Reumatología en adultos mayores: evitar corticoides innecesarios sin retrasar los tratamientos urgentes

La atención reumatológica en adultos mayores requiere diagnósticos precisos y tratamientos individualizados, debido a la multimorbilidad y riesgos asociados a determinados medicamentos.

Jorge Mario Murillo González

    Reumatología en adultos mayores: evitar corticoides innecesarios sin retrasar los tratamientos urgentes

    Los dolores articulares en personas mayores no deben atribuirse automáticamente al envejecimiento. Distinguir entre cambios degenerativos, como la artrosis, y una enfermedad reumática inflamatoria resulta fundamental para establecer un tratamiento adecuado y evitar tanto el sobretratamiento como la atención insuficiente.

    El tema fue abordado durante el Congreso Alemán de Reumatología 2026, realizado del 9 al 12 de septiembre en Leipzig, Alemania. En la conferencia de prensa del encuentro participó el profesor Jan Leipe, jefe de la Sección de Reumatología y del Centro de Excelencia en Medicina Inflamatoria del Hospital Universitario Schleswig-Holstein, en Kiel.

    El diagnóstico requiere más que un análisis de laboratorio

    En los adultos mayores pueden presentarse dos situaciones opuestas: atribuir síntomas inflamatorios a un supuesto proceso normal del envejecimiento o interpretar cambios degenerativos propios de la edad como una enfermedad reumática activa.

    La evaluación clínica mantiene un papel central. La presencia de inflamación articular, rigidez matutina prolongada, hinchazón, pérdida de peso o fatiga marcada puede justificar una valoración especializada.

    Entre las pruebas iniciales pueden utilizarse marcadores inflamatorios y estudios hematológicos, renales y hepáticos. Sin embargo, los resultados de laboratorio deben interpretarse junto con los síntomas y los hallazgos clínicos, ya que ningún resultado aislado permite establecer por sí mismo el diagnóstico de una enfermedad reumática inflamatoria.

    También deben considerarse signos potencialmente graves, como cefalea de aparición reciente, dolor al masticar o alteraciones visuales en una persona mayor. Estos síntomas pueden aparecer en la arteritis de células gigantes, una enfermedad inflamatoria vascular que requiere valoración médica urgente.

    La edad no debería conducir a un tratamiento insuficiente

    La necesidad de individualizar el tratamiento adquiere mayor importancia a medida que aumenta la edad debido a la presencia frecuente de comorbilidades y a la utilización simultánea de varios medicamentos.

    Un informe publicado en Zeitschrift für Rheumatologie en 2026 analizó datos de 13.416 pacientes atendidos en 14 centros de reumatología alemanes durante 2024. El 52 % tenía 60 años o más y el número promedio de comorbilidades aumentó desde 1,3 entre los adultos de 18 a 39 años hasta 4,4 en quienes tenían 80 años o más.

    El mismo análisis encontró diferencias importantes en el tratamiento. Entre pacientes con artritis reumatoide de 80 años o más, el 25 % recibía medicamentos biológicos frente al 47 % de los pacientes de 18 a 39 años. En cambio, los glucocorticoides se utilizaban en el 37 % de los mayores de 80 años, frente al 13 % de los más jóvenes.

    No obstante, los datos también muestran una evolución en la práctica clínica: desde 2010 hasta 2024, el uso de medicamentos biológicos modificadores de la enfermedad en pacientes con artritis reumatoide de 80 años o más aumentó del 7 % al 25 %, mientras que el uso de glucocorticoides disminuyó del 63 % al 37 %.

    El desafío de los corticoides

    Los glucocorticoides continúan siendo medicamentos importantes en determinadas enfermedades reumatológicas, pero su utilización en adultos mayores requiere una evaluación cuidadosa debido al perfil de riesgo asociado al envejecimiento y a las enfermedades concomitantes.

    El planteamiento presentado durante el congreso no consiste en prohibir los corticoides, sino en evitar su utilización empírica cuando todavía no existe una indicación diagnóstica clara.

    Esto adquiere especial relevancia porque una mejoría rápida de los síntomas después de administrar un glucocorticoide puede dificultar posteriormente la valoración de algunas manifestaciones inflamatorias y complicar la caracterización de la enfermedad.

    Por ello, cuando los síntomas articulares son inespecíficos y no existe una situación de urgencia, la estrategia debe orientarse hacia una evaluación diagnóstica adecuada y una selección individualizada del tratamiento.

    Hay situaciones en las que esperar puede ser peligroso

    La recomendación de limitar los corticoides innecesarios no significa retrasar su administración cuando existe una enfermedad inflamatoria con riesgo de daño orgánico.

    La sospecha de arteritis de células gigantes acompañada de síntomas visuales o dolor al masticar constituye precisamente uno de los escenarios en los que el tiempo puede ser determinante.

    El enfoque planteado por los especialistas busca, por tanto, mantener un equilibrio: evitar la exposición innecesaria a glucocorticoides, pero iniciar rápidamente el tratamiento cuando existe una indicación clínica urgente.

    Una atención que requiere mayor coordinación

    El envejecimiento de la población plantea además un desafío para los sistemas sanitarios. La atención de pacientes mayores con enfermedades reumáticas puede requerir coordinación entre reumatología, medicina familiar, geriatría, cardiología y otras especialidades.

    El Congreso Alemán de envejecimiento 2026 incluyó precisamente las enfermedades reumáticas inflamatorias en edades avanzadas como uno de sus temas centrales, con énfasis en los desafíos diagnósticos, terapéuticos y asistenciales.

    La evidencia disponible apunta a una conclusión: la edad por sí sola no debería determinar una reducción automática de la intensidad terapéutica. La decisión debe considerar actividad de la enfermedad, comorbilidades, funcionalidad, riesgos asociados a los medicamentos y objetivos individuales del paciente.

    En reumatología geriátrica, el reto no es simplemente tratar con más o menos medicamentos, sino identificar correctamente la enfermedad y seleccionar la terapia con la mejor relación entre beneficio y riesgo para cada paciente.

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