Una mujer de Kansas que contrajo el virus en 2010 y debió reaprender a caminar compartió su testimonio en medio de la alarma global desatada por el brote de la cepa Andes en el crucero MV Hondius, que ya dejó algunos fallecidos.

Jennifer Benewiat tenía por delante una Navidad en familia. Viajó a casa de su padre, cargó el auto de vuelta a Wichita, Kansas, y cuando cruzó la puerta de su hogar, se derrumbó. Lo que parecía un agotamiento extremo se convirtió en una batalla de meses contra uno de los virus que existen: el hantavirus pulmonar. Dieciséis años después, su historia resuena con urgencia renovada.
Al llegar a casa, Benewiat comenzó a experimentar fiebre alta, vómitos, náuseas y calambres musculares severos. Acudió a su médico, quien agotó prácticamente todos los exámenes disponibles. El único que no se realizó fue una radiografía de pulmón, que habría revelado que sus pulmones ya se estaban llenando de líquido.
El diagnóstico tardío casi le cuesta la vida. Fue conectada a un ventilador mecánico. Su corazón se detuvo tres veces. Tuvo que reaprender funciones básicas del movimiento desde cero.
"Reaprendí todo. Mis funciones motoras volvieron por completo, así que estoy bastante bien", dijo la sobreviviente al ser entrevistada en televisión estadounidense junto al médico y analista Mark Siegel. Hoy, sin embargo, convive con secuelas: debilidad muscular cotidiana, entumecimiento y hormigueo en las extremidades.
Las autoridades sanitarias de su ciudad investigaron tanto su lugar de trabajo como su hogar sin encontrar una fuente clara de contagio. La hipótesis más probable es que lo contrajo en una granja de árboles de Navidad en las afueras de la ciudad, un entorno rural propicio para el contacto con roedores portadores del virus.
Consultada sobre el miedo que genera el hantavirus en un mundo que aún recuerda la pandemia, Benavita fue directa: "Entiendo completamente por qué la gente tiene miedo. Pero este virus es tan poco común que no se propaga de la misma manera que el COVID. No creo que la gente deba estar tan preocupada."
El doctor Siegel reforzó ese mensaje: el hantavirus no ha mutado de manera significativa, sigue siendo una enfermedad principalmente asociada a roedores y la transmisión entre humanos es extremadamente rara.
El relato de Benewiat cobra dimensión global cuando se lo contrasta con lo ocurrido en las últimas semanas a bordo del crucero MV Hondius, un barco de expediciones que partió desde Argentina y se convirtió en el epicentro de un brote sin precedentes.
Al menos tres personas fallecieron y se confirmaron casos positivos del virus Andes, la única especie conocida de hantavirus capaz de transmitirse de persona a persona, aunque de manera extremadamente rara.
La cepa de los Andes presenta una tasa de letalidad de hasta el 40% entre quienes desarrollan el síndrome pulmonar por hantavirus, y sus síntomas iniciales son inespecíficos y similares a los de la gripe, lo que dificulta su detección temprana. Exactamente lo que vivió Benavita: una fiebre que parecía pasajera y unos pulmones que se llenaban de líquido en silencio.
La Organización Mundial de la Salud mantiene en once el número de casos positivos vinculados al brote, con tres fallecidos, y advierte de que podrían registrarse nuevos contagios en las próximas semanas debido al periodo de incubación del virus.
El Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades confirmó que los análisis genéticos del hantavirus del crucero apuntan a que se trata de la variante Andes ya conocida, y no de una nueva cepa, por lo que no hay evidencia de que sea más dañina.
Hay un detalle que une el caso de Benewiat con el brote del Hondius de manera casi simbólica: el centro médico de referencia. Los pasajeros estadounidenses del crucero, incluido al menos uno que dio positivo, fueron trasladados a Nebraska para ser evaluados en una unidad de cuarentena altamente especializada. Es el mismo centro que el doctor Siegel citó al comentar el caso de Benewiat como referencia nacional en el manejo de enfermedades infecciosas de alta complejidad.
La superviviente de Kansas y los expertos coinciden en el mensaje central: el hantavirus es grave, pero no es el COVID-19. La comunidad sanitaria mundial tiene experiencia con el hantavirus y su cepa Andes, no es un virus nuevo y no se propaga como la covid-19, razón por la cual los funcionarios de salud no están tan preocupados por su riesgo para el público en general.
Benewiat lo sabe mejor que nadie. Sobrevivió cuando el corazón le falló tres veces. Hoy es madre. Y su historia, lejos de alarmar, ofrece algo que los datos estadísticos difícilmente transmiten: la certeza de que, con diagnóstico oportuno y atención adecuada, incluso los casos más severos tienen salida.