Leucemia mieloide aguda: los avances moleculares están transformando el diagnóstico y el tratamiento

Especialistas que participaron en la Convención Anual de la Asociación de Hematología y Oncología Médica de Puerto Rico destacan la importancia de seleccionar tratamientos según el riesgo de cada paciente.

Lukas Salomón Osorio

    Leucemia mieloide aguda: los avances moleculares están transformando el diagnóstico y el tratamiento

    La fiebre, las infecciones recurrentes, el cansancio persistente y los sangrados inusuales pueden ser algunas de las señales de una enfermedad que requiere atención médica oportuna: la leucemia mieloide aguda (LMA), un cáncer de la sangre que se origina en la médula ósea y puede progresar rápidamente.

    Durante la Convención Anual de la Asociación de Hematología y Oncología Médica de Puerto Rico (AHOMPR), los doctores William Marrero León y Alexis Cruz Chacón abordaron los síntomas de esta enfermedad y los avances que han cambiado su abordaje, especialmente gracias a las pruebas moleculares, las terapias dirigidas y la evaluación del riesgo de recaída.

    “La leucemia mielógena aguda es un tipo de enfermedad en la sangre que surge dentro de la médula ósea. Los glóbulos blancos y rojos se afectan y los síntomas se dan precisamente por eso. La fiebre es la más común”, explicó Marrero León.

    La LMA se caracteriza por la proliferación de células inmaduras anormales que interfieren con la producción normal de las células sanguíneas. Como consecuencia, pueden disminuir los glóbulos rojos, los glóbulos blancos funcionales y las plaquetas, lo que favorece la aparición de anemia, infecciones y hemorragias. 

    Fiebre, infecciones y sangrado: señales que no deben minimizarse

    Los síntomas de la leucemia mieloide aguda no siempre son específicos y pueden confundirse con los de otras enfermedades. Sin embargo, cuando persisten, empeoran o aparecen acompañados de otras manifestaciones, requieren una evaluación médica.

    La fiebre puede estar relacionada con infecciones que el organismo tiene más dificultades para combatir debido a la disminución de los glóbulos blancos normales. Por su parte, la falta de glóbulos rojos puede provocar debilidad, palidez, mareos y cansancio, mientras que un recuento bajo de plaquetas puede ocasionar hematomas y sangrados.

    “En el caso de las plaquetas, el síntoma más peligroso es el sangrado severo, debido a la disminución de estas”, señaló el hematólogo oncólogo Alexis Cruz Chacón.

    El sangrado importante constituye una complicación potencialmente grave y requiere atención urgente. También deben evaluarse la fiebre persistente, las infecciones recurrentes y los hematomas o sangrados sin una causa evidente. 

    Aunque estas manifestaciones no significan necesariamente que exista leucemia, reconocerlas puede facilitar una valoración oportuna. Marrero León advirtió que algunas personas pueden restar importancia a los primeros síntomas y retrasar la búsqueda de atención. “En ocasiones, los pacientes no se dan cuenta a tiempo de los síntomas y los minimizan. Hoy en día hay tratamientos que pueden actuar rápidamente frente a este tipo de situaciones”, expresó.

    Del pronóstico histórico a la medicina de precisión

    Uno de los cambios más importantes en el manejo de la leucemia mieloide aguda ha sido la incorporación de pruebas que permiten identificar alteraciones genéticas y moleculares en las células leucémicas. “En los años 80, la esperanza de vida de los pacientes con leucemia mielógena era de un 30 %”, comentó Marrero León.

    Esta cifra debe interpretarse con cautela, ya que la supervivencia varía según la edad, el subtipo de leucemia y el periodo analizado. Como referencia, un estudio poblacional estadounidense que examinó casos diagnosticados entre 1980 y 2017 encontró que la supervivencia global a cinco años pasó del 9 % en la década de 1980 al 28 % entre 2010 y 2017. 

    Un tratamiento que depende de cada paciente

    Los avances en leucemia mieloide aguda han ampliado las alternativas terapéuticas, pero el pronóstico continúa siendo variable. La quimioterapia, los medicamentos dirigidos y el trasplante pueden formar parte de la estrategia clínica, de acuerdo con el subtipo de enfermedad y la situación de cada persona.

    El mensaje de los especialistas durante la convención de la AHOMPR es doble: no minimizar señales como la fiebre persistente, las infecciones o los sangrados inusuales y reconocer el valor de un diagnóstico que incluya pruebas genéticas y moleculares cuando estén indicadas.

    La identificación temprana de la enfermedad y la selección individualizada del tratamiento permiten que el equipo médico actúe con mayor precisión ante una leucemia que puede evolucionar rápidamente.

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