Especialista advierte que los estándares actuales de tratamiento exigen ir mucho más allá del control de síntomas. La remisión endoscópica, histológica, son los nuevos pilares de una atención médica que busca devolver a los pacientes una vida plena.

Las enfermedades inflamatorias del intestino, entre las que se encuentran la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, son condiciones crónicas que, por su naturaleza, acompañan al paciente de por vida. Para el doctor Ahmed Morales, gastroenterólogo que conversó con la revista Medicina y Salud Pública, esta realidad no implica resignación, sino todo lo contrario: obliga al médico y al sistema de salud a elevar el listón de los objetivos clínicos.
“Sabemos que son enfermedades crónicas, que son para toda la vida. La importancia de no solamente tener tratamientos adecuados para obtener mejor calidad de vida y mejor eficacia a nivel de todos los parámetros que queremos, tanto clínicos como endoscópicos y patológicos también”, señaló el especialista.
En ese sentido, el galeno subrayó que la medicina moderna ya no puede conformarse con que un paciente reporte ausencia de síntomas como diarrea, dolor abdominal o sangrado. Esos indicadores, aunque relevantes, representan solo una parte de la evaluación integral que hoy exige el manejo de estas patologías.
“Ya simplemente no nos podemos conformar con que simplemente el paciente nos diga que se siente bien, que ya no tiene diarrea, que no tiene dolor, que no tiene sangrado.”
Uno de los conceptos centrales que el doctor Morales destacó es el de la remisión endoscópica. Mediante la colonoscopia, los especialistas pueden confirmar —o refutar— lo que el paciente percibe subjetivamente. El tejido del colon debe lucir «perfectamente normal o lo más cercano a lo normal posible», según explicó.
Pero la evaluación no termina allí. Los marcadores inflamatorios en laboratorio —proteína C reactiva, calprotectina fecal y otros parámetros bioquímicos— constituyen una segunda dimensión de monitoreo que el especialista considera indispensable para garantizar que la actividad inflamatoria esté verdaderamente controlada.
El tercer nivel es la remisión patológica o histológica: las biopsias tomadas durante la colonoscopia deben revelar tejido completamente sano. Tal como lo explicó el médico: “Queremos que el patólogo nos describa que esas biopsias son de tejido completamente normal, que no hay evidencia de que la condición esté activa.”
Más allá de los criterios clínicos, endoscópicos e histológicos, el doctor Morales incorpora una dimensión que trasciende los parámetros médicos convencionales. La llama, con especial énfasis, «la remisión del alma y del corazón»: el punto en que el paciente ha alcanzado todos los objetivos terapéuticos y puede, finalmente, reintegrarse plenamente a su vida.
“Que estos pacientes tengan una vida completamente productiva y saludable, que vayan a sus trabajos, a la universidad, completen sus estudios y que su ausencia sea mínima. Eso les provee la mejor calidad de vida posible y la vida más cercana a una persona completamente normal, que no tenga la condición.”
Esta visión integral del tratamiento refleja un cambio de paradigma en la gastroenterología moderna: los pacientes con EII no solo merecen no sufrir, sino vivir con la misma plenitud que quienes no padecen estas condiciones.
Los avances terapéuticos de la última década —incluyendo biológicos y pequeñas moléculas— han hecho de ese objetivo una posibilidad real y alcanzable para un número creciente de personas.