Un estudio realizado en San Juan encontró fracturas vertebrales en el 11,2 % de las mujeres de 50 años o más evaluadas. La investigación también evidenció un importante desconocimiento sobre la salud ósea.

La osteoporosis puede avanzar sin provocar síntomas evidentes hasta que ocurre una fractura. En ese momento, lo que parecía un problema invisible puede convertirse en una hospitalización, un proceso de rehabilitación y, en algunos casos, una pérdida de autonomía que afecta tanto al paciente como a su familia.
En Puerto Rico, una investigación publicada en diciembre de 2010 en la revista Puerto Rico Health Sciences Journal encontró que el 11,2 % de las mujeres de 50 años o más estudiadas en San Juan presentaba fracturas vertebrales. El estudio incluyó una muestra de 400 mujeres y examinó la prevalencia de estas lesiones y su relación con factores de riesgo.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que cerca del 94 % de las participantes con fracturas vertebrales desconocía el estado de sus huesos. La investigación también identificó osteoporosis en el 71 % de las mujeres que presentaban estas fracturas, según los criterios utilizados por los investigadores.
Estas cifras corresponden a la población estudiada y no representan estimaciones actuales para todas las mujeres de Puerto Rico. Sin embargo, permiten dimensionar un problema que puede permanecer oculto hasta que sus consecuencias afectan la vida cotidiana.
La osteoporosis es una enfermedad que reduce la resistencia de los huesos y aumenta el riesgo de fracturas. Puede afectar la cadera, la columna vertebral y la muñeca, entre otras zonas, y es especialmente relevante en las personas mayores.
Según la Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF, por sus siglas en inglés), a nivel mundial, una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres mayores de 50 años sufrirá una fractura relacionada con la osteoporosis a lo largo de su vida.
Estas lesiones pueden provocar dolor, discapacidad y pérdida de independencia. Para una persona mayor, una fractura de cadera o una lesión vertebral puede representar un cambio significativo en su capacidad para caminar, realizar tareas domésticas o mantener su rutina habitual.
Aunque la enfermedad suele asociarse con las mujeres después de la menopausia, los hombres también pueden desarrollarla. La edad, los antecedentes familiares de fracturas, el bajo peso corporal, determinadas enfermedades y el uso prolongado de algunos medicamentos pueden aumentar el riesgo.
La densitometría ósea es una de las principales pruebas utilizadas para medir la densidad mineral de los huesos y contribuir al diagnóstico de la osteoporosis. La indicación de esta prueba depende de factores como la edad, los antecedentes clínicos, las fracturas previas y la evaluación médica individual.
La prevención también incluye una alimentación adecuada, con suficiente calcio y vitamina D según las necesidades de cada persona, actividad física adaptada a sus capacidades, ejercicios para fortalecer los músculos y mejorar el equilibrio, y medidas para evitar caídas en el hogar.
Una fractura después de una caída leve, especialmente en una persona mayor, merece evaluación médica para determinar si existe fragilidad ósea y si es necesario iniciar tratamiento.
En el ámbito de la reumatología, el reconocimiento oportuno de las enfermedades inflamatorias también representa un desafío clínico. El doctor Ricardo Gago, presidente entrante de la Asociación de Reumatólogos de Puerto Rico, ha señalado que condiciones como la polimialgia reumática pueden presentar dificultades diagnósticas.
Los pacientes con esta enfermedad pueden tener elevados los marcadores inflamatorios en los análisis de sangre y, al mismo tiempo, obtener resultados negativos en pruebas relacionadas con otras enfermedades autoinmunes. Esta combinación requiere una evaluación clínica cuidadosa para interpretar los hallazgos y distinguir la polimialgia reumática de otras condiciones con manifestaciones similares.
Una valoración integral de los síntomas, los resultados de laboratorio y los antecedentes del paciente es fundamental para evitar retrasos en el reconocimiento de la enfermedad y orientar el tratamiento adecuado.
Aunque la polimialgia reumática y la osteoporosis son enfermedades diferentes, ambas ponen de relieve la importancia de una evaluación médica oportuna, especialmente en las personas mayores. Identificar correctamente cada condición permite establecer medidas de atención ajustadas a las necesidades de cada paciente y proteger su calidad de vida.
La evidencia científica disponible sobre osteoporosis en Puerto Rico incluye investigaciones locales relevantes, pero algunas son antiguas y no permiten establecer con precisión la prevalencia actual de la enfermedad en toda la población de la isla.
Un estudio publicado en 2018 sobre 953 adultos puertorriqueños de entre 47 y 79 años residentes en Estados Unidos encontró una prevalencia de osteoporosis del 10,5 % y de baja masa ósea del 43,3 %. Sin embargo, esos participantes vivían en territorio continental estadounidense, por lo que sus resultados no deben presentarse como cifras representativas de Puerto Rico.
Esta limitación estadística refuerza la importancia de contar con investigaciones poblacionales actualizadas que permitan conocer la magnitud del problema en la isla, identificar los grupos con mayor riesgo y orientar las estrategias de prevención y atención.
En el Día Mundial de la Osteoporosis, que se conmemora cada 20 de octubre, el mensaje trasciende la prevención de una enfermedad: se trata de proteger la capacidad de caminar, trabajar, compartir con la familia y conservar la independencia a medida que pasan los años.
Porque cuidar los huesos antes de una fractura puede marcar una diferencia en la calidad de vida. Reconocer los factores de riesgo, acceder a una evaluación médica oportuna y recibir el tratamiento adecuado son pasos importantes para evitar que una enfermedad silenciosa termine cambiando la historia de una persona.