Aunque afecta a entre el 10% y el 30% de las mujeres en edad reproductiva —e incluso podría presentarse en hasta la mitad de ellas—, el sangrado menstrual abundante sigue infradiagnosticado, limita la calidad de vida y puede ser la primera señal de enfermedades ginecológicas o trastornos de la sangre.

El sangrado menstrual abundante ha sido considerado durante décadas una parte "normal" de la menstruación para muchas mujeres. Sin embargo, especialistas advierten que cuando el volumen del sangrado altera la calidad de vida, se trata de una condición médica que requiere evaluación, ya que puede ser el síntoma de enfermedades subyacentes y ocasionar complicaciones como deficiencia de hierro y anemia.
Diversos estudios realizados en diferentes países estiman que entre el 10% y el 30% de las mujeres en edad reproductiva experimentan sangrado menstrual abundante. Sin embargo, debido al subregistro y a la dificultad para reconocer qué constituye un sangrado anormal, algunos investigadores consideran que la cifra podría alcanzar hasta el 50%.
Según los especialistas, no existe una forma sencilla para que las pacientes cuantifiquen la cantidad de sangre perdida durante la menstruación. Aunque desde el punto de vista clínico se considera abundante una pérdida superior a 80 mililitros por ciclo, la presencia de coágulos grandes o menstruaciones que duran más de siete días, en la práctica el diagnóstico también depende de cuánto afecta la vida diaria de la persona.
Muchas mujeres normalizan síntomas como empapar repetidamente productos menstruales, manchar la ropa o las sábanas, o experimentar dolor intenso, por lo que pueden pasar años antes de recibir un diagnóstico adecuado.
Los especialistas enfatizan que el sangrado menstrual abundante no constituye una enfermedad por sí mismo, sino un síntoma que puede estar asociado a diferentes condiciones médicas.
Entre ellas se encuentran los pólipos uterinos, los miomas, algunos tipos de cáncer, trastornos de la coagulación, alteraciones de la ovulación, la endometriosis y la adenomiosis. También puede presentarse con mayor frecuencia al inicio de la menstruación durante la adolescencia y en la transición hacia la menopausia debido a los cambios hormonales.
A pesar de que estas enfermedades han sido ampliamente estudiadas, los investigadores reconocen que todavía se desconoce con precisión por qué producen un aumento tan importante del sangrado menstrual.
Cuando el sangrado abundante no recibe tratamiento, una de sus complicaciones más frecuentes es la deficiencia de hierro.
Los expertos estiman que más del 40% de las mujeres con sangrado menstrual abundante presentan también déficit de este mineral, indispensable para el funcionamiento de los músculos, el sistema inmunológico, la piel, el cabello y la producción de glóbulos rojos.
Entre los síntomas asociados figuran la fatiga, dificultad para concentrarse, mareos, sensación constante de frío, caída del cabello, aparición fácil de hematomas y falta de aire.
Si la deficiencia de hierro progresa, puede desarrollarse anemia, una condición que en los casos más graves puede requerir transfusiones de sangre.
Las investigaciones muestran que las consecuencias del sangrado menstrual abundante afectan la educación, el trabajo, la salud mental y la vida social.
En el Reino Unido, por ejemplo, adolescentes con esta condición faltan en promedio hasta nueve días de clases al año.
Durante la vida laboral, muchas mujeres deben reorganizar sus actividades en función del ciclo menstrual, interrumpir jornadas de trabajo o perder oportunidades profesionales debido al dolor y al sangrado.
Además, estudios cualitativos han documentado que algunas pacientes experimentan ansiedad, depresión e incluso pensamientos suicidas relacionados con el impacto persistente de esta condición sobre su calidad de vida.
El tratamiento depende de la causa que origine el sangrado.
En algunos casos pueden utilizarse antiinflamatorios no esteroideos, anticonceptivos hormonales o dispositivos intrauterinos hormonales para reducir la pérdida de sangre. También existen medicamentos no hormonales, como el ácido tranexámico, aunque estos ayudan a controlar el sangrado sin corregir la enfermedad subyacente.
Cuando estas alternativas no son suficientes o existen patologías como grandes miomas uterinos, algunas pacientes requieren procedimientos quirúrgicos, incluida la histerectomía, una de las intervenciones más frecuentes en mujeres con sangrado menstrual abundante.
Especialistas consideran que la investigación sobre esta condición ha quedado rezagada durante décadas.
Como respuesta, el programa internacional The Missed Vital Sign, financiado por Wellcome Leap, reunirá durante los próximos tres años a un equipo de investigadores con el objetivo de reducir el tiempo promedio de diagnóstico y tratamiento del sangrado menstrual abundante de cinco años a cinco meses.
Entre las iniciativas se encuentran el desarrollo de biomarcadores en el flujo menstrual, sensores inteligentes incorporados en productos menstruales y herramientas basadas en teléfonos inteligentes y dispositivos portátiles que permitan detectar tempranamente el riesgo de deficiencia de hierro.
Los investigadores sostienen que reconocer el sangrado menstrual abundante como un signo vital de la salud permitirá detectar enfermedades antes, mejorar el acceso al tratamiento y reducir el impacto que esta condición tiene sobre millones de mujeres y personas menstruantes en todo el mundo.