La ciclorfina ha sido vinculada a sobredosis mortales en Estados Unidos y Reino Unido. El químico Néstor Carballeira advierte sobre las dificultades para detectarla y la importancia de fortalecer la vigilancia en Puerto Rico.

La ciclorfina ha sido vinculada a sobredosis mortales en Estados Unidos y Reino Unido. El químico Néstor Carballeira advierte sobre las dificultades para detectarla y la importancia de fortalecer la vigilancia en Puerto Rico.
La aparición de nuevos opioides sintéticos está añadiendo complejidad a la crisis de sobredosis. Uno de ellos es la ciclorfina, una sustancia de alta potencia detectada en mercados ilícitos y relacionada con muertes por sobredosis. Su identificación representa un desafío para los laboratorios y los profesionales sanitarios, ya que puede estar presente en drogas o pastillas falsificadas sin que la persona que las consume lo sepa.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó en mayo de 2026 que la ciclorfina había sido reportada en diez países. Su sistema de alerta temprana recogía 182 detecciones en muestras de drogas incautadas y 78 casos post mortem relacionados con la sustancia en Estados Unidos y Reino Unido. Estos datos corresponden a los casos notificados a ese sistema y no significan que la sustancia fuera la única responsable de todas las muertes.
Para el doctor Néstor Carballeira, catedrático y decano de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, y miembro del Colegio de Químicos de Puerto Rico, la expansión de estos compuestos plantea un reto de vigilancia y preparación para los sistemas de salud.¿Qué es la ciclorfina y por qué preocupa?
La ciclorfina, también conocida como N-propionitrilo clorfina, es un opioide sintético perteneciente al grupo de los análogos de orfina. Se trata de una molécula desarrollada mediante procesos químicos y estructuralmente distinta del fentanilo y de los nitacenos.
Su peligrosidad está relacionada con su actividad sobre los receptores opioides, que intervienen en la percepción del dolor y en funciones vitales como la respiración. La evidencia farmacológica disponible apunta a una potencia superior a la del fentanilo, aunque la comparación depende de las condiciones y los métodos utilizados para medirla.
El Centro de Investigación y Educación en Ciencias Forenses (CFSRE, por sus siglas en inglés) ha señalado que los datos farmacológicos disponibles sugieren que la ciclorfina podría ser aproximadamente diez veces más potente que el fentanilo. Esta estimación debe interpretarse con cautela: no constituye una equivalencia clínica exacta ni permite predecir el efecto de una cantidad determinada en una persona.
Carballeira advierte que el riesgo aumenta cuando estas sustancias circulan fuera de los canales regulados. A diferencia de los medicamentos fabricados bajo controles farmacéuticos, las drogas del mercado ilícito pueden tener una composición y una concentración desconocidas.
La ciclorfina se ha identificado en muestras de drogas mezcladas con otras sustancias, incluidos fentanilo, heroína y cocaína. También se ha detectado en pastillas falsificadas que imitan medicamentos de prescripción. Por ello, la apariencia de una tableta o de un polvo no permite determinar qué contiene ni estimar su potencia.
Una amenaza difícil de identificar mediante pruebas rutinarias
Uno de los principales desafíos es que la ciclorfina puede pasar inadvertida en los análisis habituales. Según la UNODC, no se espera que sea detectada por las tiras reactivas convencionales ni por los análisis rutinarios de opioides en orina.
Carballeira señala que la identificación de una sustancia sospechosa requiere un análisis especializado y que no siempre es posible llegar a una conclusión a partir de una prueba de campo.
Los laboratorios forenses pueden necesitar técnicas analíticas avanzadas, como la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, para identificar y confirmar la presencia de este opioide. La selección del método depende de la muestra y de la disponibilidad de patrones de referencia y procedimientos validados.
Esta limitación tiene implicaciones clínicas: un resultado negativo en una prueba rutinaria no descarta necesariamente la exposición a un opioide sintético emergente. Si una persona presenta signos compatibles con una sobredosis, la atención médica no debe retrasarse mientras se espera la confirmación toxicológica.
¿Cuáles son las señales de una posible sobredosis?
Como otros opioides potentes, la ciclorfina puede deprimir el sistema nervioso central y comprometer la respiración. Entre las señales de alarma se encuentran:
Respiración lenta, superficial o ausente.
Dificultad para despertar a la persona o pérdida del conocimiento.
Labios o uñas azulados o grisáceos, por falta de oxígeno.
Pulso lento o débil en casos graves.
Estos signos no permiten identificar específicamente la ciclorfina, pero pueden indicar una sobredosis por opioides y requieren atención urgente.
Ante la sospecha de una sobredosis, se debe llamar al sistema de emergencias —el 911 en Puerto Rico— y administrar naloxona si está disponible, siguiendo las instrucciones del producto y del personal de emergencias. Puede ser necesario administrar dosis adicionales si la persona no responde o los síntomas reaparecen. También es fundamental mantener la vigilancia de la respiración y seguir las indicaciones del operador de emergencias.
La naloxona puede revertir temporalmente los efectos de los opioides, aunque la respuesta puede variar y una persona puede necesitar atención médica adicional incluso si recupera la conciencia.
¿Qué se sabe sobre la presencia de ciclorfina en Puerto Rico?
Carballeira indicó durante la entrevista que, hasta ese momento, no tenía conocimiento de pastillas incautadas ni de fallecimientos en Puerto Rico vinculados con la ciclorfina. También advirtió que la aparición de una sustancia en Estados Unidos merece atención en la isla por la posibilidad de que las redes de distribución ilícita se extiendan entre jurisdicciones.
Sin embargo, es importante distinguir entre la ausencia de casos confirmados y la ausencia de riesgo. El Departamento de Salud de Puerto Rico incluye actualmente una alerta sobre ciclorfina en su sección de sustancias emergentes. La publicación de una alerta permite reconocer y vigilar una amenaza, pero no confirma por sí sola que existan casos locales.
Por ello, la situación debe evaluarse a partir de los avisos oficiales, los resultados de los análisis forenses y la información de los servicios de salud. La vigilancia de las sustancias emergentes requiere coordinación entre laboratorios, personal sanitario, autoridades y programas de prevención de sobredosis.
La vigilancia y la respuesta temprana son fundamentales
La ciclorfina refleja cómo el mercado ilícito puede incorporar nuevas moléculas que dificultan la detección y la respuesta clínica. Su potencia, la posibilidad de que se mezcle con otras drogas y las limitaciones de las pruebas rutinarias hacen necesario mantener actualizados los métodos de laboratorio y los protocolos de atención.
Para Carballeira, el reto consiste en reconocer que las sustancias pueden cambiar antes de que los sistemas de vigilancia estén plenamente preparados para identificarlas. En ese escenario, la información científica, la comunicación entre instituciones y la capacidad de responder rápidamente ante una posible sobredosis resultan esenciales.
La principal recomendación para la población es evitar consumir pastillas o sustancias de composición desconocida y buscar ayuda de inmediato ante señales de sobredosis. La identificación de un nuevo opioide no solo representa un desafío químico: también exige preparación clínica, vigilancia epidemiológica y acceso oportuno a medidas que pueden salvar vidas.