El infectólogo Víctor Sarabia explica los factores de riesgo, síntomas y consecuencias de esta enfermedad dolorosa que afecta principalmente a mayores de 50 años y personas con enfermedades crónicas.

El herpes zóster, conocido comúnmente como culebrilla, es una infección viral dolorosa causada por la reactivación del virus varicela zóster, el mismo que permanece latente en el organismo después de haber padecido varicela en la infancia.
Así que para hablar sobre esta enfermedad que impacta la calidad de vida de quienes la padecen, la Revista Medicina y Salud Pública conversó con el doctor Víctor Saravia, médico infectólogo y gerente senior de vacunas en adultos de GSK.
El doctor Saravia explicó: "El herpes zóster es causado por el virus de la varicela zóster. Este virus tiene una particularidad, tiene dos fases de enfermedad: La primera fase es la varicela, la que todos conocemos, y luego una fase 2, que es la reactivación del virus, ya que este no desaparece de nuestro organismo".
Ahora bien, ¿cómo ocurre esa reactivación? "Una vez hace el primer episodio de varicela, nuestro sistema inmunológico lo controla y se pone en forma latente o dormida a nivel de las raíces nerviosas de nuestra médula espinal y allí espera cualquier oportunidad o brecha en nuestro sistema inmunológico para reactivarse", precisó.
El proceso, al parecer está relacionado con el envejecimiento del sistema inmune. "Cuando nosotros avanzamos en edad, nuestro sistema inmunológico envejece al igual que nosotros. Ese fenómeno se acentúa después de los 50 años y se llama inmunosenescencia", señaló el doctor.
Aclaró que "esto no es que nos haga inmunosuprimidos, sino que nuestro sistema inmunológico va perdiendo la capacidad de protegernos efectivamente".
Asimismo, mencionó que "hay otras condiciones como enfermedades crónicas, como puede ser la hipertensión, la diabetes, enfermedades renales, enfermedades pulmonares e incluso enfermedades que afecten directamente al sistema inmunológico que hacen que este virus se pueda reactivar".
Al consultarle sobre el perfil de los pacientes más vulnerables, el infectólogo identificó múltiples factores. "Hay distintos factores de riesgo. El principal es la edad. Personas mayores de 50 años en donde se está dando este fenómeno de inmunosenescencia es de los principales".
Agregó que "luego vienen pacientes con alguna enfermedad crónica. Por lo regular después de los 60 años se dice que hay un porcentaje alto, aproximadamente un 60% de las personas que tienen al menos una enfermedad crónica".
El especialista también mencionó a las personas con compromiso del sistema inmunológico. "Allí entran las personas que viven con VIH, las personas que tienen alguna enfermedad como el cáncer, que están recibiendo medicamentos que puedan inmunosuprimir o disminuir la capacidad del sistema inmunológico, e incluso se incluyen enfermedades reumatológicas, artritis reumatoidea, lupus eritematoso sistémico".
De igual forma, señaló que "la salud mental, aunque no parezca, es un factor importante que causa esa disminución de la capacidad del sistema inmunológico de proteger".
El cuadro clínico tiene una evolución característica. "Esta enfermedad tiene un periodo que llamamos prodrómico de inicio, en el cual la persona puede sentir algo de malestar general, y en el área donde se va a afectar comienza con picazón. Luego, esta picazón se convierte en una sensación dolorosa de ardor, de electricidad, de pinchazos, y comienzan a aparecer estas vesículas que están llenas de un líquido transparente", explicó el infectólogo.
La intensidad del dolor es notable, añadió que "el nivel del dolor es importante, porque estamos hablando que en la fase aguda se compara incluso con el dolor del parto, y en la fase crónica asemeja a la fibromialgia".
En cuanto al diagnóstico diferencial con el herpes simple, el especialista fue claro. "A veces las personas tienden a confundir el herpes simple con el herpes zóster. Si bien son hermanos, porque el virus de la varicela zóster pertenece a ese grupo de lo que llamamos virus tipo herpes, las manifestaciones son diferentes".
Explicó que "el herpes simple afecta principalmente boca y genitales", mientras que el herpes zóster "afecta principalmente áreas como el tórax, la cara, miembros inferiores, y los afecta en forma de banda, porque el virus se reactiva en el trayecto nervioso sensitivo que viene de la médula espinal".
En cuanto a las estrategias preventivas, el doctor enfatizó un enfoque integral. "Cuando hablamos de prevención, el concepto es que nuestro sistema inmunológico esté lo suficientemente adecuado para protegernos contra el virus, entonces lo primero es llevar una vida saludable. Una alimentación adecuada, hacer ejercicio, acudir al médico si tenemos enfermedades crónicas".
Destacó además que "también es importante la vacunación. La vacunación es una herramienta que permite activar ese sistema inmunológico, prepararlo en caso de que el virus quiera reactivarse para que pueda contener la infección y que no aparezca".
Sobre el tratamiento, explicó que "el tratamiento debería iniciarse en las primeras 72 horas una vez se inician los síntomas. Esto quiere decir que en ese periodo es una ventana en la cual utilizamos antivirales que lo que van a permitir, no van a eliminar el virus, pero permiten que la progresión de la enfermedad sea mucho más leve y sea mucho más rápida. Y no se generen complicaciones".
Advirtió que "si el tratamiento se inicia posterior a las 72 horas, no va a tener ningún efecto de estas posibles complicaciones que se pueden presentar".
Para cerrar, el doctor Saravia aseguró: "Lo ideal es que las personas que tienen enfermedades crónicas acudan regularmente al médico, y, una forma de prevenirla, es llevando una vida sana con controles, alimentación, ejercicio y adicionalmente la vacunación".