continúa siendo la herramienta más importante para prevenir las enfermedades zoonóticas.
"Podemos tener un balance en todo, pero la educación es pieza clave", concluyó.