Experto en reumatología analizó los avances en el tratamiento del lupus, una enfermedad autoinmune que afecta desproporcionadamente a mujeres jóvenes hispanas y que en Puerto Rico registra una de las prevalencias más altas del mundo.

El lupus eritematoso sistémico sigue siendo una de las enfermedades más difíciles de diagnosticar en la medicina contemporánea. Un paciente promedio tarda al menos seis años en recibir un diagnóstico correcto, según explicó el doctor Oscar Soto, reumatólogo puertorriqueño y colaborador de la redacción médica de la revista Medicina y Salud Pública, en el marco del Día Mundial del Lupus.
La razón de esa demora diagnóstica tiene que ver con la naturaleza misma de la enfermedad. "El lupus puede afectar básicamente todo, casi todas partes en el cuerpo", señaló el Dr. Soto. El sistema inmune pierde su regulación y comienza a atacar el propio tejido, generando inflamación que puede manifestarse en la piel, las articulaciones, el riñón, el pulmón, el corazón y el sistema nervioso. Para complicarlo aún más, esa inflamación es intermitente y puede migrar de un órgano a otro, lo que dificulta capturar los síntomas en el momento adecuado.
La enfermedad afecta de ocho a nueve mujeres por cada hombre, generalmente en la adolescencia o en la adultez temprana, y su prevalencia entre latinos e hispanos es significativamente mayor que en otros grupos étnicos. Puerto Rico ocupa un lugar especialmente llamativo en este panorama: los datos más recientes, publicados por la Escuela de Medicina de San Bautista, estiman entre 159 y 539 pacientes por cada cien mil habitantes, cifras muy superiores a las de otros países de la región, como Brasil (98 por cada cien mil), Argentina (59) o México (entre 40 y 50).
El doctor Soto atribuye parte de esa diferencia a factores geográficos y climáticos. "El sol afecta mucho a la piel y al sistema inmune en pacientes susceptibles", explicó, lo que convierte a la fotoprotección en una medida preventiva de primer orden para quienes ya tienen el diagnóstico.
Uno de los mensajes más alentadores de la entrevista tiene que ver con la evolución del arsenal terapéutico disponible. Durante décadas, el tratamiento del lupus dependió en gran medida de los esteroides, con los daños acumulativos que eso implica. Hoy, los medicamentos biológicos han cambiado el panorama.
"Afortunadamente, cada día tenemos más herramientas terapéuticas para controlar la inflamación en estos pacientes y lograr llevarlos a remisión para que tengan una vida funcional", afirmó Soto. Estas terapias actúan principalmente sobre las células B del sistema inmune o sobre el interferón, asociado a las células T, y la FDA aprobó recientemente un nuevo medicamento específico para la nefritis lúpica, con expectativas de ampliar su indicación al lupus sistémico en general.
El horizonte más prometedor, sin embargo, apunta hacia la terapia celular. "Los primeros pacientes que se trataron con estos tratamientos de células CAR-T hace tres o cuatro años han estado en remisión por todo este tiempo sin medicamentos después de hacer esta intervención terapéutica", destacó el especialista. Esta estrategia busca reprogramar las células del sistema inmune para que mantengan la inflamación bajo control de forma duradera.
Más allá de los fármacos, el doctor Soto insistió en que el lupus exige un abordaje integral. El estrés crónico puede desencadenar brotes, y múltiples estudios lo confirman. "El estrés se ha visto que puede exacerbar, causar brotes del lupus", dijo, por lo que la buena alimentación, el ejercicio, el descanso y la higiene del sueño son componentes esenciales del tratamiento.
También abordó uno de los mitos más extendidos entre las pacientes jóvenes: la idea de que el lupus impide el embarazo. "Una mujer puede quedar embarazada si su lupus está controlado, y el embarazo puede ser completo, a término y exitoso si tiene esa asistencia médica, acompañamiento médico durante el periodo del embarazo", aclaró Soto.
En cuanto a las comorbilidades a largo plazo, el especialista advirtió sobre el riesgo cardiovascular elevado que acompaña a la inflamación sistémica persistente, así como sobre complicaciones asociadas al uso prolongado de esteroides, entre ellas diabetes, cataratas, osteoporosis y necrosis vascular. La meta actual es mantener a los pacientes con dosis mínimas de prednisona o prescindir de ella por completo, sustituyéndola por los biológicos disponibles.
Al cerrar la conversación, el doctor Soto dirigió unas palabras directas a quienes acaban de recibir el diagnóstico: "Más que temor, lo que deberías es ocuparte en buscar información seria, en buscar tratamiento. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado a tiempo salva vidas y puede hacer que puedas tener una vida completamente funcional."
El seguimiento médico, incluso en los períodos sin actividad de la enfermedad, fue el último punto que el reumatólogo quiso subrayar. Sentirse bien no equivale a estar curado, y abandonar los controles durante las remisiones puede abrir la puerta a nuevos brotes. Los pacientes en Puerto Rico pueden encontrar apoyo en organizaciones como Lupus PR y la Fundación Puertorriqueña de Enfermedades Reumáticas (Fundación FER).