Especialista explicó en el programa Telesalud cómo esta condición, marcada por el estigma y la incomprensión, requiere un abordaje multidisciplinar que va desde la alimentación hasta el equilibrio hormonal.

El dolor que siente una paciente con fibromialgia es real, aunque ninguna radiografía, resonancia magnética ni análisis de sangre lo confirme. Esa paradoja —la del sufrimiento sin huella estructural visible— es el núcleo de una condición que sigue siendo incomprendida en consultorios y entornos familiares de todo el mundo.
La Dra. Omaira Taveras, directora del Centro de Medicina Física, Rehabilitación y Unidad de Alivio del Dolor (CEMFRYU), abordó el tema en el espacio Telesalud, La Clínica en Casa, de la Revista MSP, transmitido en vivo desde Puerto Rico.
La fibromialgia es, según la especialista, un síndrome multifactorial de dolor musculoesquelético en el que no se encuentra ninguna causa estructural aparente: no hay alteración autoinmune, ni inflamatoria, ni degenerativa.
Lo que sí existe es una hipersensibilidad del sistema nervioso central que distorsiona la percepción del dolor. "Es como que el volumen del dolor en el cerebro está aumentado.
En situaciones en las que algunos pacientes no sienten nada de molestia, ellas sienten dolor", explicó la doctora, quien aclaró que la intensidad con la que estas pacientes experimentan el dolor no es exageración ni simulación sino una modulación neurológica diferente.
Además del dolor, la condición suele acompañarse de fatiga crónica, alteraciones del sueño, problemas gastrointestinales, afectaciones cognitivas y desequilibrios ginecológicos. El diagnóstico se alcanza por descarte: pruebas de imagen, electromiografías y estudios de conducción nerviosa que confirman que no existe daño estructural subyacente.
Uno de los mayores obstáculos en el manejo de esta condición es el estigma social. La ausencia de una lesión objetivable ha alimentado durante décadas la idea de que la fibromialgia es un padecimiento imaginario.
"No es que estén fingiendo, no es que no lo tengan, es que la percepción de ese dolor la modulan de una manera diferente", insistió la Dra. Taveras, señalando que ese estigma no solo demora el diagnóstico sino que pesa emocionalmente sobre quienes la padecen, quienes a menudo llegan a la consulta sintiéndose incomprendidas o cuestionadas.
La especialista apuntó además que el estrés laboral, el familiar y especialmente las historias de violencia —doméstica o sexual— aparecen con frecuencia en el perfil de estas pacientes, lo que convierte el diagnóstico en un ejercicio integral que trasciende con creces el ámbito clínico.
Tras años de experiencia en el manejo del dolor, la Dra. Taveras es categórica: el único enfoque que ha demostrado mejores resultados es el multidisciplinar.
"Le dedicamos mucho tiempo, nos sentamos a hablar con ella, a conocerla, acompañarla realmente, a ver cómo es su vida familiar, su vida de pareja, su entorno laboral", describió la especialista, quien enfatiza que regular el sistema nervioso central a través de técnicas de relajación es tan importante como cualquier intervención farmacológica.
En cuanto a la alimentación, la doctora subrayó que todas estas pacientes presentan inflamación de bajo grado y disbiosis intestinal, por lo que reducir el consumo de carbohidratos refinados, azúcares, procesados y grasas inflamatorias puede marcar una diferencia tangible en la percepción cotidiana del dolor.
El sueño es uno de los síntomas más frecuentemente citados, y la Dra. Taveras explicó su base hormonal con precisión: la progesterona interviene en el sueño profundo y, sin ella, el organismo no alcanza la fase en que se libera la hormona de crecimiento, responsable de la reparación celular.
El resultado lo describe ella misma con palabras de sus propias pacientes: "Yo me levanto como si me hubiesen dado una paliza", porque, como explicó la doctora, "esa fase de reparación se la saltan."
La pregnenolona —vinculada a la memoria y a la niebla mental que reportan estas pacientes— y la DHEA-sulfato, relacionada con la libido y con la producción de masa muscular vía testosterona, son otras dos hormonas que la especialista incorpora de forma rutinaria en su evaluación.
A mayor masa muscular, razonó, menos debilidad y menos dolor. Completar el cuadro con vitamina D en niveles óptimos es, a su juicio, otro pilar indispensable, dado que sus receptores están presentes precisamente en los tejidos más afectados: músculos, huesos, tendones y nervios.