Distonía cervical podría tardar hasta cinco años en diagnosticarse y afectar a pacientes con párkinson

La distonía, tercer trastorno de movimiento más común tras el temblor esencial y el Parkinson, sigue siendo una de las condiciones neurológicas más subdiagnosticadas.

Laura Guio

    Distonía cervical podría tardar hasta cinco años en diagnosticarse y afectar a pacientes con párkinson

    Cada año, miles de pacientes con dolor crónico de cuello, contracciones involuntarias o posturas anormales recorren consultorios de fisiatras, quiroprácticos y especialistas en dolor sin recibir un diagnóstico claro.

     Lo que muchos no saben es que detrás de esos síntomas puede haber una distonía, un trastorno neurológico del movimiento que, pese a ser el tercero más común en su categoría, sigue siendo poco reconocido tanto por pacientes como por algunos profesionales de la salud. 

    Por ello, la revista Medicina y Salud Pública conversó con la doctora Maritere García Rondón, neuróloga especialista en enfermedades neuromusculares, durante el simposio sobre Parkinson celebrado recientemente, donde la experta abordó la relación entre esta enfermedad degenerativa y los trastornos de movimiento asociados, en particular la distonía.

    El Parkinson y la distonía: Una relación que evoluciona con el tiempo

    La enfermedad de Parkinson se caracteriza por síntomas motores como rigidez, lentitud y temblores, pero con el avance de la condición pueden aparecer complicaciones adicionales. Según la doctora García Rondón, "la mayor parte de los pacientes que llevan mucho tiempo con la condición, ya han pasado cinco o seis años, van a manifestar algún tipo de distonía."

    La distonía consiste en "una contracción sostenida de músculos en alguna área del cuerpo, involuntaria, sostenida, con un patrón recurrente", que genera posturas anormales que pueden resultar dolorosas. Esta manifestación puede estar relacionada tanto con el uso de medicamentos como con el progreso natural de la enfermedad.

    La especialista aclaró además un dato que suele sorprender: "hay un veinticinco por ciento de los pacientes de Parkinson que no tiemblan, pero están rígidos, están lentos, caminan de paso corto, parpadean menos." Para diagnosticar Parkinson, señaló, lo indispensable es la bradicinesia —o lentitud de movimientos—, no el temblor.

    La distonía, el tercer trastorno de movimiento más común

    Más allá del párkinson, la distonía es una condición que existe de forma independiente. "Las distonías son una serie de desórdenes de movimiento que catalogamos como el tercer desorden de movimiento más común, después del temblor esencial y el Parkinson", explicó la doctora.

    Estas pueden presentarse desde la infancia hasta la adultez y se clasifican según el área del cuerpo que afectan. En niños, las distonías generalizadas suelen tener origen genético, y hoy existen paneles de pruebas que permiten identificar el gen involucrado. En adultos, en cambio, predominan las distonías focales, que comprometen una región específica del cuerpo.

    Entre las más frecuentes en adultos se encuentran el blefaroespasmo —contracciones involuntarias de los párpados que pueden impedir abrirlos—, las distonías oromandibulares —asociadas frecuentemente a medicamentos antipsicóticos— y la distonía cervical, la más común de todas en esta población. Esta última, explicó la doctora, "es una contracción sostenida de músculos del cuello" que provoca rotación de la cabeza, hombro elevado y dolor crónico, y que "en el pasado se llamaba tortícolis espasmódica."

    Un diagnóstico que puede demorar años

    Uno de los aspectos más preocupantes que destacó la especialista es la demora en el diagnóstico de la distonía cervical. "A veces el diagnóstico puede tardar hasta cinco años en hacerse en un paciente con distonía cervical", advirtió, señalando que muchos enfermos pasan primero por fisiatras, quiroprácticos y especialistas en manejo del dolor sin recibir la orientación adecuada.

    Toxina botulínica: el tratamiento de referencia

    El tratamiento principal para las distonías focales es la inyección de toxina botulínica, comúnmente conocida por su nombre comercial Botox, aunque no se trata del mismo uso estético que el público general conoce. "Hoy día hay cinco toxinas de botulismo disponibles en la medicina", precisó la doctora, con indicaciones que van desde la neurología hasta la urología.

    En el caso de los pacientes con Parkinson que desarrollan condiciones neuromusculares, el abordaje terapéutico combina los medicamentos propios de la enfermedad —que actúan sobre los receptores de dopamina— con tratamientos complementarios. "Hay ciertas medicinas que ayudan a los síntomas, ya sea el relajante muscular; también lo utilizamos para la distonía", indicó García Rondón, mencionando medicamentos como el baclofén.

    Existe además un caso particular que llamó la atención de la especialista: una forma de distonía infantil que responde al mismo fármaco usado en Parkinson. "Es un niño que tiene problemas para caminar porque cuando empieza el movimiento desarrolla una distonía del pie", describió, y ese tipo de distonía "es bien común que responda a la levodopa", la medicina dopaminérgica base del tratamiento parkinsoniano.

    Una carga que va más allá del temblor

    La doctora García Rondón cerró la entrevista subrayando que todos los pacientes con Parkinson "van a tener una condición neuromuscular incapacitante, limitante, que les afecta la función", y que estas manifestaciones —menos visibles que el temblor— son igualmente relevantes para la calidad de vida del paciente. El mensaje central de la especialista fue claro: reconocer temprano la distonía, cualquiera sea su forma, es clave para ofrecer un tratamiento oportuno y evitar complicaciones mayores.




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